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Después de la operación mediática en contra Lula


El juez Sergio Moro ultrapasó un punto sin vuelta, la Rede Globo (el mayor conglomerado de comunicación social del país) también, y lo mismo ocurre con la nueva-vieja derecha ideológica.

21 de marzo 2016, Bruno Lima Rocha

En este corto artículo intento hacer un acercamiento, a lectores y lectoras de habla hispana a respecto de las conversaciones privadas del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva con sus correligionarios, incluyendo la actual presidente de Brasil – Dilma Rousseff. Hay que recordar que tales conversaciones fueron difundidas por un juez de primera instancia, Sergio Moro, del estado de Paraná (sur de Brasil) y fueron puestas a público, como una especie de respuesta de Moro al nombramiento de Lula como ministro de Estado, específicamente al frente de la Casa Civil del actual gobierno.

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Antes de leer estas palabras, pido a los amigo@s recordar que quien escribe, no da apoyo del gobierno actual, es crítico de lo mismo (en función del pacto de clases, por ejemplo) y nunca militó en un partido electoral y menos tomó cargo de confianza o comisión. Es decir, pido a los lectores que no busquen ver gobiernismo, donde no hay. Como se trata de facciones políticas en disputas y proyectos políticos, en sentido estricto, no estoy vinculado a ninguna de ellos, por eso estoy bastante cómodo para desarrollar estos comentarios.

Después de escuchar las grabaciones editadas entre Lula y sus aliados, entre ellos la conversación con l presidente Dilma, me vino a la memoria un episodio similar, durante la década del '90. No quiero sonar “Pollyanna” (la niña inocente), pero entiendo que el contenido de las conversaciones está en el mismo nivel o más bajo que las abrazaderas hechas durante la subasta (remate) del Sistema Telebrás (estatal de telecomunicaciones brasileñas que fueron privatizadas en el año 1998), donde las conversaciones poco republicanas fueron capturados entre Luiz Carlos Mendonça de Barros - entonces ministro de Comunicaciones - y El entonces presidente Fernando Henrique Cardoso. 

El proceso debido terminó nulo. En 2009, Mendonça fue absuelto por la Justicia Federal de quejas de conducta indebida y gestión pública no apropiadas. Las conversaciones entre Lula, Jacques Wagner (ministro de Estado de Dilma y ex gobernador del estado de Bahia), Luiz Inácio con el presidente de la CUT Nacional (la mayor central sindical de Brasil, base del gobierno y del PT), Vagner Freitas y diálogos cortos con la propia presidente Dilma, parecían el mismo contenido. Conversaciones políticas, de temas duros, pero no crímenes de ninguna especie.

Puede parecer poco republicano, pero, de hecho, es un lugar común en un entorno como el nuestro, tratar estos temas. Lula había sido nombrado para la Casa Civil,  para salvar su carrera política, como para jugar de la manera más riesgosa posible, intentando mantener el partido de gobierno (lo suyo) - al menos - hasta el final del término de este y ahora, quien sabe, también intentando competir en la  disputa electoral presidencial del 2018.

Estamos frente a un conjunto de medidas de tipo policiacas y jurídicas, con alguna autonomía institucional relativa, que actúa casi por su cuenta y, técnicamente, intentando mantenerse dentro de la ley. La conversación entre Dilma y Lula es proporcional a los ataques entrantes. Puede ser poco republicano, pero es evidente y previsible. Lo que sorprendió a todo el mundo fue la liberación de grabaciones de Lula - todas autorizadas por la justicia - y, al parecer, en una interpretación muy flexible de la ley como norma de la ética en la política republicana. El juez Sergio Moro ultrapasó un punto sin vuelta, la Rede Globo (el mayor conglomerado de comunicación social del país) también, y lo mismo ocurre con la nueva-vieja derecha ideológica.

