{"id":902,"date":"2009-01-15T12:22:37","date_gmt":"2009-01-15T12:22:37","guid":{"rendered":"http:\/\/estrategiaeanalise.com.br\/site\/?p=902"},"modified":"2009-01-15T12:22:37","modified_gmt":"2009-01-15T12:22:37","slug":"manifiesto-de-montecristi-em-castelhano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/estrategiaeanalise.com.br\/?p=902","title":{"rendered":"Manifiesto de Montecristi &#8211; em castelhano"},"content":{"rendered":"<figure class=\"image-container image-post-defautl\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/estrategiaeanalise.com.br\/site\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/JoseMarti_15_01_2009.jpg\" title=\"Poeta, ensa\u00edsta, jornalista, homem pol\u00edtico e militante, Jos\u00e9 Marti associou a liberta\u00e7\u00e3o nacional com o ideal de igualdade e justi\u00e7a social. - Foto:\" alt=\"Poeta, ensa\u00edsta, jornalista, homem pol\u00edtico e militante, Jos\u00e9 Marti associou a liberta\u00e7\u00e3o nacional com o ideal de igualdade e justi\u00e7a social. - Foto:\" class=\"image\"><figcaption class=\"fig-caption\">Poeta, ensa\u00edsta, jornalista, homem pol\u00edtico e militante, Jos\u00e9 Marti associou a liberta\u00e7\u00e3o nacional com o ideal de igualdade e justi\u00e7a social.<\/figcaption><small itemprop=\"copyrightHolder\" class=\"copyright\"> Foto:<\/small><\/figure>\n<p>Este texto &eacute; mais um documento original, desta parte da se&ccedil;&atilde;o Teoria, embri&atilde;o de uma cadeira de Pensamento Pol&iacute;tico Cl&aacute;ssico Latino-Americano. Data do momento da convocat&oacute;ria por Mart&iacute; e seus correligion&aacute;rios, para o in&iacute;cio da guerra revolucion&aacute;ria de liberta&ccedil;&atilde;o contra o jugo espanhol sobre Cuba. A fonte &eacute; a p&aacute;gina em homenagem a Jos&eacute; Mart&iacute;, josemarti.org.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>por Jos&eacute; Mart&iacute;<\/p>\n<p>Este documento es conocido como el Manifiesto de Montecristi, por el lugar en que fue redactado, en la Rep&uacute;blica Dominicana. <\/p>\n<p>EL PARTIDO REVOLUCIONARIO CUBANO A CUBA <\/p>\n<p>La revoluci&oacute;n de independencia, iniciada en Yara despu&eacute;s de preparaci&oacute;n gloriosa y cruenta, ha entrado en Cuba en un nuevo per&iacute;odo de guerra, en virtud del orden y acuerdos del Partido Revolucionario en el extranjero y en la Isla, y de la ejemplar congregaci&oacute;n en &eacute;l de todos los elementos consagrados al saneamiento y emancipaci&oacute;n del pa&iacute;s, para bien de Am&eacute;rica y del mundo; y los representantes electos de la revoluci&oacute;n que hoy se confirma, reconocen y acatan su deber,-sin usurpar el acento y las declaraciones s&oacute;lo propias de la majestad de la rep&uacute;blica constitu&iacute;da,-de repetir ante la patria, que no se ha de ensangrentar sin raz&oacute;n, ni sin justa esperanza de triunfo los prop&oacute;sitos precisos, hijos del juicio y ajenos a la venganza, con que se ha compuesto, y llegar&aacute; a su victoria racional, la guerra inextinguible que hoy lleva a los combates, en conmovedora y prudente democracia, los elementos todos de la sociedad de Cuba. <\/p>\n<p>La guerra no es, en el concepto sereno de los que a&uacute;n hoy la representan, y de la revoluci&oacute;n p&uacute;blica y responsable que los eligi&oacute; el insano triunfo de un partido cubano sobre otro, o la humillaci&oacute;n siquiera de un grupo equivocado de cubanos; sino la demostraci&oacute;n solemne de la voluntad de un pa&iacute;s harto probado en la guerra anterior para lanzarse a la ligera en un conflicto s&oacute;lo terminable por la