{"id":901,"date":"2009-01-15T12:08:17","date_gmt":"2009-01-15T12:08:17","guid":{"rendered":"http:\/\/estrategiaeanalise.com.br\/site\/?p=901"},"modified":"2009-01-15T12:08:17","modified_gmt":"2009-01-15T12:08:17","slug":"antonio-jose-de-sucre-pequena-biografia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/estrategiaeanalise.com.br\/?p=901","title":{"rendered":"Antonio Jos\u00e9 de Sucre (pequena biografia)"},"content":{"rendered":"<figure class=\"image-container image-post-defautl\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/estrategiaeanalise.com.br\/site\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/sucre15_01_2009.jpg\" title=\"O marechal Antonio Jos\u00e9 Sucre, homem de confian\u00e7a de Sim\u00f3n Bol\u00edvar, afirmara com sua espada: \"queremos Col\u00f4mbia ou nada!\"  - Foto:\" alt=\"O marechal Antonio Jos\u00e9 Sucre, homem de confian\u00e7a de Sim\u00f3n Bol\u00edvar, afirmara com sua espada: \"queremos Col\u00f4mbia ou nada!\"  - Foto:\" class=\"image\"><figcaption class=\"fig-caption\">O marechal Antonio Jos\u00e9 Sucre, homem de confian\u00e7a de Sim\u00f3n Bol\u00edvar, afirmara com sua espada: &#8220;queremos Col\u00f4mbia ou nada!&#8221; <\/figcaption><small itemprop=\"copyrightHolder\" class=\"copyright\"> Foto:<\/small><\/figure>\n<p>Seguindo a s&eacute;rie dos cl&aacute;ssicos da pol&iacute;tica do Continente, aproveitamos este breve texto escrito pela pluma do pr&oacute;prio Sim&oacute;n Bol&iacute;var a respeito de seu companheiro de armas e id&eacute;ias, Antonio Sucre. O texto est&aacute; escrito em castelhano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>por Sim&oacute;n Bol&iacute;var<\/p>\n<p>El General Antonio Jos&eacute; de Sucre naci&oacute; en la ciudad de Cuman&aacute;, en las provincias de Venezuela, el 3 de Febrero de 1795, de padres ricos y distinguidos. Recibi&oacute; su primera educaci&oacute;n en la capital de Caracas. En el a&ntilde;o de 1808, principi&oacute; sus estudios en Matem&aacute;tica para seguir la carrera de ingenieros.<\/p>\n<p>Empezada la revoluci&oacute;n se dedic&oacute; a esta arma y mostr&oacute; desde los primeros d&iacute;as una aplicaci&oacute;n y una inteligencia que lo hicieron sobresalir entre sus compa&ntilde;eros. Muy pronto empez&oacute; la guerra, desde luego el General Sucre sali&oacute; a campa&ntilde;a. Sirvi&oacute; a las &oacute;rdenes del General Miranda con distinci&oacute;n en los a&ntilde;os 11 y 12. Cuando los Generales Mari&ntilde;o, Piar, Berm&uacute;dez y Vald&eacute;s emprendieron la reconquista de su patria, en el a&ntilde;o de 13, por la parte oriental, el joven Sucre les acompa&ntilde;&oacute; a una empresa la m&aacute;s atrevida y temeraria. Apenas un pu&ntilde;ado de valientes, que no pasaban de ciento, intentaron y lograron la libertad de tres provincias. Sucre siempre se distingu&iacute;a por su infatigable actividad, por su inteligencia y por su valor. En los c&eacute;lebre campos de Matur&iacute;n y Cuman&aacute; se encontraba de ordinario al lado de los m&aacute;s audaces, rompiendo las filas enemigas, destrozando ej&eacute;rcitos contrarios con tres o cuatro compa&ntilde;&iacute;as de voluntarios que compon&iacute;an todas nuestras fuerzas. La Grecia no ofrece prodigios mayores. Quinientos paisanos armados, mandados por el intr&eacute;pido Piar, destrozaron ocho mil espa&ntilde;oles en tres combates en campo raso. El General Sucre era uno de los que se distingu&iacute;an en medio de estos h&eacute;roes. <\/p>\n<p>El General Sucre sirvi&oacute; al Estado Mayor General del Ej&eacute;rcito de Oriente desde el