{"id":905,"date":"2009-01-15T13:04:01","date_gmt":"2009-01-15T13:04:01","guid":{"rendered":"http:\/\/estrategiaeanalise.com.br\/site\/?p=905"},"modified":"2009-01-15T13:04:01","modified_gmt":"2009-01-15T13:04:01","slug":"brevissima-relacion-de-la-destruycion-de-las-indias-colegida-por-el-obispo-don-bartolome-de-las-casas-o-casaus-de-la-orden-de-santo-domingo-1552","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/estrategiaeanalise.com.br\/?p=905","title":{"rendered":"Brev\u00edssima relaci\u00f3n de la destruyci\u00f3n de las Indias. Colegida por el Obispo don Bartolom\u00e9 de las Casas o Casaus de la orden de Santo Domingo, 1552"},"content":{"rendered":"<figure class=\"image-container image-post-defautl\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/estrategiaeanalise.com.br\/site\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/lascasas15_01_2009.jpg\" title=\"O Fray Bartolom\u00e9 de las Casas, dominicano que dedicou sua vida para ajudar os povos ind\u00edgenas desse  - Foto:\" alt=\"O Fray Bartolom\u00e9 de las Casas, dominicano que dedicou sua vida para ajudar os povos ind\u00edgenas desse  - Foto:\" class=\"image\"><figcaption class=\"fig-caption\">O Fray Bartolom\u00e9 de las Casas, dominicano que dedicou sua vida para ajudar os povos ind\u00edgenas desse <\/figcaption><small itemprop=\"copyrightHolder\" class=\"copyright\"> Foto:<\/small><\/figure>\n<p>O cl&aacute;ssico de pol&iacute;tica e cultura latino americana dessa semana &eacute; um texto do dominicano Fray Bartolom&eacute; de las Casas, chamado &quot;Brev&iacute;ssima relaci&oacute;n de la destruyci&oacute;n de las Indias&quot;. Esse texto hist&oacute;rico trata do exterm&iacute;nio dos povos ind&iacute;genas nas ent&atilde;o rec&eacute;m invadidas terras da Am&eacute;rica. Las Casas foi a primeira voz ocidental em defesa franca e aberta dos &iacute;ndios, colonizados e explorados pelos conquistadores espanh&oacute;is. Atrav&eacute;s de manifestos contundentes contra a opress&atilde;o para com esses indiv&iacute;duos, defendeu &quot;a alma dos gentios&quot; e s deparou com a censura dos espanh&oacute;is. Dedicou sua vida &agrave; causa ind&iacute;gena em defesa da vida, da liberdade e dignidade. Lutou tamb&eacute;m para que tivessem direitos pol&iacute;ticos, de povos livres e capazes de realizar uma nova sociedade, mais pr&oacute;xima do Evangelho. <\/p>\n<p>Edici&oacute;n digital a cargo de Jos&eacute; Luis G&oacute;mez-Mart&iacute;nez &#8211; revis&atilde;o a 4 m&atilde;os, por Jo&atilde;o Vitor Cassela Novoa e Bruno Lima Rocha<\/p>\n<p>&quot;Argumento del presente ep&iacute;tome&quot; <\/p>\n<p>Todas las cosas que han acaecido en las Indias, desde su maravilloso descubrimiento, y del principio que a ellas fueron espa&ntilde;oles, para estar tiempo alguno, y despu&eacute;s, en el proceso adelante hasta los d&iacute;as de agora, han sido tan admirables y tan no cre&iacute;bles en todo g&eacute;nero a quien no las vido, que parece haber a&ntilde;ublado y puesto silencio y bastantes a poner olvido a todas cuantas, por haza&ntilde;osas que fuesen, en los siglos pasados se vieron y oyeron en el mundo. Entre &eacute;stas son las matanzas y estragos de gentes inocentes, y despoblaciones de pueblos, provincias y reinos que en ellas se han perpetrado, y que todas las otras no de menor espanto. Las unas y las otras, refiriendo a diversas personas, que no las sab&iacute;an, el obispo don fray Bartolom&eacute; de las Casas o Casaus, la vez que vino a la corte, despu&eacute;s de fraile, a informar al Emperador nuestro se&ntilde;or (como quien todas bien visto hab&iacute;a), y causando a los oyentes con la relaci&oacute;n dellas una manera de &eacute;xtasi y suspensi&oacute;n de &aacute;nimos, fue rogado e importunado que destas postreras pusiese algunas con brevedad por escripto. El lo hizo, y viendo algunos a&ntilde;os despu&eacute;s muchos insensibles hombres, que la cobdicia y ambici&oacute;n ha hecho degenerar del ser hombres, y sus facinorosas obras tra&iacute;do en reprobado sentido, que, no contentos con las traiciones y maldades que han cometido, despoblando con exquisitas especies de crueldad aquel orbe, importunaban al rey por licencia y auctoridad, para tornarlas a cometer y otras peores (si peores pudiesen ser) acord&oacute; presentar esta suma de lo que cerca desto escribi&oacute; al Pr&iacute;ncipe nuestro se&ntilde;or, para que Su Alteza fuese en que se les denegase. Y pareci&oacute;le cosa conveniente ponella en molde, porque Su Alteza la leyese con m&aacute;s facilidad. Y esta es la raz&oacute;n del siguiente Ep&iacute;tome, o brev&iacute;sima relaci&oacute;n. <\/p>\n<p>Fin del argumento. <\/p>\n<p>&quot;Pr&oacute;logo del obispo don Fray Bartolom&eacute; de las Casas, o Casaus&quot; para el muy alto y muy poderoso se&ntilde;or el pr&iacute;ncipe