victoria o el sepulcro, sin causas bastante profundas para sobreponerse a las cobard&iacute;as humanas y a sus varios disfraces, y sin determinaci&oacute;n tan respetable-por ir firmada por la muerte-que debe imponer silencio a aquellos cubanos menos venturosos que no se sienten pose&iacute;dos de igual fe en las capacidades de su pueblo ni de valor igual con que emanciparlo de su servidumbre. <\/p>\n<p>La guerra no es la tentativa caprichosa de una independencia m&aacute;s temible que &uacute;til, que s&oacute;lo tendr&iacute;an derecho a demorar o condenar los que mostrasen la virtud y el prop&oacute;sito de conducirla a otra m&aacute;s viable y segura, y que no debe en verdad apetecer un pueblo que no la pueda sustentar; sino el producto disciplinado de la resoluci&oacute;n de hombres enteros que en el reposo de la experiencia se han decidido a encarar otra vez los peligros que conocen, y de la congregaci&oacute;n cordial de los cubanos de m&aacute;s diverso origen, convencidos de que en la conquista de la libertad se adquieren mejor que en el abyecto abatimiento las virtudes necesarias para mantenerla. <\/p>\n<p>La guerra no es contra el espa&ntilde;ol, que, en el seguro de sus hijos y en el acatamiento a la patria que se ganen podr&aacute; gozar respetado, y aun amado, de la libertad que s&oacute;lo arrollar&aacute; a los que le salgan, imprevisores, al camino. Ni del desorden, ajeno a la moderaci&oacute;n probada del esp&iacute;ritu de Cuba, ser&aacute; cuna la guerra; ni de la tiran&iacute;a.-Los que la fomentaron, y pueden a&uacute;n llevar su voz, declaran en nombre de ella ante la patria su limpieza de todo odio,-su indulgencia fraternal para con los cubanos t&iacute;midos o equivocados, su radical respeto al decoro del hombre, nervio del combate y cimiento de la rep&uacute;blica,-su certidumbre de la aptitud de la guerra para ordenarse de modo que contenga la redenci&oacute;n que la inspira, la relaci&oacute;n en que un pueblo debe vivir con los dem&aacute;s, y la realidad que la guerra es,-y su terminante voluntad de respetar, y hacer que se respete, al espa&ntilde;ol neutral y honrado, en la guerra y despu&eacute;s de ella, y de ser piadosa con el arrepentimiento, e inflexible s&oacute;lo con el vicio, el crimen y la inhumanidad.-En la guerra que se ha renaudado en Cuba no ve la revoluci&oacute;n las causas del j&uacute;bilo que pudiera embargar al hero&iacute;smo irreflexible, sino las responsabilidades que deben preocupar a los fundadores de pueblos. <\/p>\n<p>Entre Cuba en la guerra con la plena seguridad, inaceptable s&oacute;lo a los cubanos sedentarios y parciales, de la competencia de sus hijos para obtener el triunfo, por la energ&iacute;a de la revoluci&oacute;n pensadora y magn&aacute;nima, y de la capacidad de los cubanos, cultivada en diez a&ntilde;os primeros de fusi&oacute;n sublime, y en las pr&aacute;cticas modernas del gobierno y el trabajo, para salvar la patria desde su ra&iacute;z de los desacomodos y tanteos, necesarios al principio del siglo, sin comunicaciones y sin preparaci&oacute;n en las rep&uacute;blicas feudales o te&oacute;ricas de Hispano-Am&eacute;rica. <\/p>\n<p>Punible ignorancia o alevos&iacute;a fuera desconocer las causas a menudo gloriosas y ya generalmente redimidas, de los trastornos americanos, venidos del error de ajustar a moldes extranjeros; de dogma incierto o mera relaci&oacute;n a su lugar de origen, la realidad ingenua de los pa&iacute;ses que conoc&iacute;an s&oacute;lo de las libertades el ansia que las conquista, y la soberan&iacute;a que se gana por pelear por ellas. La concentraci&oacute;n de la