a&ntilde;o de 14 hasta el de 17, siempre con aquel celo, talento y conocimientos que los han distinguido tanto. El era el alma del ej&eacute;rcito en que serv&iacute;a. El metodizaba todo; &eacute;l lo dirig&iacute;a todo, m&aacute;s, con esa modestia, con esa gracia, con que hermosea cuanto ejecuta. En medio de las combustiones que necesariamente nacen de la guerra y de la revoluci&oacute;n, el General Sucre se hallaba frecuentemente de mediador, de consejo, de gu&iacute;a, sin perder nunca de vista la buena causa y el buen camino. El era el azote del desorden y, sin embargo, el amigo de todos. <\/p>\n<p>Su adhesi&oacute;n al Libertador y al Gobierno lo pon&iacute;an a menudo en posiciones dif&iacute;ciles, cuando los partidos dom&eacute;sticos encend&iacute;an los esp&iacute;ritus. El General Sucre quedaba en la tempestad semejante a una roca, combatida por las olas, clavando los ojos en la patria, en la justicia y sin perder, no obstante, el aprecio y el amor de los que combat&iacute;a. <\/p>\n<p>Despu&eacute;s de la batalla de Boyac&aacute;, el General Sucre fue nombrado Jefe del Estado Mayor General Libertador, cuyo destino desempe&ntilde;&oacute; con su asombrosa actividad. En esta capacidad, asociado al General Brice&ntilde;o y Coronel P&eacute;rez, negocio el armisticio y regularizaci&oacute;n de la guerra con el General Morillo el a&ntilde;o de 1820. Este tratado es digno del alma del General Sucre: la benignidad, la clemencia, el genio de la beneficencia lo dictaron; &eacute;l ser&aacute; eterno como el m&aacute;s bello monumento de la piedad aplicada a la guerra; el ser&aacute; eterno como el nombre del vencedor de Ayacucho. <\/p>\n<p>Luego fue destinado desde Bogot&aacute;, a mandar la divisi&oacute;n de tropas que el Gobierno de Colombia puso a sus &oacute;rdenes para auxiliar a Guayaquil que se hab&iacute;a insurreccionado contra el Gobierno Espa&ntilde;ol. All&iacute; Sucre despleg&oacute; su genio conciliador, cort&eacute;s, activo, audaz. <\/p>\n<p>Dos derrotas consecutivas pusieron a Guayaquil al lado del abismo. Todo estaba perdido en aquella &eacute;poca: nadie esperaba salud, sino en un prodigio de la buena suerte. Pero el General Sucre se hallaba en Guayaquil, y bastaba su presencia para hacerlo todo. El pueblo deseaba librarse de la esclavitud: el General Sucre, pues, dirigi&oacute; este noble deseo con acierto y con gloria. Triunfa en Yaguachi, y libr&oacute; as&iacute; a Guayaquil. Despu&eacute;s un nuevo ej&eacute;rcito se present&oacute; en las puertas de esta misma ciudad, vencedor y muy fuerte. El General Sucre lo conjur&oacute;, lo rechaz&oacute; sin combatir. Su pol&iacute;tica logr&oacute; lo que sus armas no habr&iacute;an alcanzado. La destreza del General Sucre obtuvo un armisticio del General espa&ntilde;ol, que en realidad era una victoria. Gran parte de la batalla de Pichincha se debe a esta h&aacute;bil negociaci&oacute;n; porque sin ella, aquella c&eacute;lebre jornada no habr&iacute;a tenido lugar. todo habr&iacute;a sucumbido entonces, no teniendo a su disposici&oacute;n el General Sucre medios de resistencia. <\/p>\n<p>El General Sucre form&oacute;, en fin, un ej&eacute;rcito respetable durante aquel armisticio con las tropas que levant&oacute; en el pa&iacute;s, las que recibi&oacute; del Gobierno de Colombia y con la divisi&oacute;n del General Santa Cruz que obtuvo del Protector del Per&uacute;, por resultado de su incansable perseverancia en solicitar por todas partes enemigos a los espa&ntilde;oles poseedores de Quito. <\/p>\n<p>La Campa&ntilde;a termin&oacute; la guerra del Sur