de las Espa&ntilde;as don Felipe, nuestro se&ntilde;or Muy alto y muy poderoso se&ntilde;or. <\/p>\n<p>Como la providencia divina tenga ordenado en su mundo que para direcci&oacute;n y com&uacute;n utilidad del linaje humano se constituyesen en los Reinos y pueblos, reyes, como padres y pastores (seg&uacute;n los nombra Homero), y por consiguiente sean los m&aacute;s nobles y generosos miembros de las rep&uacute;blicas, ninguna dubda de la rectitud de sus &aacute;nimos reales se tiene, o con recta raz&oacute;n se debe tener, que si algunos defectos, nocumentos y males se padecen en ellas, no ser otra la causa sino carecer los reyes de la noticia dellos. Los cuales si les contasen, con sumo estudio y vigilante solercia extirpar&iacute;an. Esto parece haber dado a entender la divina escriptura en los proverbios de Salom&oacute;n: Rex, qui sedet in solio judicii, dissipat omne malum in tuitu suo [El Rey que est&aacute; sentado en el solio del juicio disipa todo mal con su mirada]. Porque de la innata y natural virtud del rey as&iacute; se supone, conviene a saber, que la noticia sola del mal de su reino es bastant&iacute;sima, para que lo disipe, y que ni por un momento s&oacute;lo en cuanto en s&iacute; fuere lo pueda sufrir. <\/p>\n<p>Considerando, pues, yo (muy poderoso se&ntilde;or), los males y da&ntilde;os, perdici&oacute;n y jacturas (de los cuales nunca otros iguales ni semejantes se imaginaron poderse por hombres hacer) de aquellos tantos y tan grandes y tales reinos, y por mejor decir de aquel vast&iacute;simo y nuevo mundo de las Indias, concedidos y encomendados por Dios y por su Iglesia a los reyes de Castilla, para que se los rigiesen y gobernasen, convertiesen y prosperasen temporal y espiritualmente, como hombre que por cincuenta a&ntilde;os y m&aacute;s de experiencia, siendo en aquellas tierras presente, los he visto cometer; que const&aacute;ndole a Vuestra Alteza algunas particulares haza&ntilde;as dellos, no podr&iacute;a contenerse de suplicar a su Majestad con instancia importuna, que no conceda ni permita las que los tiranos inventaron, prosiguieron y han cometido, [que] llaman conquistas. En las cuales (si se permitiesen) han de tornarse a hacer, pues de s&iacute; mismas (hechas contra aquellas indianas gentes, pac&iacute;ficas, humildes y mansas que a nadie ofenden) son inicuas, tir&aacute;nicas, y por toda ley natural, divina y humana condenadas, detestadas y malditas; deliber&eacute;, por no ser reo, callando, de las perdiciones de &aacute;nimas y cuerpos infinitas que los tales perpetraran, poner en molde algunas y muy pocas que los d&iacute;as pasados coleg&iacute; de innumerables que con verdad podr&iacute;a referir, para que con m&aacute;s facilidad Vuestra Alteza las pueda leer. <\/p>\n<p>Y puesto que el arzobispo de Toledo, maestro de Vuestra Alteza, siendo obispo de Cartagena, me las pidi&oacute; y present&oacute; a Vuestra Alteza, pero por los largos caminos de mar y de tierra que Vuestra Alteza ha emprendido, y ocupaciones frecuentes reales que ha tenido, puede haber sido que, o Vuestra Alteza no las ley&oacute;, o que ya olvidadas las tiene, y el ansia temeraria e irracional de los que tienen por nada indebidamente derramar tan inmensa copia de humana sangre, y despoblar de sus naturales moradores y poseedores, matando mil cuentos de gentes, aquellas tierras grand&iacute;simas, y robar incomparables tesoros, crece cada d&iacute;a, importunando por diversas v&iacute;as y varios f&iacute;ngidos colores que se les concedan o permitan las dichas conquistas (las cuales no se les podr&iacute;an conceder sin violaci&oacute;n de la ley natural y divina, y por consiguiente grav&iacute;simos pecados mortales, dignos de terribles y eternos suplicios), tuve por conviniente servir a Vuestra Alteza con este sumario brev&iacute;simo de muy difusa historia que de los estragos y perdiciones se podr&iacute;a y deber&iacute;a componer. Suplico a Vuestra Alteza lo reciba y lea con la clemencia y real benignidad que suele las obras de sus criados y servidores, que puramente por s&oacute;lo el bien p&uacute;blico y prosperidad del estado real, servir desean. Lo cual visto, y entendida la deformidad de la injusticia que a aquellas gentes inocentes se hace, destruy&eacute;ndolas y despedaz&aacute;ndolas sin haber causa ni raz&oacute;n justa para ello, sino por sola la cudicia y ambici&oacute;n de los que hacer tan nefarias obras pretenden, Vuestra Alteza tenga por bien de con eficacia suplicar y persuadir a Su Majestad que deniegue a quien las pidiere tan nocivas y detestables empresas, antes ponga en esta demanda infernal perpetuo silencio, con tanto terror que ninguno sea osado dende adelante ni aun solamente se las nombrar. <\/p>\n<p>Cosa es &eacute;sta, muy alto se&ntilde;or, convenientisima y necesaria para que