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El rostro de la nueva-vieja derecha brasileña (parte 2)


El vice presidente interino Michel Temer y aliados

3 de julio, Bruno Lima Rocha

En este segundo artículo de la serie, sigo intentando analizar la nueva derecha brasileña, la que emergió ante el grande público,  después del golpe con nombre de impedimento en Brasil. El objetivo de este y de los textos afines, es intentar identificar el origen contemporáneo de este giro reaccionario, en el sentido común brasileño y sus similitudes con el conservadurismo de los EEUU, y, por consecuencia, la transferencia del léxico y de las identidades políticas, gestadas en el interior del sistema político del Imperio. Entiendo que, si identificáramos los focos nacionales e internacionales del pensamiento conservador, reaccionario, ultra liberal y con lazos neofascistas, estaremos aptos a intentar comprender, lo que vengo afirmando como “herencia de la  línea chilena”, teniendo en cuenta el crecimiento en Brasil.

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El ascenso del reaccionarismo en los últimos diez años: la alianza entre los neo pentecostales y la extrema derecha militar y policial

Brasil vive un momento de alza de las ideas conservadoras, la mayor parte de estas transitando por el ultra liberalismo, pudiendo ser analizada esta línea como equivalente a las de la derecha del Partido Republicano (o sea, la extrema derecha de corte neoliberal) y cercanas con el pensamiento conservador, o del pacto neoconservador. Este gana volumen en los EEUU a partir de la victoria de Richard Nixon en 1968, reforzada con la Doctrina Reagan y la desregulación financiera – empezada en 1973 y después, en los años ’80 del siglo XX – y por fin, ganando dimensiones absurdas, durante el primer mandato del gobierno demócrata de Bill Clinton (1993-2000).

La nueva derecha republicana, ya constaba en la convención de este partido cuando George H. W. Bush (Bush padre) era considerado, para la constelación política conservadora del periodo, como el menos mentecato de los pre-candidatos de la burbuja conservadora para Casa Blanca. De la carrera electoral en el Imperio, en 1992, pasando por la farsa en la reelección de Bush Jr. En 2004, hasta la nueva onda de golpes blancos en América Latina,  tenemos cómo identificar la transferencia de la identidad política estadunidense para nuestro país.

En Brasil, somos manipulados por la combinación de los neoconservadores en el comportamiento – una especie de reacción contra la acción afirmativa y los derechos de reconocimiento – y con el primado del capital financiero y la cruzada de los neoliberales, contra el pacto keynesiano que alcanza Brasil durante el lulismo. Esta suma, bastante explosiva, ha generado que la clase media brasileña, y en su clase media alta, un bastión movilizado a través de las redes sociales y que puede tener o no algún contacto, con el fascismo brasileño en la versión contemporánea.

Es cómo si fuera un juego con rondas simultáneas, donde los reaccionarios en el comportamiento, suman viudas de la dictadura militar brasileña (que ha durado de 1964 a 1985) y por veces se encuentran en las pautas programáticas de inspiración totalitaria y obscurantista, como la fascistizante propuesta de  “escuela sin partido” (una campaña política en Brasil que intenta impedir el pensamiento crítico en las materias de humanidades de nivel mediano o universitario), o campaña contra las doctrinas socializantes aplicadas – según ellos – en los aparatos ideológicos de reproducción, como escuelas o el ala progresista de iglesias cristianas.

Por veces los ultra liberales, domestican las “fieras” medievales brasileñas (como los defensores de la pena capital o periodistas que son voceros oficiosos de la violencia policial), y  en otras, de forma autónoma, operan como “caballo de batalla”, donde la agenda neoliberal desmonte las capacidades de intervención estatal en la economía capitalista y en la regulación del agente económico por sobre la vida cotidiana.

Podemos identificar los movimientos ultra liberales como las empresas de marketing digital, a ejemplo de la empresa líder, el Movimiento Brasil Libre (MBL,  mbl.org.br). Tales instituciones privadas responden al agendamiento de la Fundación Koch (charleskochfoundation.org) y de la Red Atlas (atlasnetwork.org) y demandan un texto específico, aún en esta serie. Ya en cuanto al neofascismo brasileño, y las manifestaciones públicas de su líder caricato muy peligroso, el diputado federal por el estado de Rio de Janeiro Jair Bolsonaro (el ex capitán de Ejército y parlamentar por Partido Social Cristiano, PSC) y su alianza con las estructuras del pastor Everaldo (líder de unas ramas de la Asamblea de Dios y excandidato a presidente del país en 2014) y el diputado federal por el estado de São Paulo Marco Feliciano (también del PSC, que comanda una matriz autónoma y dueño de la red de la fe, el Ministerio Tiempo de Avivamiento).

Estos dos operadores político-religiosos de matriz económico (en el mercado de la explotación de la fe) se aproximan, afirmo, peligrosamente, con un programa ultra liberal (vinculando su programa al del Tea Party de EEUU), con las viudas y viudos de la dictadura (defensores del régimen dictatorial) – teniendo la bandera del reconocimiento de los torturadores y represores como “héroes nacionales” – y un culto al revanchismo de la línea dura delante de la transición negociada comandada por los generales Ernesto Geisel y Golbery do Couto y Silva.

