{"id":907,"date":"2009-01-15T13:18:57","date_gmt":"2009-01-15T13:18:57","guid":{"rendered":"http:\/\/estrategiaeanalise.com.br\/site\/?p=907"},"modified":"2009-01-15T13:18:57","modified_gmt":"2009-01-15T13:18:57","slug":"coletanea-de-discursos-originais-de-benito-juarez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/estrategiaeanalise.com.br\/?p=907","title":{"rendered":"Colet\u00e2nea de discursos originais de Benito Ju\u00e1rez"},"content":{"rendered":"<figure class=\"image-container image-post-defautl\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/estrategiaeanalise.com.br\/site\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/benitojuarez15_01_2009.jpg\" title=\"Fossem os pol\u00edticos mexicanos t\u00e3o limpos e leais quanto Ju\u00e1rez e o sistema Priista jamais teria se instalado. - Foto:\" alt=\"Fossem os pol\u00edticos mexicanos t\u00e3o limpos e leais quanto Ju\u00e1rez e o sistema Priista jamais teria se instalado. - Foto:\" class=\"image\"><figcaption class=\"fig-caption\">Fossem os pol\u00edticos mexicanos t\u00e3o limpos e leais quanto Ju\u00e1rez e o sistema Priista jamais teria se instalado.<\/figcaption><small itemprop=\"copyrightHolder\" class=\"copyright\"> Foto:<\/small><\/figure>\n<p>Benito Ju&aacute;rez &eacute; uma figura que goza de um certo consenso entre os ativistas pol&iacute;ticos defensores da unidade latino-americana. Not&oacute;rio homem p&uacute;blico de origem ind&iacute;gena, antes que nada, foi um mexicano com alma nativa, homem de letras, palavras, sentido de povo e armas. Alfabetizou-se em zapoteco, a l&iacute;ngua natal de sua comunidade original, em San Pablo Guelatao, estado de Oaxaca, M&eacute;xico. Na juventude, sua trajet&oacute;ria confunde-se com estudos, ex&iacute;lios e participa&ccedil;&atilde;o pol&iacute;tica; passando pelo semin&aacute;rio e os estudos de Direito. Participou ativamente das Reformas da Laicidade do M&eacute;xico, confrontando-se &agrave; tirania de Santa Anna e a importa&ccedil;&atilde;o for&ccedil;ada de um imperador como o franc&ecirc;s Maximiliano. N&atilde;o hesitou a defender suas id&eacute;ias e sua gente at&eacute; &agrave;s &uacute;ltimas conseq&uuml;&ecirc;ncias. Expomos abaixo uma colet&acirc;nea de seus discursos retirados da p&aacute;gina oficial da C&acirc;mara de Deputados do Congresso Nacional dos Estados Unidos de M&eacute;xico (diputados.gob.mx). <\/p>\n<p>A saber, fica uma d&uacute;vida: Se vivo fosse, aceitariam Benito e os juariztas a corrup&ccedil;&atilde;o e fraudes end&ecirc;micas que assolam a na&ccedil;&atilde;o mexicana? Por suposto que n&atilde;o, nunca, n&atilde;o h&aacute; l&oacute;gica poss&iacute;vel em presumir a &quot;sensatez covarde&quot; quem n&atilde;o claudicou jamais!<\/p>\n<p>por Benito Ju&aacute;rez<\/p>\n<p>1858 Manifiesto de Benito Ju&aacute;rez <\/p>\n<p>Mexicanos: <\/p>\n<p>El Gobierno constitucional de la Rep&uacute;blica, cuya marcha fue interrumpida por la defecci&oacute;n del que fue depositario del poder supremo, queda restablecido. La Carta fundamental del pa&iacute;s ha recibido una nueva sanci&oacute;n, tan expl&iacute;cita y elocuente, que solo podr&aacute;n desconocerla los que voluntariamente quieran cerrar los ojos a la evidencia de los hechos. <\/p>\n<p>Los hombres que de buena o mala fe repugnaban aceptar las reformas sociales que aquel c&oacute;digo establece para honor de M&eacute;xico, y para el bien procomunal, han promovido motines a mano armada, poniendo en peligro la unidad nacional y la independencia de la Rep&uacute;blica. <\/p>\n<p>Han invocado el nombre sagrado de nuestra religi&oacute;n, haci&eacute;ndola servir de instrumento a sus ambiciones ileg&iacute;timas, y queriendo aniquilar de un solo golpe la libertad, que los mexicanos han conquistado a costa de todo g&eacute;nero de sacrificios, se han servido hasta de los mismos elementos de poder que la naci&oacute;n depositara para la conservaci&oacute;n y defensa de sus derechos, en manos de jefe a quien hab&iacute;a honrado con su ilimitada confianza. Sin embargo, tan poderosos como han sido esos elementos, han venido a estrellarse ante la voluntad nacional, y s&oacute;lo han servido para dar a sus promovedores el m&aacute;s cruel de los desenga&ntilde;os, y para establecer la verdad pr&aacute;ctica de que hoy en adelante los destinos de los mexicanos no depender&aacute;n y a de las facciones, cualesquiera que sean los antecedentes de quienes las formen. <\/p>\n<p>La voluntad general expresada en el Constituci&oacute;n y en las ley es que la Naci&oacute;n se ha dado por medio de sus leg&iacute;timos representantes, es la &uacute;nica regla a que deben sujetarse los mexicanos para labrar su felicidad a la sombra ben&eacute;fica de la paz. Consecuencia con este principio, que ha sido la