todo el estado de la corona real de Castilla, espiritual y temporalmente Dios lo prospere y conserve y haga bienaventurado, Am&eacute;n. <\/p>\n<p>&quot;Descubrimiento de las Indias&quot; <\/p>\n<p>Descubri&eacute;ronse las Indias en el a&ntilde;o de mil e cuatrocientos y noventa y dos. Fu&eacute;ronse a poblar el a&ntilde;o siguiente de cristianos espa&ntilde;oles, por manera que ha cuarenta e nueve a&ntilde;os que fueron a ellas cantidad de espa&ntilde;oles; e la primera tierra donde entraron para hecho de poblar, fue la grande y felic&iacute;sima isla Espa&ntilde;ola, que tiene seiscientas leguas en torno. Hay otras muy grandes e infinitas islas alrededor, por todas las partes della, que todas estaban e las vimos las m&aacute;s pobladas e llenas de naturales gentes, indios dellas, que puede ser tierra poblada en el mundo. La tierra firme, que est&aacute; de esta isla por lo m&aacute;s cercano docientas e cincuenta leguas, pocas m&aacute;s, tiene de costa de mar m&aacute;s de diez mil leguas descubiertas e cada d&iacute;a se descubren m&aacute;s, todas llenas como una colmena de gentes, en lo que hasta el a&ntilde;o de cuarenta e uno se ha descubierto, que parece que puso Dios en aquellas tierras todo el golpe, o la mayor cantidad de todo el linaje humano. <\/p>\n<p>Todas estas universas e infinitas gentes a toto genero cri&oacute; Dios los m&aacute;s simples, sin maldades ni dobleces, obedient&iacute;simas, fidel&iacute;simas a sus se&ntilde;ores naturales e a los cristianos a quien sirven; m&aacute;s humildes, m&aacute;s pacientes, m&aacute;s pac&iacute;ficas e quietas, sin rencillas ni bollicios, no rijosos, no querulosos, sin rancores, sin odios, sin desear venganzas, que hay en el mundo. Son asimesmo las gentes m&aacute;s delicadas, flacas y tiernas en complisi&oacute;n e que menos pueden sufrir trabajos y que m&aacute;s f&aacute;cilmente mueren de cualquiera enfermedad, que ni hijos de pr&iacute;ncipes e se&ntilde;ores entre nosotros, criados en regalos e delicada vida, no son m&aacute;s delicados que ellos, aunque sean de los que entre ellos son de linaje de labradores. Son tambi&eacute;n gentes paup&eacute;rrimas y que menos poseen ni quieren poseer de bienes temporales; e por esto no soberbias, no ambiciosas, no cubdiciosas. Su comida es tal que la de los sanctos padres en el desierto no parece haber sido m&aacute;s estrecha ni menos deleitosa ni pobre. Sus vestidos com&uacute;nmente son en cueros, cubiertas sus verg&uuml;enzas, e cuando mucho c&uacute;brense con una manta de algod&oacute;n, que ser&aacute; como vara y media o dos varas de lienzo en cuadra. Sus camas son encima de una estera e, cuando mucho, duermen en unas como redes colgadas, que en lengua de la isla Espa&ntilde;ola llamaban hamacas. Son eso mesmo de limpios e desocupados e vivos entendimientos, muy capaces e d&oacute;ciles para toda buena doctrina, apt&iacute;simos para receb&iacute;r nuestra sancta fe cat&oacute;lica, e ser dotados de virtuosas costumbres, e las que menos impedimientos tienen para esto que Dios cri&oacute; en el mundo. Y son tan importunas desque una vez comienzan a tener noticia de las cosas de la fe, para saberlas, y en ejercitar los sacramentos de la Iglesia y el culto divino, que digo verdad que han menester los religiosos, para sufrillos, ser dotados por Dios de don muy se&ntilde;alado de paciencia; e, finalmente, yo he o&iacute;do decir a muchos seglares espa&ntilde;oles de muchos a&ntilde;os ac&aacute; e muchas veces, no pudiendo negar la bondad que en ellos veen: &quot;cierto, estas gentes eran las m&aacute;s bienaventuradas del mundo, si solamente conoscieran a Dios&quot;. <\/p>\n<p>En estas ovejas mansas, y de las calidades susodichas por su Hacedor y Criador as&iacute; dotadas, entraron los espa&ntilde;oles desde luego que las conocieron como lobos e tigres y leones cruel&iacute;simos de muchos d&iacute;as hambrientos. Y otra cosa no han hecho de cuarenta a&ntilde;os a esta parte, hasta hoy, e hoy en este d&iacute;a lo hacen, sino despedazallas, matallas, angustiallas, afligillas, atormentallas y destruillas por las estra&ntilde;as y nuevas e varias e nunca otras tales vistas ni le&iacute;das ni o&iacute;das maneras de crueldad, de las cuales algunas pocas abajo se dir&aacute;n, en tanto grado, que habiendo en la isla Espa&ntilde;ola sobre tres cuentos de &aacute;nimas que vimos, no hay hoy de los naturales della docientas personas. La isla de Cuba es cuasi tan luenga como desde Valladolid a Roma, est&aacute; hoy cuasi toda despoblada. La isla de Sant Juan e la de Jamaica, islas muy grandes e muy felices e graciosas, ambas est&aacute;n asoladas. Las islas de los Lucayos, que est&aacute;n comarcanas a la Espa&ntilde;ola e a Cuba por la parte del Norte, que son m&aacute;s de sesenta con las que llamaban de Gigantes e otras