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Una crítica por la izquierda a los militantes aún vinculados al gobierno deposto (parte 3)


Una agrupación política, partido, corriente, movimiento, coletivo, si aglutinado ideologicamente, debería – tendería al menos - ser mínimamente en consonancia con sus objetivos. Y para tal, al menos como forma de supervivencia de su propio proyecto colectivo, listar enemigos estratégicos, apuntar adversarios, acotar un campo de alianzas posible y otro deseable y crear caminos al largo de la propia caminada.

07 de julio, Bruno Lima Rocha

Este artículo se presenta como la tercera parte de la serie de las críticas a los partidos de centro - izquierda y movimientos de izquierda sociales que estaban - son - base de apoyo del partido de gobierno derrocado (Partido de los Trabajadores / PT ) y sus aliados. No tomamos como objetivo de esta crítica el “lulismo” (término creado para designar el periodo de gobierno del ex-presidente Lula) em sí, como fenómeno electoral de pacto conservador con mejorías materiales concretas, pero si los grupos organizados que dentro de este “paraguas” de la gobernabilidad coexistían pacíficamente dentro del gobierno en disputa.

Reconozco la delicadeza del tema. En este trabajo, presento conceptos operacionales, del manual de la política, y propongo debate franco. Ninguna de las palabras del artículo fue escrita en el sentido de devaluar esfuerzos, ganancias materiales concretas, mejoría de las condiciones de vida y dedicación militante. Es justo el opuesto: es para valorar la militancia y el trabajo intelectual comprometido que aquí escribo.

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Principios de la política y la acumulación de fuerzas dispersa del partido de gobierno

Antes de nada, es preciso volver al básico de la política y la analogía con las ciencias del conflicto o de la guerra. Una agrupación política, partido, corriente, movimiento, coletivo, si aglutinado ideologicamente, debería – tendería al menos - ser mínimamente en consonancia con sus objetivos. Y para tal, al menos como forma de supervivencia de su propio proyecto colectivo, listar enemigos estratégicos, apuntar adversarios, acotar un campo de alianzas posible y otro deseable y crear caminos al largo de la propia caminada. En la ausencia de este debate, los tiempos son inmersos dentro de la legalidad e institucionalidad burgués, sólo y no a pesar de estas, invertensi prioridades y medidas.

Específicamente, el proyecto mayoritario pasará por momentos de legitimidad, ascenso, discurso lavado y ahora está en jaque. Apunto aquí una crítica, veamos. Después de la caída del muro de Berlín, con el fin del socialismo real, la mayor parte de las izquierdas latino-americanas se encuentraron sin paradigmas. El mismo se da con el Partido de los Trabajadores (PT), fuerza política que se hube formado dentro de una idea de reforma radical, pero que también nació plena de legitimidad, como que la expresión política de los renacidos o nacidos movimientos sociales brasileños del final de la década de ’70.

La columna del movimiento sindical (originalmente movimiento obrero), intelectualidad a la izquierda y agentes pastorales orientados por la Teologia de la Liberación formó, junto a la presencia de corrientes de izquierda no stalinistas (o al menos, no asumida como stalinistas), formó la base de un partido de masas y con acumulación el suficiente para construir una alternativa de poder en 1989, profundizando el reconocimiento de derechos que constan en la Constitución Federal de 1988. Podemos sin exageración, marcar los momentos de disputa presidencial como representaciones de las fases del subtítulo como uno todo. Un primer periodo fue de la fundación en 1980 hasta 1989; el segundo de la derrota de Lula para Fernando Collor de Mello, después la formación de una mayoría interna, con la profundización de la relación de dirigentes y jefes políticos, siendo esta fase de 1989 hasta 2002; y la penúltima, el ejercicio de gobierno con el Poder Ejecutivo compartido, de 2003 hasta la deposición temporal (en mi entender, a través de golpe semi-parlamentarista) de la presidente reelegida Dilma Rousseff. La fase actual no tendría necesariamente iniciado a través del golpe con apodo de impeachment, pero antes, en la crisis de la plantilla de gobernabilidad, en 2013, con el desánimo de la extrema izquierda y maniobras para para masificar acciones conservadoras.