Aún más obscena es su liderazgo ideológico, con el aún más caricato y lunático astrólogo Olavo de Carvalho. Este plegador virtual, mescla un libelo en defensa de la “civilización judía cristiana” para fortalecer ambas posturas arriba narradas – neo pentecostal y de extrema derecha policial militar. La plegaria  anti-izquierda y anti-latinoamericana  del “profesor” Olavo de Carvalho, produciendo demencias por internet a partir del estado de la Virgínia (EEUU), sorprendentemente trae consigo centenares de miles de seguidores. Olavo es en sí aún la síntesis de esta peligrosa caricatura de la nueva derecha brasileña, y su plegaria de “escuela sin partido”, donde afirma que la doctrina se diluye en el comportamiento predicado en clase al punto de siquiera ser explicitada.

O sea, si la acusación tiene valides, entonces el comportamiento orientado por la técnica a servicio del mundo del trabajo, controlado por el capital, es la única válida. El fascismo social existente en estas afirmaciones está en la moral conservadora, en la negación del otro (ausencia de alteridad), en la afirmación de la norma “occidental” (judaico-cristiana, capitalista, conservador, hetero normativa) como valor único y en la disposición para generar el caos para que de este surja un nuevo sentido de orden.

Una consecuencia tangible del vigor de las viudas de la línea dura

Es este tipo de demencia, retroalimentada por los programas policiales  y editoriales reaccionarios de la  Televisión abierta – comandados “periodistas” sensacionalista como José Luiz Datena (Rede Bandeirantes), Raquel Sherazade (SBT) y Marcelo Rezende (Rede Record) – acaba por haber dos efectos políticos simultáneos. Uno apunta para la reducción de la mayoridad penal y una defensa de la violencia estatal, sin cuestionar el quebrado y corrupto aparato policial brasileño. Otra evidencia del fascismo nacional fue vista de forma escandalosa en la defensa de la intervención militar o la vuelta de la dictadura.

Tales defensores de la dictadura, afirman que todo el pensamiento de izquierda – aún lo de centro-izquierda -, en último análisis, no sería compatible con la democracia parlamentaria y estaría todo el tiempo promoviendo la lucha ideológica para controlar instituciones reproductoras de los aparatos céntricos – como escuelas y universidades – y así aplicar una visión de mundo centrada en la lucha social y en el colectivismo. La derecha considera eso una especie de “*totalitarismo” y llega a aceptar la posibilidad, de que en la ausencia de orden público, tengamos una intervención militar (el texto constitucional, en su artículo 142, tiene realmente alguna lectura pasible de controversia).

En este sentido, al negar la posibilidad de que cualquier pensamiento de izquierda, pueda convivir en democracia parlamentaria y en la competencia por el poder del Estado burgués, hay similitud en el análisis de los ultra liberales y de la extrema derecha policial y militar. De ahí vendría a la convergencia de estas dos formas de pensamiento en la defensa de la supuesta “escuela sin partido” y de los absurdos como la “enseñanza neutra de las ciencias humanas y sociales”. Si observáramos los movimientos  de los seguidores de Bolsonaro en los campus de las universidades, estos afirman que “la universidad no es un espacio para luchar, pero solamente para estudiar”. Repiten de forma bastante concreta uno de los lemas de la dictadura, “estudiante estudia y trabajador trabaja”, aplicando una fórmula de obediencia social cuya única forma de movilidad sería a través de la acumulación de capital o en la selección “por mérito”.

Aunque observando que no hay ninguna capacidad de ejecución de golpe por parte de las Fuerzas Armadas, no hay nada ni cerca de la supuesta intervención militar constitucional, hay un punto de convergencia. El gobierno “interino” – en mi entender, golpista – trajo lo retorno de las milites GSI (Gabinete de Seguridad Institucional, como Casa Militar de la  Presidencia) y su mando a cargo del general de ejército (de la activa, cuatro estrellas) Sérgio Westphalen Etchegoyen.

Esta medida, además de apuntar un enlace del presidente golpista Michel  Temer, con el ala más reaccionario de la Fuerza Terrestre activa, sería una especie de acierto de cuentas con la Comisión de la Verdad. Esta fuera una tímida comisión a respecto de los crímenes de la dictadura y cuyo informe final fue bastante criticado por militantes históricos de los derechos humanos. Aun así, al mencionar el nombre del general Leo Guedes Etchegoyen (padre del general Sérgio Etchegoyen) cómo uno de los 377 agentes del Estado directamente responsables por crímenes contra los derechos humanos, esto ha abierto la puerta el grito de “revanchismo” por su hijo, general de la activa que ocupaba desde marzo de 2015, el importante cargo de jefe del Estado-Mayor del Ejército.

Al manifestarse contra la Comisión de la Verdad, aun estando en comando efectivo de tropas, el general Etchegoyen, abrió un peligroso expediente. Su indicación para el cargo de ministro-jefe del Gabinete de Seguridad Institucional, termina sonando como una refuerzo para los que apoyan  a la dictadura (viudas del régimen castrense), aproximando-los de los militares de la reserva, que tienen discurso de mácula en relación al periodo post-Amnistía en Brasil. O sea, por las vías más brutas combinadas con efectos mediáticos y religiosos, la vieja derecha gana ropa nueva y avanza al imaginario de la sociedad brasileña, como uno de los ejes del gobierno golpista de Michel Temer.






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