islas grandes e chicas, e que la peor dellas es m&aacute;s f&eacute;rtil e graciosa que la huerta del rey de Sevilla, e la m&aacute;s sana tierra del mundo, en las cuales hab&iacute;a m&aacute;s de quinientas mil &aacute;nimas, no hay hoy una sola criatura. Todas las mataron tray&eacute;ndolas e por traellas a la isla Espa&ntilde;ola, despu&eacute;s que ve&iacute;an que se les acababan los naturales della. Andando un nav&iacute;o tres a&ntilde;os a rebuscar por ellas la gente que hab&iacute;a, despu&eacute;s de haber sido vendimiadas, porque un buen cristiano se movi&oacute; por piedad para los que se hallasen convertillos e ganallos a Cristo, no se hallaron sino once personas, las cuales yo vide. Otras m&aacute;s de treinta islas, que est&aacute;n en comarca de la isla de Sant Juan, por la mesma causa est&aacute;n despobladas e perdidas. Ser&aacute;n todas estas islas, de tierra, m&aacute;s de dos mil leguas, que todas est&aacute;n despobladas e desiertas de gente. <\/p>\n<p>De la gran Tierra Firme somos ciertos que nuestros espa&ntilde;oles por sus crueldades y nefandas obras, han despoblado y asolado y que est&aacute;n hoy desiertas, estando llenas de hombres racionales, m&aacute;s de diez reinos mayores que toda Espa&ntilde;a, aunque entre Arag&oacute;n y Portugal en ellos, y m&aacute;s tierra que hay de Sevilla a Jerusal&eacute;n dos veces, que son m&aacute;s de dos mil leguas. <\/p>\n<p>Daremos por cuenta muy cierta y verdadera que son muertas en los dichos cuarenta a&ntilde;os por las dichas tiran&iacute;as e infernales obras de los cristianos, injusta y tir&aacute;nicamente, m&aacute;s de doce cuentos de &aacute;nimas, hombres y mujeres y ni&ntilde;os; y en verdad que creo, sin pensar enga&ntilde;arme, que son m&aacute;s de quince cuentos. <\/p>\n<p>Dos maneras generales y principales han tenido los que all&aacute; han pasado, que se llaman cristianos, en estirpar y raer de la haz de la tierra a aquellas miserandas naciones. La una, por injustas, crueles, sangrientas y tir&aacute;nicas guerras. La otra, despu&eacute;s que han muerto todos los que podr&iacute;an anhelar o sospirar o pensar en libertad, o en salir de los tormentos que padecen, como son todos los se&ntilde;ores naturales y los hombres varones (porque com&uacute;nmente no dejan en las guerras a vida sino los mozos y mujeres), oprimi&eacute;ndolos con la m&aacute;s dura, horrible y &aacute;spera servidumbre en que jam&aacute;s hombres ni bestias pudieron ser puestas. A estas dos maneras de tiran&iacute;a infernal se reducen e se resuelven, o subalternan como a g&eacute;neros, todas las otras diversas y varias de asolar aquellas gentes, que son infinitas. <\/p>\n<p>La causa por que han muerto y destruido tantas y tales e tan infinito n&uacute;mero de &aacute;nimas los cristianos, ha sido solamente por tener por su fin &uacute;ltimo el oro y henchirse de riquezas en muy breves d&iacute;as, e subir a estados muy altos e sin proporci&oacute;n de sus personas; conviene a saber, por la insaciable cudicia e ambici&oacute;n que han tenido, que ha sido mayor que en el mundo ser pudo, por ser aquellas tierras tan felices e tan ricas, e las gentes tan humildes, tan pacientes y tan f&aacute;ciles a subjectarlas; a las cuales no han tenido m&aacute;s respecto ni dellas han hecho m&aacute;s cuenta ni estima (hablo con verdad por lo que s&eacute; y he visto todo el dicho tiempo), no digo que de bestias (porque pluguiera a Dios que como a bestias las hobieran tractado y estimado), pero como y menos que esti&eacute;rcol de las plazas. Y as&iacute; han curado de sus vidas e de sus &aacute;nimas, e por esto todos los n&uacute;meros e cuentos dichos han muerto sin fe e sin sacramentos. Y &eacute;sta es una muy notoria e averiguada verdad, que todos, aunque sean los tiranos e matadores, la saben e la confiesan: que nunca los indios de todas las Indias hicieron mal alguno a cristianos, antes los tuvieron por venidos del cielo, hasta que primero muchas veces hobieron recebido ellos o sus vecinos muchos males, robos, muertes, violencias y vejaciones dellos mesmos. <\/p>\n<p>&quot;De la isla Espa&ntilde;ola&quot; <\/p>\n<p>En la isla Espa&ntilde;ola, que fue la primera, como dejimos, donde entraron cristianos e comenzaron los grandes estragos e perdiciones destas gentes e que primero destruyeron y despoblaron; comenzando los cristianos a tomar las mujeres e hijos a los indios para servirse e para usar mal dellos; e comerles sus comidas que de sus sudores e trabajos sal&iacute;an, no content&aacute;ndose con lo que los indios les daban de su grado, conforme a la facultad que cada uno ten&iacute;a, que siempre es poca, porque no suelen tener m&aacute;s de lo que ordinariamente han menester e hacen con poco trabajo, e lo que basta para tres casas de a diez personas cada una para un mes, come