cultura meramente literaria en las capitales; el err&oacute;neo apego de las rep&uacute;blicas a las costumbres se&ntilde;oriales de la colonia; la creaci&oacute;n de caudillos rivales consiguiente al trato receloso e imperfecto de las comarcas apartadas; la condici&oacute;n rudimentaria de la &uacute;nica industria, agr&iacute;cola o ganadera; y el abandono y desd&eacute;n de la fecunda raza ind&iacute;gena en las disputas de credo o localidad que esas causas de los trastornos en los pueblos de Am&eacute;rica manten&iacute;an,-no son, de ning&uacute;n modo los problemas de la sociedad cubana. <\/p>\n<p>Cuba vuelve a la guerra con un pueblo democr&aacute;tico y culto, conocedor celoso de su derecho y del ajeno; o de cultura mucho mayor, en lo m&aacute;s humilde de &eacute;l, que las masas llaneras o indias con que, a la voz de los h&eacute;roes primados de la emancipaci&oacute;n, se mudaron de hatos en naciones las silenciosas colonias de Am&eacute;rica; y en el crucero del mundo, al servicio de la guerra, y a la fundaci&oacute;n de la nacionalidad le vienen a Cuba, del trabajo creador y conservador en los pueblos m&aacute;s h&aacute;biles del orbe, y del propio esfuerzo en la persecuci&oacute;n y miseria del pa&iacute;s, los hijos l&uacute;cidos, magnates o siervos, que de la &eacute;poca primera de acomodo, ya vencida, entre los componentes heterog&eacute;neos de la naci&oacute;n cubana, salieron a preparar, o-en la misma Isla continuaron preparando, con su propio perfeccionamiento, el de la nacionalidad a que concurren hoy con la firmeza de sus personas laboriosas, y el seguro de su educaci&oacute;n republicana. El civismo de sus guerreros; el cultivo y benignidad de sus artesanos; el empleo real y moderno de un n&uacute;mero vasto de sus inteligencias y riquezas; la peculiar moderaci&oacute;n del campesino sazonado en el destierro y en la guerra; el trato &iacute;ntimo y diario, y r&aacute;pida e inevitable unificaci&oacute;n de las diversas secciones del pa&iacute;s; la admiraci&oacute;n rec&iacute;proca de las virtudes iguales entre los cubanos que de las diferencias de la esclavitud pasaron a la hermandad del sacrificio; y la benevolencia y aptitud crecientes del liberto, superiores a los raros ejemplos de su desv&iacute;o o encono,-aseguran a Cuba, sin il&iacute;cita ilusi&oacute;n, un porvenir en que las condiciones de asiento, y del trabajo inmediato de un pueblo feraz en la rep&uacute;blica justa, exceder&aacute;n a las de disociaci&oacute;n y parcialidad provenientes de la pereza o arrogancia que la guerra a veces cr&iacute;a, del rencor ofensivo de una minor&iacute;a de amos ca&iacute;da de sus privilegios; de la censurable premura con que una minor&iacute;a a&uacute;n invisible de libertos descontentos pudiera aspirar, con violaci&oacute;n funesta del albedr&iacute;o y naturaleza humanos, al respeto social que sola y seguramente ha de venirles de la igualdad probada en las virtudes y talentos; y de la s&uacute;bita desposesi&oacute;n, en gran parte de los pobladores letrados de las ciudades, de la suntuosidad o abundancia relativa que hoy les viene de las gabelas inmorales y f&aacute;ciles de la colonia, y de los oficios que habr&aacute;n de desaparecer con la libertad.