de Colombia, fue dirigida y mandada en persona por el General Sucre; en ella mostr&oacute; sus talentos y virtudes militares; super&oacute; dificultades que parec&iacute;an invencibles; la naturaleza le ofrec&iacute;a obst&aacute;culos, privaciones y penas dur&iacute;simas: mas a todo sab&iacute;a remediar su genio fecundo. La batalla de Pichincha consum&oacute; la obra de su celo, de su sagacidad y de su valor. Entonces fue nombrado, en premio de sus servicios, general de divisi&oacute;n e Intendente del Departamento de Quito. Aquellos pueblos ve&iacute;an en &eacute;l su Libertador, su amigo; se mostraban m&aacute;s satisfechos del jefe que les era destinado, que de la libertad misma que recib&iacute;an en sus manos. El bien dura poco, bien pronto lo perdieron. <\/p>\n<p>La pertinaz ciudad de Pasto se subleva poco despu&eacute;s de la capitulaci&oacute;n que les concedi&oacute; el Libertador, con una generosidad sin ejemplo en la guerra. La de Ayacucho, que acabamos de ver con asombro, no le era comparable. Sin embargo, este pueblo ingrato y p&eacute;rfido oblig&oacute; al General Sucre a marchar contra &eacute;l, a la cabeza de unos batallones y escuadrones de la guardia colombiana. Los abismos, los torrentes, los escarpados precipicios de Pasto fueron franqueados por los invencibles de Colombia. El General Sucre los guiaba, y Pasto fue nuevamente reducido al deber. El General Sucre, bien pronto, fue destinado a una doble misi&oacute;n militar y diplom&aacute;tica cerca de este gobierno, cuyo objeto era hallarse al lado del Presidente de la Rep&uacute;blica para intervenir en la ejecuci&oacute;n de las operaciones de las tropas colombianas auxiliares del Per&uacute;. Apenas lleg&oacute; a esta capital, que el gobierno del Per&uacute; le inst&oacute;, repetida y fuertemente, para que tomase el mando del ejercito unido; &eacute;l se deneg&oacute; a ello, siguiente su deber y su propia moderaci&oacute;n hasta que la aproximaci&oacute;n del enemigo con fuerzas muy superiores convirti&oacute; la aceptaci&oacute;n del mando en una honrosa obligaci&oacute;n. <\/p>\n<p>Todo estaba en desorden: todo iba a sucumbir sin un jefe militar que pusiese en defensa la plaza del Callao, con las fuerzas que ocupaban la capital. El General Sucre tom&oacute;, a su pesar, el mando. <\/p>\n<p>El Congreso, que hab&iacute;a sido ultrajado por el Presidente Riva-Ag&uuml;ero, depuso a este magistrado luego que entr&oacute; en el Callao, y autoriz&oacute; al General Sucre para que obrase militar y pol&iacute;ticamente como Jefe Supremo. Las circunstancias eran terribles, urgent&iacute;simas: no hab&iacute;a que vacilar, sino obrar con decisi&oacute;n. <\/p>\n<p>El General Sucre renunci&oacute;, sin embargo, el mando que le confer&iacute;a el Congreso, el que siempre insist&iacute;a con mayor ardor en el mismo empe&ntilde;o, como que era el &uacute;nico hombre que pod&iacute;a salvar la patria en aquel conflicto tan tremendo. El Callao encerraba la caja de Pandora, y al mismo tiempo era el caos. El enemigo estaba a las puertas con fuerzas dobles: la plaza no estaba preparada para un sitio: los cuerpos del ej&eacute;rcito que la guarnec&iacute;an eran de diferentes estados, de diferentes partidos; el Congreso y el Poder Ejecutivo luchaban de mano armada; todo el mundo mandaba en aquel lugar de confusi&oacute;n, y al parecer el General Sucre era responsable de todo. El, pues, tom&oacute; la resoluci&oacute;n de defender la plaza, con tal que las autoridades supremas la evacuasen, como ya se hab&iacute;a determinado de antemano por parte del Congreso y del