un cristiano e destruye en un d&iacute;a; e otras muchas fuerzas e violencias e vejaciones que les hac&iacute;an; comenzaron a entender los indios que aquellos hombres no deb&iacute;an de haber venido del cielo. Y algunos escond&iacute;an sus comidas; otros sus mujeres e hijos; otros hu&iacute;anse a los montes por apartarse de gente de tan dura y terrible conversaci&oacute;n. Los cristianos d&aacute;banles de bofetadas e pu&ntilde;adas y de palos hasta poner las manos en los se&ntilde;ores de los pueblos. E lleg&oacute; esto a tanta temeridad y desverg&uuml;enza, que al mayor rey, se&ntilde;or de toda la isla, un capit&aacute;n cristiano le viol&oacute; por fuerza su propia mujer. <\/p>\n<p>De aqu&iacute; comenzaron los indios a buscar maneras para echar los cristianos de sus tierras: pusi&eacute;ronse en armas que son harto flacas e de poca ofensi&oacute;n e resistencia y menos defensa (por lo cual todas sus guerras son poco m&aacute;s que ac&aacute; juegos de ca&ntilde;as e aun de ni&ntilde;os); los cristianos con sus caballos y espadas e lanzas comienzan a hacer matanzas e crueldades extra&ntilde;as en ellos. Entraban en los pueblos, ni dejaban ni&ntilde;os ni viejos ni mujeres pre&ntilde;adas ni paridas que no desbarrigaban e hac&iacute;an pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos. Hac&iacute;an apuestas sobre qui&eacute;n de una cuchillada abr&iacute;a el hombre por medio, o le cortaba la cabeza de un piquete o le descubr&iacute;a las entra&ntilde;as. Tomaban las criaturas de las tetas de las madres, por las piernas, y daban de cabeza con ellas en las pe&ntilde;as. Otros daban con ellas en r&iacute;os por las espaldas, riendo e burlando e cayendo en el agua dec&iacute;an: bull&iacute;s cuerpo de tal; otras criaturas met&iacute;an a espada con las madres juntamente e todos cuantos delante de s&iacute; hallaban. Hac&iacute;an unas horcas largas, que juntasen casi los pies a la tierra, e de trece en trece, a honor y reverencia de Nuestro Redemptor e de los doce ap&oacute;stoles, poni&eacute;ndoles le&ntilde;a e fuego los quemaban vivos. Otros ataban o liaban todo el cuerpo de paja seca, peg&aacute;ndoles fuego as&iacute; los quemaban. Otros y todos los que quer&iacute;an tomar a vida, cort&aacute;banles ambas manos y dellas llevaban colgando, y dec&iacute;anles: &quot;Andad con cartas&quot;, conviene a saber, lleva las nuevas a las gentes que estaban huidas por los montes. Com&uacute;nmente mataban a los se&ntilde;ores y nobles desta manera: que hac&iacute;an unas parrillas de varas sobre horquetas y at&aacute;banlos en ellas y pon&iacute;anles por debajo fuego manso, para que poco a poco, dando alaridos en aquellos tormentos, desesperados, se les sal&iacute;an las &aacute;nimas. <\/p>\n<p>Una vez vide que, teniendo en las parrillas quem&aacute;ndose cuatro o cinco principales y se&ntilde;ores (y aun pienso que hab&iacute;a dos o tres pares de parrillas donde quemaban otros), y porque daban muy grandes gritos y daban pena al capit&aacute;n o le imped&iacute;an el sue&ntilde;o, mand&oacute; que los ahogasen, y el alguacil, que era peor que verdugo que los quemaba (y s&eacute; c&oacute;mo se llamaba y aun sus parientes conoc&iacute; en Sevilla), no quiso ahogallos, antes les meti&oacute; con sus manos palos en las bocas para que no sonasen y atiz&oacute;les el fuego hasta que se asaron de espacio como &eacute;l quer&iacute;a. Yo vide todas las cosas arriba dichas y muchas otras infinitas. Y porque toda la gente que huir pod&iacute;a se encerraba en los montes y sub&iacute;a a las sierras huyendo de hombres tan inhumanos, tan sin piedad y tan feroces bestias, extirpadores y capitales enemigos del linaje humano, ense&ntilde;aron y amaestraron lebreles, perros brav&iacute;simos que en viendo un indio lo hac&iacute;an pedazos en un credo, y mejor arremet&iacute;an a &eacute;l y lo com&iacute;an que si fuera un puerco. Estos perros hicieron grandes estragos y carnecer&iacute;as. Y porque algunas veces, raras y pocas, mataban los indios algunos cristianos con justa raz&oacute;n y santa justicia, hicieron ley entre s&iacute;, que por un cristiano que los indios matasen, hab&iacute;an los cristianos de matar cien indios. <\/p>\n<p>&quot;Los reinos que hab&iacute;a en la isla Espa&ntilde;ola&quot; <\/p>\n<p>Hab&iacute;a en esta isla Espa&ntilde;ola cinco reinos muy grandes principales y cinco reyes muy poderosos, a los cuales cuasi obedec&iacute;an todos los otros se&ntilde;ores, que eran sin n&uacute;mero, puesto que algunos se&ntilde;ores de algunas apartadas provincias no reconoc&iacute;an superior dellos alguno. El un reino se llamaba Magu&aacute;, la &uacute;ltima s&iacute;laba aguda, que quiere decir el reino de la vega. Esta vega es de las m&aacute;s insignes y admirables cosas del mundo, porque dura ochenta leguas de