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La Nueva y vieja derecha en Brasil


Aún no hay una vinculación directa de todos estos plegadores, con las propuestas neoconservadoras de la extrema derecha, pero sí de la línea neoconservadora y de la llamada de la Teología de la Prosperidad.

26 de junio 2016, Bruno Lima Rocha

En este primero artículo de la serie de la nueva-derecha, desarrollo la idea, de cómo el censo común fue siendo colonizado por ideas reaccionarias, que terminan siendo un modo reactivar las tímida políticas, de reconocimiento promovidas por el gobierno temporalmente alejado y el pacto *lulista iniciado en 2003. El rastro de este reaccionarismo social y de penetración  en la cultura y en la religión, es un espectáculo dantescos de misoginia, de homofobia y uno rechazo “medieval” a los avances obtenidos dentro de la Constitución Federal de 1988.

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Insisto en la tesis de línea chilena, al menos hasta 1981, cuando la  picana y las máquinas de moler carne humana de las fuerzas represivas de Augusto Pinochet y la CIA.  Eran complementadas por el asqueroso precepto de Chicago Boys, doctores y maestros en economía, en la Universidad de Chicago, para donde fueron a las decenas de estudiantes, por dos décadas  pago por becas, venidas de instituciones del Imperio.

 

No son solo viudas de la dictadura, son viudos de la línea duda, aliados a los neopentecostales.

Vamos por partes y siguiendo la verdad de los hechos. Entiendo que es preciso rescatar la figura de Dilma Vana Rousseff, guerrillera, y de la mandataria alejada. La presidenta Dilma Rousseff fue capturada como presa política y bárbaramente torturada. Eso aconteció.  El crimen de tortura no acostumbra prescribir, en ningún derecho en el mundo, en el derecho internacional está previsto como crimen de guerra, pero en Brasil la tortura a los opositores del régimen dictatorial hube prescrito como acuerdo (algo absurdo para mí) de salida del régimen de excepción.

Es importante resaltar que esta opción de seguir los “vasos comunicantes” de Golbery do Couto e Silva (brillante general de la dictadura que fue el cerebro del sistema de inteligencia, así como de la transición y apertura política) fue elección de la entonces centro-izquierda y oposición liberal hegemónica a finales de la década de ’70.

Los gobiernos de los generales Ernesto Geisel (1974-1979) y João Baptista Figueiredo (1979-1985) derrotaron políticamente la línea dura (identificada por el brazo represivo del DOI-CODI, el arma clandestino de combate a la oposición política y la insurgencia) en la interna del régimen, proceso cuyo auge fue la tentativa de golpe del general Sylvio Flota - en octubre de 1977 – y en la secuencia con el llamado terror derechista en el país. La acción de “viudas” de la dictadura, como el diputado federal Jair Bolsonaro (PSC-RJ, capitán de infantería paracaidista) – aunque su generación sea post dictadura – manipulan los designios del periodo de la Guerra Fría y de forma calumniosa asocian todas las izquierdas a los gobiernos de tipo estalinista, como en la antigua URSS, o en la versión china del maoísmo hasta 1971.

El problema societario está en la capacidad de masificación de esta postura – existe, no sería mayoritaria, pero tolerada, y haciendo muy confusión - y los enfrentamientos inevitables de ahí advenidos. El problema estructural, está en la llamada basura autoritaria, principalmente en las instituciones brasileñas de policía  (de base estadual, o provincial), y en lo alto índice de violencia estatal practicado en el país. Luego, el discurso reaccionario puede callar a fondo, en la población sin protección social, desesperada por algún grado de seguridad pública (defensa de la vida y del patrimonio) y muchas de estas personas manipuladas por los *mercaderes de la fe ajena, como los pastores neopentecostales, como los líderes Edir Macedo (Iglesia Universal), Silas Malafaia (Asamblea de Dios), RR Suenes (Iglesia Internacional de la Gracia de Dios), Valdomiro Santiago (Iglesia Mundial) y otros concurrentes.

Aún no hay una vinculación directa de todos estos plegadores, con las propuestas neoconservadoras de la extrema derecha, pero sí de la línea neoconservadora y de la llamada de la Teología de la Prosperidad. Luego, hay una vinculación, aún indirecta, entre la postura neoliberal radicalizada y la defensa de una especie de democracia limitada por los agentes de mercado; y muy presionada por la derecha religiosa.

 

La línea chilena en Brasil puede concretizarse con Jair Bolsonaro para presidente en 2018

Lo que tenemos en Brasil, son los efectos de décadas sembrando el patrón del neoliberalismo y también una histeria frenética y energúmena contra la representación del pacto de clases del lulismo. El ex-presidente propuso un juego del tipo gana-gana, donde el empresariado ganaba con apoyo del Estado y el crecimiento económico haría la redistribución a través del aumento del empleo y de la renta. Acontece que no hubo, una tentativa de distribución de poder, lo que vendría a través del cambio de las reglas electorales – al menos la tentativa de este cambio – y la creación de un nuevo sector social movilizado a través de los beneficiarios de estas políticas.