Vamos a tomar como una razonable definición de meta de largo plazo del partido de gobierno hacer del Estado brasileño un complejo conjunto de instituciones y aparatos públicos, actuando de forma pública. Así, hacer público el aparato de Estado y luchar a través de un concepto de *hegemonia difusa, también trabajando por un nuevo consenso político-cultural en la sociedade es un punto de llegada necesario para transformar las relaciones sociales en el país. Digo que, del punto de vista de la legalidad, llegamos cerca de esa meta. Si tomáramos la Constitución Federal de 1988, así como el Estatuto del Niño y del Adolescente de las Ciudades, el conjunto de leyes ambientales, y las interpretaciones de la Judicatura hasta poco tiempo atrás, teníamos, al menos parcialmente, esferas de esta contra-hegemonía dentro de importantes instituciones de Estado. La “lucha de posiciones” se justificaría así, sin llevar en cuenta el medio plazo y ignorando el facto de que los límites de la democracia formal (liberal-democrática) son más cortos en Latinoamérica del que en Europa. En 2013, antes del ascenso de las protestas masivas en escala nacional, pasando después de por su captura parcial por los grupos de media – específicamente en São Paulo, Río de Janeiro y Brasilia – había un debate bastante diminuto en el Congreso Nacional apuntando para la necesidad de una reforma política.

El item de este debate, que no fuera siquiera pautado en nivel nacional, permitía una profundización de la democracia participativa. El tema en sí vale toda una serie de artículos, pero resalto que este sería el momento debido para, en año impar y aún distante del escenario electoral, el partido de gobierno y sus aliados de centro—izquierda, no se pusieran contra las agrupaciones y partidos de izquierda y extrema-izquierda y sí comprendieran la gravedad del momento. Ora, se hay reconocimiento en los límites concretos de las instituciones liberal-democráticas en América Latina, si no había acumulación necesaria para aplicar la Nueva Matriz Económica – y de facto la tasa Selic (tasa básica de interés de la economía brasileña) vuelta a subir en la misma proporción de la caída de la popularidad de Dilma – y el consenso político-cultural estaba intacto en función del control de los medios comunicacionales de masa (debido también a ausencia de acción del PT) – sería necesario, en vez de renovar el pacto de élites, intentar profundizar la lucha por derechos colectivos, aunque pasando por encima de gobiernos municipales y de estado correligionários o alineados al Palácio del Planalto de entonces.

Ora, se hay reconocimiento en los límites concretos de las instituciones liberal-democráticas en América Latina, si no había acumulación necesaria para aplicar la Nueva Matriz Económica – y de facto la tasa Selic (tasa basica de interés brasileña) vuelta a subir en la misma proporción de la caída de la popularidad de Dilma, sería necesario, en vez de renovar el pacto de élites, intentar profundizar la lucha por derechos colectivos, aunque pasando por encima de gobiernos municipales y de estado correligionários o alineados al Palácio del Planalto de entonces. Obviamente fue hecho todo al contrario, y la reforma política siquiera fuera al plenario antes de junio de 2013. No hay, y no había en la época tampoco, plantilla de acumulación de fuerzas y continúa habiendo una subestimación ideológica de la lucha popular. En el plan académico, tesis y páginas sin fin apostando en la “estabilidad del sistema político brasileño” no resistieron a una embestida bien hecha por el gobierno, con el aval de la media hegemónica y el empujón del Imperio como de costumbre. Como se decía cuando era pensado un proyecto de poder: sin teoría no hay siquiera posibilidad, sin organización no hay como hacer a apuesta teórica y sin la base social necesaria, ninguna de las necesidades anteriores es realizable.

 

Apuntando la conclusión obvia

Como la gobernabilidad estaba basada en el pacto conservador del “Lulismo” y, como la plantilla de primarización de nuestra economía aumenta la dimensión de la dependencia de precios marcados en otros centros de poder, simplemente la base social de la reelección colapso. Ya vengo afirmando aquí el nivel conspirativo del golpe, el accionar de las derechas más ideológicas, el papel de los EUA y de los ultra-liberales. Pero, ninguno de estos factores impide la crítica en cuanto a la ausencia de proyecto de poder una vez conquistada, más una vez, la reelección.

En la ausencia de este y en la inflexión aún más a la derecha del segundo gobierno Dilma Rousseff, con derecho la austericídio y ministro de la Hacienda “Chicago Boy”, estaba abierta la puerta para una aventura política reaccionária alimentada por la “Operación Lava Jato”. También es correcto que la estructura necesaria para un proyecto de poder pasa por la democracia interna quedada con la cohesión de centenares de cuadros medios. Hubo, y hay justamente el opuesto.

Necesitamos debatir de forma franca, pero dura la necesidad de un proyecto finalista y de los límites institucionales reales – y no formales – de la democracia indirecta y representativa en nuestro Continente. De lo contrario, si este tema no sea seriamente debatido y sin acusar el enemigo por portarse como tal, tendremos otro ciclo de ilusiones por los prójimos quince o veinte años, hasta resultar en nuevo retroceso y así seguiremos por el castigo latino-americano.






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