la mar del Sur a la del Norte. Tiene de ancho cinco leguas y ocho hasta diez; y tierras alt&iacute;simas de una parte y de otra. Entran en ella sobre treinta mil r&iacute;os y arroyos, entre los cuales son los doce tan grandes como Ebro y Duero y Guadalquivir. Y todos los r&iacute;os que vienen de la una sierra que est&aacute; al poniente, que son los veinte y veinte y cinco mil, son riqu&iacute;simos de oro. <\/p>\n<p>En la cual sierra o sierras se contiene la provincia de Cibao, donde se dicen las minas de Cibao, de donde sale aquel se&ntilde;alado y subido en quilates oro que por ac&aacute; tiene gran fama. El rey y se&ntilde;or deste reino se llamaba Guarionex; ten&iacute;a se&ntilde;ores tan grandes por vasallos, que juntaba uno dellos diecis&eacute;is mil hombres de pelea para servir a Guarionex, e yo conoc&iacute; a algunos dellos. Este rey Guarionex era muy obediente y virtuoso y naturalmente pac&iacute;fico y devoto a los reyes de Castilla; y dio ciertos a&ntilde;os su gente, por su mandado, cada persona que ten&iacute;a casa, lo g&uuml;eco de un cascabel lleno de oro, y despu&eacute;s, no pudiendo henchirlo, se lo cortaron por medio e dio llena aquella mitad, porque los indios de aquella isla ten&iacute;an muy poca o ninguna industria de coger o sacar el oro de las minas. Dec&iacute;a y ofresc&iacute;ase este cacique a servir al rey de Castilla, con hacer una labranza que llegase desde la Isabela, que fue la primera poblaci&oacute;n de los cristianos, hasta la ciudad de Sancto Domingo, que son grandes cincuenta leguas, porque no le pidiesen oro, porque dec&iacute;a, y con verdad, que no lo sab&iacute;an coger sus vasallos. La labranza que dec&iacute;a que har&iacute;a s&eacute; yo que la pod&iacute;a hacer y con grande alegr&iacute;a, y que valiera m&aacute;s al rey cada a&ntilde;o de tres cuentos de castellanos; y aun fuera tal que causara esta labranza haber en la isla hoy m&aacute;s de cincuenta ciudades tan grandes como Sevilla. <\/p>\n<p>El pago que dieron a este rey y se&ntilde;or tan bueno y tan grande, fue deshonrallo por la mujer, viol&aacute;ndosela un capit&aacute;n mal cristiano: &eacute;l, que pudiera aguardar tiempo y juntar de su gente para vengarse, acord&oacute; de irse y esconderse sola su persona y morir desterrado de su reino y estado a una provincia que se dec&iacute;a de los Ciguayos, donde era un gran se&ntilde;or su vasallo. Desde que lo hallaron menos los cristianos, no se les pudo encubrir: van y hacen guerra al se&ntilde;or que lo ten&iacute;a. Donde hicieron grandes matanzas hasta que en fin lo hobieron de hallar y prender, y preso con cadenas y grillos lo metieron en una nao para traerlo a Castilla. La cual se perdi&oacute; en la mar y con &eacute;l se ahogaron muchos cristianos y gran cantidad de oro, entre lo cual pereci&oacute; el grano grande, que era como una hogaza y pesaba tres mil y seiscientos castellanos, por hacer Dios venganza de tan grandes injusticias. <\/p>\n<p>El otro reino se dec&iacute;a del Mar&iacute;en, donde agora es el Puerto Real, al cabo de la Vega, hacia el norte, y m&aacute;s grande que el reino de Portugal, aunque cierto harto m&aacute;s felice y digno de ser poblado, y de muchas y grandes sierras y minas de oro y cobre muy rico, cuyo rey se llamaba Guscanagar&iacute; (&uacute;ltima aguda); debajo del cual hab&iacute;a muchos y muy grandes se&ntilde;ores, de los cuales yo vide y conoc&iacute; muchos; y a la tierra d&eacute;ste fue primero a parar el Almirante viejo que descubri&oacute; las Indias. Al cual recibi&oacute; la primera vez el dicho Guscanagar&iacute;, cuando descubri&oacute; la isla, con tanta humanidad y caridad, y a todos los cristianos que con &eacute;l iban; y les hizo tan suave y gracioso rescibimiento y socorro y aviamiento (perdi&eacute;ndosele all&iacute; aun la nao en que iba el Almirante), que en su misma patria y de sus mismos padres no lo pudiera rescebir mejor. Esto s&eacute; por relaci&oacute;n y palabras del mismo Almirante. Este rey muri&oacute; huyendo de las matanzas y crueldades de los cristianos, destruido y privado de su estado, por los montes perdido. Todos los otros se&ntilde;ores s&uacute;bditos suyos murieron en la tiran&iacute;a y servidumbre que abajo ser&aacute; dicha. <\/p>\n<p>El tercero reino y se&ntilde;or&iacute;a fue la Maguana; tierra tambi&eacute;n admirable, san&iacute;sima y fertil&iacute;sima, donde agora se hace la mejor az&uacute;car de aquella isla. El rey d&eacute;l se llam&oacute; Caonabo. Este, en esfuerzo y estado y gravedad y cerimonias de su servicio, excedi&oacute; a todos los otros. A &eacute;ste prendieron con una gran sutileza y maldad, estando seguro en su casa. Meti&eacute;ronlo despu&eacute;s en un nav&iacute;o para traello a Castilla, y estando en el puerto seis nav&iacute;os para se partir, quiso Dios