-Un pueblo libre, en el trabajo abierto a todos, enclavado a las bocas del universo rico e industrial, sustituir&aacute; sin obst&aacute;culo, y con ventaja, despu&eacute;s de una guerra inspirada en la m&aacute;s pura abnegaci&oacute;n, y mantenida conforme a ella, al pueblo avergonzado donde el bienestar s&oacute;lo se obtiene a cambio de la complicidad expresa o t&aacute;cita con la tiran&iacute;a de los extranjeros menesterosos que lo degradan y corrompen. No dudan de Cuba, ni de sus aptitudes para obtener y gobernar su independencia, los que en el hero&iacute;smo de la muerte y en el de la fundaci&oacute;n callada de la patria, ven resplandecer de continuo, en grandes y en peque&ntilde;os, las dotes de concordia y sensatez s&oacute;lo inadvertibles para los que, fuera del alma real de su pa&iacute;s, lo juzgan, en el arrogante concepto de s&iacute; propios, sin m&aacute;s poder de rebeld&iacute;a y creaci&oacute;n que el que asoma t&iacute;midamente en la servidumbre de sus quehaceres coloniales. <\/p>\n<p>De otro temor quisiera acaso valerse hoy, so pretexto de prudencia, la cobard&iacute;a: el temor insensato; y jam&aacute;s en Cuba justificado, a la raza negra. La revoluci&oacute;n, con su carga de m&aacute;rtires, y de guerreros subordinados y generosos, desmiente indignada, como desmiente la larga prueba de la emigraci&oacute;n y de la tregua en la isla, la tacha de amenaza de la raza negra con que se quisiese inicuamente levantar, por los beneficiarios del r&eacute;gimen de Espa&ntilde;a, el miedo a la revoluci&oacute;n. <\/p>\n<p>Cubanos hay ya en Cuba de uno y otro color, olvidados para siempre-con la guerra emancipadora y el trabajo donde unidos se grad&uacute;an-del odio en que los pudo dividir la esclavitud. La novedad y aspereza de las relaciones sociales, consiguientes a la mudanza s&uacute;bita del hombre ajeno en propio, son menores que la sincera estimaci&oacute;n del cubano blanco por el alma igual, la afanosa cultura, el fervor de hombre libre, y el amable car&aacute;cter de su compatriota negro. Y si a la raza le naciesen demagogos inmundos, o almas &aacute;vidas cuya impaciencia propia azuzase la de su color, o en quienes se convirtiera en injusticia con los dem&aacute;s la piedad por los suyos,-con su agradecimiento y su cordura, y su amor a la patria, con su convicci&oacute;n de la necesidad de desautorizar por la prueba patente de la inteligencia y la virtud del cubano negro la opini&oacute;n que a&uacute;n reine de su incapacidad para ellas, y con la posesi&oacute;n de todo lo real del derecho humano, y el consuelo y la fuerza de la estimaci&oacute;n de cuanto en los cubanos blancos hay de justo y generoso, la misma raza extirpar&iacute;a en Cuba el peligro negro, sin que tuviera que alzarse a &eacute;l una sola mano blanca. La revoluci&oacute;n lo sabe, y lo proclama: la emigraci&oacute;n lo proclama tambi&eacute;n. All&iacute; no tiene el cubano negro escuelas de ira, como no tuvo en la guerra una sola culpa de ensoberbecimiento indebido o de insubordinaci&oacute;n. En sus hombros anduvo segura la rep&uacute;blica a que no atent&oacute; jam&aacute;s. S&oacute;lo los que odian al negro ven en el negro odio; y los que con semejante miedo injusto traficasen, para sujetar, con inapetecible oficio, las manos que pudieran erguirse a expulsar de la tierra cubana al ocupante corruptor. <\/p>\n<p>En los habitantes espa&ntilde;oles de Cuba, en vez de la deshonrosa ira de la primera guerra, espera hallar la revoluci&oacute;n, que ni lisonjea ni teme, tan afectuosa neutralidad o tan veraz ayuda, que por ellas vendr&aacute;n a ser la guerra m&aacute;s breve, sus desastres menores, y m&aacute;s f&aacute;cil y amiga la paz en que han de vivir juntos padres e hijos. Los cubanos empezamos la guerra, y los cubanos y los espa&ntilde;oles la terminaremos. No nos maltraten, y no se les maltratar&aacute;. Respeten, y se les respetar&aacute;. Al acero responda el acero, y la amistad a la amistad. En el pecho antillano no hay odio; y el cubano