Poder Ejecutivo. Aconsej&oacute; a ambos cuerpos que se entendiesen y transigiesen sus diferencias en Trujillo, que era el lugar designado para su residencia. <\/p>\n<p>El General Sucre ten&iacute;a ordenes positivas de su Gobierno de sostener al Per&uacute;, pero de abstenerse de interferir en sus diferencias intestinas; esta fue su conducta invariable, observando religiosamente sus instrucciones. Por lo mismo, ambos partidos se quejaban de indiferencia, de indolencia, de apat&iacute;a por parte del General de Colombia, que si hab&iacute;a tomado el mando militar hab&iacute;a sido con suma repugnancia y s&oacute;lo por complacer a las autoridades peruanas; pero bien resuelto a no ejercer otro mando que el estrictamente militar. Tal fue su comportamiento en medio de tan dif&iacute;ciles circunstancias. El Per&uacute; puede decir si la verdad dicta estas l&iacute;neas. <\/p>\n<p>Las operaciones del General Santa Cruz en el alto Per&uacute; hab&iacute;an empezado con buen suceso y esperanzas probables. El General Sucre hab&iacute;a recibido &oacute;rdenes de embarcarse con cuatro mil hombres de las tropas aliadas hacia aquella parte. En efecto dirige su marcha con tres mil colombianos y chilenos; desembarca en el puerto de Quilca, y toma la ciudad de Arequipa. Abre sus comunicaciones con el General Santa Cruz que se hallaba en el Alto Per&uacute;; a pesar de no recibir demanda alguna de dicho General, de auxilios, dispone todo para obrar inmediatamente contra el enemigo com&uacute;n. Sus tropas hab&iacute;an llegado muy estropeadas, como todas las que hacen la misma navegaci&oacute;n; los caballo y bagajes, hab&iacute;a costado una inmensa dificultad obtenerlos; las tropas de Chile se hallaban desnudas, y debieron vestirse antes de emprender una campa&ntilde;a rigurosa. Sin embargo, todo se ejecut&oacute; en pocas semanas. Ya la divisi&oacute;n del General Sucre hab&iacute;a recibido parte del General Santa Cruz, que la llamaba en su auxilio, y algunas horas despu&eacute;s de la recepci&oacute;n de este parte estaba en marcha, cuando se recibi&oacute; el triste anuncio de la disoluci&oacute;n de la mayor parte de la divisi&oacute;n peruana en las inmediaciones del Desaguadero. Por entonces todo cambia de aspecto. Era, pues, indispensable mudar el plan. El General Sucre tuvo una entrevista con el General Santa Cruz en Monquegua, y all&iacute; combinaron sus ulteriores operaciones. La divisi&oacute;n que mandaba el General Sucre vino a Pisco y de all&iacute; pas&oacute;, por orden del Libertador, a Supe para oponerse a los planes de Riva-Ag&uuml;ero que obraba de concierto con los espa&ntilde;oles. <\/p>\n<p>En estas circunstancias el General Sucre inst&oacute; al Libertador porque le permitiese ir a tomar el valle de Jauja con las tropas de Colombia, para oponerse all&iacute; al General Canterac, que ven&iacute;a del Sur. Riva-Ag&uuml;ero hab&iacute;a ofrecido cooperar a esta maniobra m&aacute;s su perfidia pretend&iacute;a enga&ntilde;arnos. Su intento de dilatarla hasta que llegasen los espa&ntilde;oles, sus auxiliares. Tan miserable treta no pod&iacute;a alucinar al Libertador, que la hab&iacute;a previsto con anticipaci&oacute;n, o m&aacute;s bien la conoc&iacute;a por documentos interceptados de los traidores y de los enemigos. <\/p>\n<p>El General Sucre dio en aquel momento un brillante testimonio de su car&aacute;cter generoso. Riva-Ag&uuml;ero lo hab&iacute;a calumniado atrozmente: lo supon&iacute;a autor de los decretos del Congreso; el agente de la ambici&oacute;n del Libertador; el instrumento de su ruina. No obstante