mostrar ser aquella con las otras grande iniquidad e injusticia y envi&oacute; aquella noche una tormenta que hundi&oacute; todos los nav&iacute;os y ahog&oacute; todos los cristianos que en ellos estaban; donde muri&oacute; el dicho Caonabo cargado de cadenas y grillos. Ten&iacute;a este se&ntilde;or tres o cuatro hermanos muy varoniles y esforzados como &eacute;l; vista la prisi&oacute;n tan injusta de su hermano y se&ntilde;or y las destruiciones y matanzas que los cristianos en los otros reinos hac&iacute;an, especialmente desque supieron que el rey su hermano era muerto, pusi&eacute;ronse en armas para ir a cometer y vengarse de los cristianos: van los cristianos a ellos con ciertos de caballo (que es la m&aacute;s perniciosa arma que puede ser para entre indios) y hacen tantos estragos y matanzas que asolaron y despoblaron la mitad de todo aquel reino. <\/p>\n<p>El cuarto reino es [el] que se llam&oacute; de Xaragua; &eacute;ste era como el meollo o m&eacute;dula o como la corte de toda aquella isla; exced&iacute;a en la lengua y habla ser m&aacute;s polida; en la polic&iacute;a y crianza m&aacute;s ordenada y compuesta; en la muchedumbre de la nobleza y generosidad, porque hab&iacute;a muchos y en gran cantidad se&ntilde;ores y nobles; y en la lindeza y hermosura de toda la gente, a todos los otros. El rey y se&ntilde;or d&eacute;l se llamaba Behechio; ten&iacute;a una hermana que se llamaba Anacaona. Estos dos hermanos hicieron grandes servicios a los reyes de Castilla e inmensos beneficios a los cristianos, libr&aacute;ndolos de muchos peligros de muerte; y despu&eacute;s de muerto el rey Behechio qued&oacute; en el reino por se&ntilde;ora Anacaona. Aqu&iacute; lleg&oacute; una vez el gobernador que gobernaba esta isla, con sesenta de caballo y m&aacute;s trescientos peones, que los de caballo solos bastaban para asolar a toda la isla y la Tierra Firme, y lleg&aacute;ronse m&aacute;s de trescientos se&ntilde;ores a su llamado seguros; de los cuales hizo meter dentro de una casa de paja muy grande los m&aacute;s se&ntilde;ores por enga&ntilde;o; e metidos les mand&oacute; poner fuego y los quemaron vivos. A todos los otros alancearon e metieron a espada con infinita gente, e a la se&ntilde;ora Anacaona, por hacelle honra, ahorcaron. Y acaesc&iacute;a algunos cristianos, o por piedad o por cudicia, tomar algunos ni&ntilde;os para mamparallos no los matasen, e pon&iacute;anlos a las ancas de los caballos: ven&iacute;a otro espa&ntilde;ol por detr&aacute;s e pas&aacute;balos con su lanza. <\/p>\n<p>Otros&iacute;, estaba el ni&ntilde;o en el suelo, le cortaban las piernas con el espada. Alguna gente que pudo huir desta tan inhumana crueldad pas&aacute;ronse a una isla peque&ntilde;a que est&aacute; cerca de all&iacute; ocho leguas en la mar, y el dicho gobernador conden&oacute; a todos estos que all&iacute; se pasaron que fuesen esclavos, porque huyeron de la carnicer&iacute;a. <\/p>\n<p>El quinto reino se llamaba Hig&uuml;ey e se&ntilde;ore&aacute;balo una reina vieja que se llam&oacute; Higuanama. A &eacute;sta ahorcaron e fueron infinitas las gentes que yo vide quemar vivas y despedazar e atormentar por diversas y nuevas maneras de muerte e tormentos y hacer esclavos todos los que a vida tomaron. Y porque son tantas las particularidades que en estas matanzas e perdiciones de aquellas gentes ha habido, que en mucha escriptura no podr&iacute;an caber (porque en verdad que creo que por mucho que dijese no pueda explicar de mil partes una), s&oacute;lo quiero en lo de las guerras susodichas concluir con decir e afirmar que en Dios y en mi consciencia que tengo por cierto que para hacer todas las injusticias y maldades dichas e las otras que dejo e podr&iacute;a decir, no dieron m&aacute;s causa los indios ni tuvieron m&aacute;s culpa que podr&iacute;an dar o tener un convento de buenos e concertados religiosos para roballos e matallos y, los que de la muerte quedasen vivos, ponerlos en perpetuo captiverio e servidumbre de esclavos. Y m&aacute;s afirmo, que hasta que todas las muchedumbres de gentes de aquella isla fueron muertas e asoladas, que pueda yo creer y conjecturar, no cometieron contra los cristianos un solo pecado mortal que fuese punible por hombres; y los que solamente son reservados a Dios, como son los deseos de venganza, odio y rancor que pod&iacute;an tener aquellas gentes contra tan capitales enemigos, como les fueron los cristianos, &eacute;stos creo que cayeron en muy pocas personas de los indios, y eran poco m&aacute;s impetuosos e rigurosos, por la mucha experiencia que dellos tengo, que de ni&ntilde;os o muchachos de diez o doce a&ntilde;os. Y s&eacute; por cierta e infalible sciencia, que los indios tuvieron siempre just&iacute;sima guerra contra los cristianos, e los cristianos una ni ninguna nunca tuvieron