Definitivamente, en escala de los medios, y sin la participación de las fuerzas armadas o de un poder moderador intervencionista de tipo militar, el momento recuerda a 1954 (cuando el entonces presidente electo y ex dictador Getúlio Vargas se suicida para no caer) en todos los aspectos. Si Lula se retira, pone fin a su carrera política y el gobierno federal. Al mantenerse en su posición defensiva dejando el proceso político, andar hasta el límite de la legalidad, el gobierno puede sobrevivir e incluso reanimarse en 2018. Tanto puede dejar ir para la cárcel, cómo puede terminar todo en el proceso de destitución, así como - en menor medida - llegar a ser elegido o indicar quién lo hará después de Dilma, alcanzando algún éxito en 2018. El entorno es totalmente abierto, y el proyecto de la alianza de clases y la alianza entre capital-trabajo que tanto animó a Lula y a su partido, sin duda fue a la tumba.

 

Algo sobre la nueva-vieja derecha

 En cuanto a la posición de los que están en la calle como derechistas y moralistas, hay que observar algunos aspectos: o la derecha de pie en la calle que aumenta los niveles de protesta, con la realización de actos de violencia y "vandalismo" (al menos en frente del Palacio Presidencial), intensificando un cierto grado de conflicto también en la capital de Sao Paulo y su área metropolitana, tratando de  generar una conmoción de irracionalidad y  sentido de "justicia" que tanto les gustan pronunciar. Esto es lo que hace la derecha venezolana escuálida, las protestas violentas llaman allí de Guarimba, y aquí de "vandalismo". Todavía no hay guarimba en Brasil, todavía.

En cuanto a la posición de la antigua centro-izquierda, que todavía está en la base del gobierno y bastante acorralado, el camino también es estrecho. A la ejemplo de las entidades de base de la Frente Brasil Popular, Pueblo Sin Miedo y otros grupos de los sectores sociales dentro del paraguas del gobierno, carecen de una plataforma de demandas que tiene posibilidad de convencimiento. Sinceramente, no veo la capacidad de aquellos que no están en las alas pro-gobierno, a menos que por algún milagro y el pensamiento mágico, como propuesto por el presidente nacional de la CUT, Vagner Freitas, se ocurre un claro desplazamiento a la izquierda procedente del Palacio del Planalto (sede del gobierno federal).

La izquierda restante debe quedarse muy cuidadosa, para no hacer coro con la nueva-vieja derecha, sin que se refuerce la propuesta del gobierno. Después de más de 13 años de infinitas traiciones, es casi imposible creer en cualquier tipo de "giro a la izquierda", a menos que exista alguna poco probable revira vuelta en la dirección de los movimientos de la Vía Campesina y relacionados.

Por desgracia, la derecha ideológica se mueve muy bien en base del artificio de la desinformación y de las maniobras de los medios de comunicación. El pacto de clases y las prácticas traidoras y amarillistas que distancian cada vez más la auténtica lucha popular.

Ahora que el Congreso instauró el proceso de impedimento – aunque el mismo tarde y demore bastante - la única salida para el PT, Dilma, Lula y su gobierno es obtener 171 votos más uno y mantenerse en el Poder Ejecutivo a cualquier precio. Para esto, es posible que tengan que negociar temas de fondo, como derechos indígenas o de comunidades tradicionales africanas (tipo palenqueras), por ejemplo. O sea, habrá ataques contra derechos colectivos de todos lados. Por la izquierda, el camino es largo, frente a la derecha ideológica, y también en la pelea ideológica para no ser identificado con un gobierno que ofreció de todo, a los grupos  económicos y no ha podido mantener una alianza de tipo pacto de clases. Está abierta la cancha para la derecha más conservadora en Brasil, infelizmente. 

Bruno Lima Rocha es profesor de ciencia política y de relaciones internacionales www.estrategiaeanalise.com.brblimarocha@gmail.com

Júlia Klein es periodista juliaklek@gmail.com






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