esto, Sucre ruega encarecida y ardientemente al Libertador, para que no lo emplee en la campa&ntilde;a contra Riva-Ag&uuml;ero, no a&uacute;n como simple soldado; apenas se pudo conseguir de &eacute;l, que siguiese como un espectador y no como un jefe del ej&eacute;rcito unido; su resistencia era absoluta. El dec&iacute;a que de ning&uacute;n modo conven&iacute;a la intervenci&oacute;n de los auxiliares en aquella lucha, e infinitamente menos la suya propia, porque se le supon&iacute;a enemigo personal de Riva-Ag&uuml;ero y competidor al mando. El Libertador cedi&oacute; con infinito sentimiento, seg&uacute;n se dijo, a los vehementes clamores del General Sucre. El tom&oacute; en persona el mando del ej&eacute;rcito, hasta que el general La Fuente por su noble resoluci&oacute;n de ahogar la traici&oacute;n de su jefe, y la guerra civil de su patria, prendi&oacute; a Riva-Ag&uuml;ero y sus c&oacute;mplices. Entonces el General Sucre volvi&oacute; a tomar el mando del ej&eacute;rcito; lo acanton&oacute; en la Provincia de Huailas, donde se le orden&oacute;; y all&iacute; su econom&iacute;a despleg&oacute; todos sus recursos para mantener con comodidad y agrado a las tropas de Colombia. Hasta entonces aquel departamento hab&iacute;a producido muy poco, o nada al Estado. Sin embargo el General Sucre establece el orden m&aacute;s estricto para la subsistencia del ej&eacute;rcito, conciliando, a la vez, el sacrificio de los pueblos, y disminuyendo el dolor de las exacciones militares con su inagotable bondad y con su infinita dulzura. As&iacute; fue que el pueblo y el ej&eacute;rcito se encontraron tan bien cuanto las circunstancias lo permit&iacute;an. <\/p>\n<p>Sucre tuvo &oacute;rdenes de hacer un reconocimiento de la frontera, como lo efectu&oacute; con el esmero que acostumbra, y dict&oacute; adem&aacute;s aquellas providencias preparatorias que deb&iacute;an servirnos para realizar la pr&oacute;xima campa&ntilde;a. <\/p>\n<p>Cuando la traici&oacute;n del Callao y de Torre-Tagle llamaron los enemigos a Lima, el General Sucre recibi&oacute; &oacute;rdenes de contrarrestar el complicado sistema de maquinaciones p&eacute;rfidas que se extendi&oacute; en todo el territorio contra la libertad del pa&iacute;s, la gloria del Libertador, y el honor de los colombianos. El General Sucre combati&oacute; con suceso a todos los adversarios de la buena causa; escribi&oacute; con sus manos resmas de papel para impugnar a los enemigos del Per&uacute; y de la libertad; para sostener a los buenos, y para confortar a los que comenzaban a desfallecer por los prestigios del error triunfante. El General Sucre escrib&iacute;a a sus amigos que m&aacute;s inter&eacute;s hab&iacute;a tomado por la causa del Per&uacute;, que por la que fuese propia o perteneciese a su familia. Jam&aacute;s hab&iacute;a desplegado un celo tan infatigable; m&aacute;s sus servicios no se vieron burlados: ellos lograron retener en la causa de la patria, a muchos que la habr&iacute;an abandonado sin el empe&ntilde;o generoso de Sucre. Este General tom&oacute; al mismo tiempo a su cargo la direcci&oacute;n de los preparativos que produjeron el efecto maravilloso de llevar el ej&eacute;rcito al valle del Jauja por encima de los Andes, helados y desiertos. El ej&eacute;rcito recibi&oacute; todos los auxilios necesarios debidos, sin duda, tanto a los pueblos peruanos que los presentaban como al jefe que los hab&iacute;a ordenado tan oportuna y discretamente. <\/p>\n<p>El General Sucre despu&eacute;s de la acci&oacute;n de Jun&iacute;n se consagr&oacute; de nuevo a la mejora y alivio