justa contra los indios; antes fueron todas diab&oacute;licas e injust&iacute;simas e mucho m&aacute;s que de ning&uacute;n tirano se puede decir del mundo; e lo mismo afirmo de cuantas han hecho en todas las Indias. <\/p>\n<p>Despu&eacute;s de acabadas las guerras e muertes en ellas todos los hombres, quedando com&uacute;nmente los mancebos e mujeres y ni&ntilde;os, reparti&eacute;ronlos entre s&iacute;, dando a uno treinta, a otro cuarenta, a otro ciento y docientos (seg&uacute;n la gracia que cada uno alcanzaba con el tirano mayor, que dec&iacute;an gobernador). Y as&iacute; repartidos a cada cristiano d&aacute;banselos con esta color: que los ense&ntilde;ase en las cosas de la fe cat&oacute;lica, siendo com&uacute;nmente todos ellos idiotas y hombres crueles, avar&iacute;simos e viciosos, haci&eacute;ndoles curas de &aacute;nimas. Y la cura o cuidado que dellos tuvieron, fue enviar los hombres a las minas a sacar oro, que es trabajo intolerable; e las mujeres pon&iacute;an en las estancias, que son granjas, a cavar las labranzas y cultivar la tierra, trabajo para hombres muy fuertes y recios. No daban a los unos ni a las otras de comer sino yerbas y cosas que no ten&iacute;an substancia; sec&aacute;baseles la leche de las tetas a las mujeres paridas, e as&iacute; murieron en breve todas las criaturas. Y por estar los maridos apartados, que nunca v&iacute;an a las mujeres, ces&oacute; entre ellos la generaci&oacute;n; murieron ellos en las minas, de trabajos y hambre, y ellas en las estancias o granjas, de lo mesmo, e as&iacute; se acabaron tantas e tales multit&uacute;dines de gentes de aquella isla; e as&iacute; se pudiera haber acabado todas las del mundo. Decir las cargas que les echaban de tres y cuatro arrobas, e los llevaban ciento y docientas leguas. Y los mismos cristianos se hac&iacute;an llevar en hamacas, que son como redes, a cuestas de los indios, porque siempre usaron dellos como de bestias para cargar. Ten&iacute;an mataduras en los hombros y espaldas, de las cargas, como muy matadas bestias. Decir asimesmo los azotes, palos, bofetadas, pu&ntilde;adas, maldiciones e otros mil g&eacute;neros de tormentos que en los trabajos les daban, en verdad que en mucho tiempo ni papel no se pudiese decir e que fuese para espantar los hombres. <\/p>\n<p>Y es de notar que la perdici&oacute;n destas islas e tierras se comenzaron a perder y destruir desde que all&aacute; se supo la muerte de la seren&iacute;sima reina do&ntilde;a Isabel, que fue el a&ntilde;o de mil e quinientos e cuatro, porque hasta entonces s&oacute;lo en esta isla se hab&iacute;an destruido algunas provincias por guerras injustas, pero no del todo, y &eacute;stas por la mayor parte y cuasi todas se le encubrieron a la Reina. Porque la Reina, que haya santa gloria, ten&iacute;a grand&iacute;simo cuidado e admirable celo a la salvaci&oacute;n y prosperidad de aquellas gentes, como sabemos los que lo vimos y palpamos con nuestros ojos e manos los ejemplos desto. <\/p>\n<p>D&eacute;bese de notar otra regla en esto: que en todas las partes de las Indias donde han ido y pasado cristianos, siempre hicieron en los indios todas las crueldades susodichas e matanzas e tiran&iacute;as y opresiones abominables en aquellas &iacute;nnocentes gentes; e a&ntilde;ad&iacute;an muchas m&aacute;s e mayores y m&aacute;s nuevas maneras de tormentos, e m&aacute;s crueles siempre fueron porque los dejaba Dios m&aacute;s de golpe caer y derrocarse en reprobado juicio o sentimiento. <\/p>\n<p>&quot;De las dos islas de Sant Juan y Jamaica&quot; <\/p>\n<p>Pasaron a la isla de Sant Juan y a la de Jamaica (que eran unas huertas y unas colmenas) el a&ntilde;o de mil e quinientos y nueve los espa&ntilde;oles, con el fin e prop&oacute;sito que fueron a la Espa&ntilde;ola. Los cuales hicieron e cometieron los grandes insultos e pecados susodichos, y a&ntilde;idieron muchas se&ntilde;aladas e grand&iacute;simas crueldades m&aacute;s; matando y quemando y asando y echando a perros bravos, e despu&eacute;s oprimiendo y atormentando y vejando en las minas y en los otros trabajos, hasta consumir y acabar todos aquellos infelices innocentes: que hab&iacute;a en las dichas dos islas m&aacute;s de seiscientas mil &aacute;nimas, y creo que m&aacute;s de un cuento, e no hay hoy en cada una docientas personas, todas perecidas sin fe e sin sacramentos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>O Fray Bartolom\u00e9 de las Casas, dominicano que dedicou sua vida para ajudar os povos ind\u00edgenas desse Foto: O cl&aacute;ssico de pol&iacute;tica e cultura latino americana dessa semana &eacute; um texto do dominicano Fray Bartolom&eacute; de las Casas, chamado &quot;Brev&iacute;ssima relaci&oacute;n de la destruyci&oacute;n de las Indias&quot;. 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