saluda en la muerte al espa&ntilde;ol a quien la crueldad del ejercicio forzoso arranc&oacute; de su casa y su terru&ntilde;o para venir a asesinar en pechos de hombre la libertad que &eacute;l mismo ans&iacute;a. M&aacute;s que saludarlo en la muerte, quisiera la revoluci&oacute;n acogerlo en vida; y la rep&uacute;blica ser&aacute; tranquilo hogar para cuantos espa&ntilde;oles de trabajo y honor gocen en ella de la libertad y bienes que no han de hallar a&uacute;n por largo tiempo en la lentitud, desidia, y vicios pol&iacute;ticos de la tierra propia. <\/p>\n<p>Este es el coraz&oacute;n de Cuba, y as&iacute; ser&aacute; la guerra. &iquest;Qu&eacute; enemigos espa&ntilde;oles tendr&aacute; verdaderamente la revoluci&oacute;n? &iquest;Ser&aacute; el ej&eacute;rcito, republicano en mucha parte, que ha aprendido a respetar nuestro valor, como nosotros respetamos el suyo, y m&aacute;s sienten impulsos a veces de un&iacute;rsenos que de combatirnos? &iquest;Ser&aacute;n los quintos, educados ya en las ideas de humanidad, contrarias a derramar sangre de sus semejantes en provecho de un cetro in&uacute;til o una patria codiciosa, los quintos segados en la flor de su juventud para venir a defender, contra un pueblo que los acoger&iacute;a alegre como ciudadanos libres, un trono mal sujeto, sobre la naci&oacute;n vendida por sus gu&iacute;as, con la complicidad de sus privilegios y sus logros? &iquest;Ser&aacute; la masa, hoy humana y culta, de artesanos y dependientes, a quienes so pretexto de patria, arrastr&oacute; ayer a la ferocidad y al crimen el inter&eacute;s de los espa&ntilde;oles acaudalados que hoy, con lo m&aacute;s de sus fortunas salvas en Espa&ntilde;a, muestran menos celo que aquel con que ensangrentaron la tierra de su riqueza cuando los sorprendi&oacute; en ella la guerra con toda su fortuna? ?O ser&aacute;n los fundadores de familias y de industrias cubanas, fatigados ya del fraude de Espa&ntilde;a y de su desgobierno, y como el cubano vejados y oprimidos, los que, ingratos e imprudentes, sin miramiento por la paz de sus casas y la conservaci&oacute;n de una riqueza que el r&eacute;gimen de Espa&ntilde;a amenaza m&aacute;s que la revoluci&oacute;n, se revuelvan contra la tierra que de tristes r&uacute;sticos los ha hecho esposos felices, y due&ntilde;os de una prole capaz de morir sin odio por asegurar al padre sangriento un suelo libre al fin de la discordia permanente entre el criollo y el peninsular, donde la honrada fortuna pueda mantenerse sin cohecho y desarrollarse sin zozobra, y el hijo no vea entre el beso de sus labios y la mano de su padre la sombra aborrecida del opresor? &iquest;Qu&eacute; suerte elegir&aacute;n los espa&ntilde;oles: la guerra sin tregua, confesa o disimulada, que amenaza y perturba las relaciones siempre inquietas y violentas del pa&iacute;s, o la paz definitiva, que jam&aacute;s se conseguir&aacute; en Cuba sino con la independencia? &iquest;Enconar&aacute;n y ensangrentar&aacute;n los espa&ntilde;oles arraigados en Cuba la guerra en que puedan quedar vencidos? &iquest;Ni con qu&eacute; derecho nos odiar&aacute;n los espa&ntilde;oles, si los cubanos no los odiamos? La revoluci&oacute;n emplea sin miedo este lenguaje, porque el decreto de emancipar de una vez a Cuba de la ineptitud y corrupci&oacute;n irremediables del gobierno de Espa&ntilde;a, y abrirla franca para todos los hombres al mundo nuevo, es tan terminante como la voluntad de mirar como a cubanos, sin tibio coraz&oacute;n ni amargas memorias, a los espa&ntilde;oles que por su pasi&oacute;n de libertad ayuden a conquistarla en Cuba y a los que con su respeto a