del ej&eacute;rcito. Los hospitales fueron provistos por &eacute;l, y los piquetes que ven&iacute;an de alta al ej&eacute;rcito, eran auxiliados por el mismo General; estos cuidados dieron al ej&eacute;rcito dos mil hombres, que quiz&aacute;s habr&iacute;an perecido en la miseria sin el esmero del que consagra sus desvelos a tan piadoso servicio. Para el General Sucre todo sacrificio por la humanidad y por la patria, le parece glorioso. Ninguna atenci&oacute;n bondadosa es indigna de su coraz&oacute;n: &eacute;l es el general del soldado. <\/p>\n<p>Cuando el Libertador lo dej&oacute; encargado de conducir la campa&ntilde;a durante el invierno que entraba, el General Sucre despleg&oacute; todos los talentos superiores que lo hab&iacute;an conducido a obtener la m&aacute;s brillante campa&ntilde;a de cuantas forman la gloria de los hijos del nuevo mundo. La marcha del ej&eacute;rcito unido desde la Provincia de Cochabamba hasta Huamanga, es una operaci&oacute;n insigne, comparable quiz&aacute; a lo m&aacute;s grande que presenta la historia militar. Nuestro ej&eacute;rcito era inferior en mitad al enemigo, que pose&iacute;a infinitas ventajas materiales sobre el nuestro. Nosotros nos ve&iacute;amos forzados a desfilar sobre riscos, gargantas, r&iacute;os, cumbres, abismos, siempre en presencia de un ej&eacute;rcito enemigo y siempre superior. Esta corta, pero terrible campa&ntilde;a, tiene un m&eacute;rito que todav&iacute;a no es bien conocido en su ejecuci&oacute;n: ella merece un Cesar que la describa. <\/p>\n<p>La Batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana, y la obra del general Sucre. La disposici&oacute;n de ella ha sido perfecta, y su ejecuci&oacute;n divina. Maniobras h&aacute;biles y prontas desbarataron en una hora a los vencedores de catorce a&ntilde;os, y a un enemigo perfectamente constituido y h&aacute;bilmente mandado. Ayacucho es la desesperaci&oacute;n de nuestros enemigos. Ayacucho semejante a Water loo, que decidi&oacute; del destino de Europa, ha fijado la suerte de las naciones americanas. Las generaciones venideras esperan la victoria de Ayacucho para bendecirla, y contemplarla sentada en el trono de la libertad, dictando a los americanos el ejercicio de sus derechos, y el imperio sagrado de la naturaleza. <\/p>\n<p>El General Sucre es el Padre de Ayacucho: es el redentor de los hijos del Sol; es el que ha roto las cadenas con que envolvi&oacute; Pizarro el imperio de los Incas. La posteridad representar&aacute; a Sucre con un pie en el Pichincha y el otro en el Potos&iacute;, llevando en sus manos la cuna de Manco-Capac y contemplando las cadenas del Per&uacute; rotas por su espada. <\/p>\n<p>Lima 1825, Sim&oacute;n Bol&iacute;var <\/p>\n<p>Fuentes: Archivo Libertador. Secci&oacute;n O&rsquo;Leary. T,I,f. 1 a 9, Este borrador de letra de J.J. Santana con enmendaduras del Libertador.(Pereyra Claure, Jos&eacute;; Mariscal Sucre: Hoy y Ma&ntilde;ana.;1995; Editorial Barrcir&oacute;n Distribuidora; Caracas; Venezuela <\/p>\n<p>Fonte na web: p&aacute;gina venezuelana Catedra Bolivariana<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>O marechal Antonio Jos\u00e9 Sucre, homem de confian\u00e7a de Sim\u00f3n Bol\u00edvar, afirmara com sua espada: &#8220;queremos Col\u00f4mbia ou nada!&#8221; Foto: Seguindo a s&eacute;rie dos cl&aacute;ssicos da pol&iacute;tica do Continente, aproveitamos este breve texto escrito pela pluma do pr&oacute;prio Sim&oacute;n Bol&iacute;var a respeito de seu companheiro de armas e id&eacute;ias, Antonio Sucre. 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