Así, la mayoría puede estar más asistiendo la crisis política,  lo que aumenta la penetración de la falacia de los gestores neoliberales, de la mentira estructurante de la “eficiencia del capital privado sobre el Estado” o cualesquier otras estupideces de legitimación. Como este conjunto de ideas,  de forma mayor o aún medio tímida, son la hegemonía de las líneas editoriales de los conglomerados mediáticos, terminan por indicar para la población el camino mentiroso como válido. El elogio al individuo, son parte  del individualismo que atraviesan las relaciones sociales, y encuentra terreno fértil junto de la demencia colectiva conservadora que circula por internet.

El otro factor importante es el prejuicio al otro, para la diversidad, para las ideas igualitarias, en la defensa de las poblaciones originarias y quilombolas (palenqueras), terminan ganando un sentido más amplio, de aquellos que acusan servidores públicos de “vivir de las tetas del Estado”, parásitos sociales, u otros términos ofensivos.  Es este conjunto de ideas *retrógradas que está ganando una vertiente de línea chilena, y que puede representar la candidatura de Jair Bolsonaro. Lo que puede lo impedir para  ser candidato es el riesgo de la pérdida de la inmunidad, pues hay un riesgo real de Bolsonaro, recibir una infinidad de procesos, hasta en función de sus discursos.

La declaración de voto del ex-capitán de infantería paracaidista, homenajeando al reconocido torturador, Carlos Alberto Brillante Ustra (1932-2015, coronel del Ejército Brasileño, y ex-comandante del II DOI-CODI, de São Paulo), es una demostración de cuanto la lengua herida y fascista del diputado necesita de inmunidad parlamentario para seguir haciendo su propaganda de extrema-derecha.

Tal vez la estrategia a largo plazo de Bolsonaro, sea “crecer” en credibilidad, ya que el  electorado cautivo en el estado del Rio de Janeiro, y operar como gancho electoral de quien él apoye como concurrente presidencial. Aun no siendo candidato, logre unir su imagen a algún candidato, pueden recibir estos 8% de votos, 10% tal vez y bastando organizar diez por ciento de sus electores como recursos movilizados y tendremos una masificación del neofascismo en Brasil. 

 

Las bancadas de representación transversal en el Congreso y el lobby reaccionario en el Parlamento

Sin querer hacer alarmismo, Brasil ha visto y observado en la Cámara de los Diputados el voto de 367 parlamentarios, siendo que de estos, al menos 298 tienen algún tipo de acto pendiente con la Justicia o como mínimo algún tipo de proceso o juicio en andamiento. Es un número muy elevado, pero es el patrón brasileño. Si tomáramos las bancadas conservadoras por interés directo, como la del Ganado (el latifundio y el agro negocio), de la Biblia (de los pastores neopentecostales y pentecostales más agresivos), de la Bala (de los que defienden el no respecto a los derechos humanos en la acción del Estado contra la delincuencia) y aún del Balón (de los dirigentes corruptos y las estructuras de poder del fútbol brasileño), tendremos la mayor representación política brasileña.

Atraviesa el sentido de creencias de la religiosidad, a través de instituciones conservadoras estas bancadas por interés, siendo que las “iglesias” aquí ya citadas defienden y propaga el comportamiento conservador, el elogio para las iniciativas individuales y todo basado en la llamada Teología de la Prosperidad. El volumen de la adhesión de la pobreza brasileña, a estas empresas religiosas es enorme, y obviamente esto implica en vinculación de voto y posibilidad de alianzas afines.

En el momento en que vivimos, el poco de avance simbólico que hubo durante los gobiernos de Lula y Dilma insisto, en las tímidas políticas de reconocimiento, por ejemplo ha prendido fuego y generado la rabia de las varias alas de la derecha conservadora. Contraponer el reconocimiento de los derechos de quilombolas, pueblos originarios, además de las elecciones LGBT, derechos*reproductivos (como la legalización del aborto), derechos humanos en general, motivan el pensamiento conservador desorganizado a estar atado a través de la internet, siendo blanco de convocatoria por las empresas religiosas como las neopentecostales. Así como la movilización de la juventud derechista por las empresas start-ups como el MBL (Movimiento Brasil Libre, empresa que ha organizado la mayoría de las protestas por el golpe contra Dilma.

Es necesario demarcar que cualquier “gobernabilidad” tendrá que contar con una cuota razonable de las oligarquías brasileñas y sectores representantes del agente económico e ideológico más a la derecha. Luego, es de la posición de este analista que cualquier teoría absurda, de retomar pactos internos con quienes siquiera quieren acumular excedentes de poder en el Sistema Internacional implica en simplemente repetir los mismos errores del lulismo y no son salidas válidas.

Para generar un nuevo consenso hegemónico a la izquierda es preciso retomar el protagonismo de las luchas populares y mantener como principio sagrado de unidad la independencia de clase y el respeto a las decisiones soberanas de las bases organizadas.






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