la guerra de hoy rescaten la sangre que en la de ayer man&oacute; a sus golpes de pecho de sus hijos. <\/p>\n<p>En las formas que se d&eacute; la revoluci&oacute;n, conocedora de su desinter&eacute;s, no hallar&aacute; sin duda pretexto de reproche la vigilante cobard&iacute;a, que en los errores formales del pa&iacute;s naciente, o en su poca suma visible de rep&uacute;blica, pudiese procurar raz&oacute;n con que negarle la sangre que le adeuda. No tendr&aacute; el patriotismo puro causa de temor por la dignidad y suerte futura de la patria.-La dificultad de las guerras de independencia en Am&eacute;rica, y las de sus primeras nacionalidades, ha estado, m&aacute;s que en la discordia de sus h&eacute;roes y en la emulaci&oacute;n y recelo inherentes al hombre, en la falta oportuna de forma que a la vez contenga el esp&iacute;ritu de redenci&oacute;n que, con apoyo de &iacute;mpetus menores, promueve y nutre la guerra.-y las pr&aacute;cticas necesarias a la guerra, y que &eacute;sta debe desembarazar y sostener. En la guerra inicial se ha de hallar el pa&iacute;s maneras tales de gobierno que a un tiempo satisfagan la inteligencia madura y suspicaz de sus hijos cultos, y las condiciones requeridas para la ayuda y respeto de los dem&aacute;s pueblos,-y permitan-en vez de entrabar1-el desarrollo pleno y t&eacute;rmino r&aacute;pido de la guerra fatalmente necesaria a la felicidad p&uacute;blica. Desde sus ra&iacute;ces se ha de constituir la patria con formas viables, y de s&iacute; propia nacidas, de modo que un gobierno sin realidad ni sanci&oacute;n no la conduzca a las parcialidades o a la tiran&iacute;a.-Sin atentar, con desordenado concepto de su deber, al uso de las facultades &iacute;ntegras de constituci&oacute;n, con que se ordenen y acomoden, en su responsabilidad peculiar ante el mundo contempor&aacute;neo, liberal e impaciente, los elementos expertos y novicios, por igual movidos de &iacute;mpetu ejecutivo y pureza ideal, que con nobleza id&eacute;ntica, y el t&iacute;tulo inexpugnable de su sangre, se lanzan tras el alma y gu&iacute;a de los primeros h&eacute;roes, a abrir a la humanidad una rep&uacute;blica trabajadora; s&oacute;lo es l&iacute;cito al Partido Revolucionario Cubano declarar su fe en que la revoluci&oacute;n ha de hallar formas que le aseguren, en la unidad y vigor indispensables a una guerra culta, el entusiasmo de los cubanos, la confianza de los espa&ntilde;oles y la amistad del mundo. Conocer y fijar la realidad; componer en molde natural, la realidad de las ideas que producen o apagan los hechos, y la de los hechos que nacen de las ideas; ordenar la revoluci&oacute;n del decoro, el sacrificio y la cultura de modo que no quede el decoro de un solo hombre lastimado, ni el sacrificio parezca in&uacute;til a un solo cubano, ni la revoluci&oacute;n inferior a la cultura del pa&iacute;s, no a la extranjeriza y desautorizada cultura que se enajena el respeto de los hombres viriles por la ineficacia de sus resultados y el contraste lastimoso entre la poquedad real y la arrogancia de sus est&eacute;riles poseedores, sino al profundo conocimiento de la labor del hombre en el rescate y sost&eacute;n de su dignidad:-&eacute;sos son los deberes, y los intentos, de la revoluci&oacute;n. Ella se regir&aacute; de modo que la guerra pujante y capaz d&eacute; pronto casa firme a la nueva rep&uacute;blica. <\/p>\n<p>La guerra sana y vigorosa desde el nacer con que hoy reanuda Cuba, con todas las ventajas de su experiencia, y la victoria asegurada a las determinaciones finales, el esfuerzo excelso, jam&aacute;s recordado sin unci&oacute;n, de sus inmarcesibles h&eacute;roes, no es s&oacute;lo hoy el piadoso anhelo de dar vida plena al pueblo que, bajo la inmoralidad y ocupaci&oacute;n crecientes de un amo inepto, desmigaja o pierde su fuerza superior en la patria sofocada o en los destierros esparcidos. Ni es la guerra el insuficiente prurito de conquistar a Cuba con el sacrificio tentador, la independencia pol&iacute;tica, que sin derecho pedir&iacute;a a los cubanos su brazo si con ella no fuese la esperanza de crear una patria m&aacute;s a la libertad del pensamiento, la equidad de las costumbres, y la paz del trabajo. La guerra de independencia de Cuba, nudo del haz de islas donde se ha de cruzar, en plazo de pocos a&ntilde;os, el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el hero&iacute;smo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al equilibrio a&uacute;n vacilante del mundo. Honra y conmueve pensar que cuando cae en tierra de Cuba un guerrero de la independencia, abandonado tal vez por los pueblos incautos o indiferentes a quienes se inmola, cae por el bien mayor del hombre, la confirmaci&oacute;n de la rep&uacute;blica moral en Am&eacute;rica, y la creaci&oacute;n de un archipi&eacute;lago libre donde las naciones respetuosas derramen las riquezas que a su paso han de caer sobre el crucero del mundo. <\/p>\n<p>&iexcl;Apenas podr&iacute;a creerse que con semejantes m&aacute;rtires, y tal porvenir, hubiera cubanos que atasen a Cuba a la monarqu&iacute;a podrida y aldeana de Espa&ntilde;a, y a su miseria inerte y viciosa!-A la revoluci&oacute;n cumplir&aacute; ma&ntilde;ana el deber de explicar de nuevo al pa&iacute;s y a las naciones las causas locales, y de ideas e inter&eacute;s universal, con que para el adelanto y servicio de la humanidad reanuda el pueblo emancipador de Yara y de Gu&aacute;imaro una guerra digna del respeto de sus enemigos y el apoyo de los pueblos, por su r&iacute;gido concepto del derecho del hombre, y su aborrecimiento de la venganza est&eacute;ril y la desvastaci&oacute;n in&uacute;til. Hoy, al proclamar desde el umbral de la tierra venerada el esp&iacute;ritu y doctrinas que produjeron y alientan la guerra entera y humanitaria en que se une a&uacute;n m&aacute;s el pueblo de Cuba, invencible e indivisible, s&eacute;anos l&iacute;cito invocar, como gu&iacute;a y ayuda de nuestro pueblo, a los magn&aacute;nimos fundadores, cuya labor renueva el pa&iacute;s agradecido,-y al honor, que ha de impedir a los cubanos herir, de palabra o de obra, a los que mueren por ellos. <\/p>\n<p>-Y al declarar as&iacute; en nombre de la patria, y deponer ante ella y ante su libre facultad de constituci&oacute;n, la obra id&eacute;ntica de dos generaciones, suscriben juntos, la declaraci&oacute;n, por la responsabilidad com&uacute;n de su representaci&oacute;n, y en muestra de la unidad y solidez de la revoluci&oacute;n cubana, el Delegado del Partido Revolucionario Cubano, creado para ordenar y auxiliar la guerra actual, y el General en Jefe electo en &eacute;l por todos los miembros activos del Ej&eacute;rcito Libertador. <\/p>\n<p>\nMontecristi, 25 de marzo de 1895. <\/p>\n<p>\nJos&eacute; Mart&iacute; M. G&oacute;mez<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Poeta, ensa\u00edsta, jornalista, homem pol\u00edtico e militante, Jos\u00e9 Marti associou a liberta\u00e7\u00e3o nacional com o ideal de igualdade e justi\u00e7a social. Foto: Este texto &eacute; mais um documento original, desta parte da se&ccedil;&atilde;o Teoria, embri&atilde;o de uma cadeira de Pensamento Pol&iacute;tico Cl&aacute;ssico Latino-Americano. 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