norma de mis operaciones, y obedeciendo al llamamiento por la Naci&oacute;n, he reasumido el mando supremo luego que he tenido libertad para verificarlo. Llamado a este dif&iacute;cil puesto por su precepto constitucional, y no por el favor de las facciones, procurar&eacute; en el corto per&iacute;odo de mi administraci&oacute;n, que el gobierno sea el protector imparcial de las garant&iacute;as individuales, el defensor de los derechos de la Naci&oacute;n y de las libertades p&uacute;blicas. Entretanto se re&uacute;ne el Congreso de la Uni&oacute;n a continuar sus importantes tareas, dictar&eacute; las medidas que las circunstancias demanden para expeditar la marcha de la administraci&oacute;n en sus distintos ramos y para restablecer la paz. Llamar&eacute; al orden a los que con armas en la mano o de cualquiera manera niegan la obediencia a la ley y a la autoridad, y si por una desgracia lamentable se obstinaren en seguir la senda extraviada que han emprendido, cuidar&eacute; de reprimirlos con toda la energ&iacute;a que corresponde, haciendo respetar las prerrogativas de la autoridad suprema de la Rep&uacute;blica. <\/p>\n<p>Mexicanos: sab&eacute;is ya cual es la conducta que me propongo seguir para corresponde al honor inmenso que se me ha prodigado, y ser fiel a las aspiraciones de mi conciencia: prestadme vuestra cooperaci&oacute;n y salvaremos a nuestra Patria, sin que importen los m&aacute;s grandes sacrificios; la causa que sostenemos es justa, y confiemos en que la Providencia Divina, la seguir&aacute; protegiendo como hasta aqu&iacute;. <\/p>\n<p>Benito Juarez <\/p>\n<p>Guanajuato, Gto. <\/p>\n<p>1859 Manifiesto a la Naci&oacute;n Benito Ju&aacute;rez anuncia el programa del gobierno liberal. <\/p>\n<p>En la dif&iacute;cil y comprometida situaci&oacute;n en que hace dieciocho meses se ha encontrado la Rep&uacute;blica, a consecuencia del escandaloso mot&iacute;n que estall&oacute; en Tacubaya a fines de 1857, y en medio de la confusi&oacute;n y el desconcierto introducidos por aquel atentado, tan injustificable en sus fines como en sus medios, el Poder P&uacute;blico, que en virtud del C&oacute;digo pol&iacute;tico del mismo a&ntilde;o, tiene el imprescindible deber de conservar el orden legal en casos como el presente, hab&iacute;a juzgado oportuno guardar silencio acerca de los pensamientos que abriga para curar radicalmente los males que afligen a la sociedad, porque una vez entablada la lucha armada entre una inmensa mayor&iacute;a de la Naci&oacute;n y los que pretenden oprimirla, cre&iacute;a llenar su misi&oacute;n apoyando los derechos de los pueblos por los medios que estaban a su alcance, confiado en que la bondad misma de una causa que tiene a su favor la raz&oacute;n y la justicia, y los repetidos desenga&ntilde;os que de su impotencia para sobreponerse a ella deb&iacute;an recibir a cada paso sus adversarios, har&iacute;an desistir a &eacute;stos de su criminal intento, &oacute; sucumbir prontamente en tal contienda. <\/p>\n<p>Mas cuando, por desgracia, no ha sido esto as&iacute;; cuando a pesar de la prolongada resistencia que la sociedad est&aacute; oponiendo al triunfo de aquel mot&iacute;n, los autores de &eacute;ste contin&uacute;an empe&ntilde;ados en sostenerlo, apoyados &uacute;nicamente en la decidida protecci&oacute;n del alto clero y en la fuerza de las bayonetas que tienen a sus &oacute;rdenes; cuando, por resultado de esa torpe y criminal obstinaci&oacute;n, la Rep&uacute;blica parece condenada a seguir sufriendo a&uacute;n por alg&uacute;n tiempo los desastres y las calamidades que forman la horrible historia de tan escandalosa rebeli&oacute;n, creer&iacute;a el Gobierno faltar a uno de los primeros deberes que la misma situaci&oacute;n le impone, si suspendiera por m&aacute;s tiempo la p&uacute;blica manifestaci&oacute;n de sus ideas, no ya s&oacute;lo acerca de las graves cuestiones que hoy se ventilan en el terreno de los hechos de armas, sino tambi&eacute;n sobre la marcha que se propone seguir en los diversos ramos de la Administraci&oacute;n P&uacute;blica. <\/p>\n<p>La Naci&oacute;n se encuentra hoy en un momento solemne, porque del resultado de la encarnizada lucha que los partidarios del oscurantismo y de los abusos han provocado esta vez contra los m&aacute;s claros principios de la libertad y del progreso social, depende todo su porvenir. En momento tan supremo, el Gobierno tiene el sagrado deber de dirigirse a la Naci&oacute;n , y hacer escuchar en ella la voz de sus m&aacute;s caros derechos &eacute; intereses, no s&oacute;lo porque as&iacute; se manifestar&aacute; m&aacute;s y m&aacute;s la opini&oacute;n p&uacute;blica en el sentido conveniente, sino porque as&iacute; tambi&eacute;n apreciar&aacute;n mejor los pueblos la causa de los grandes sacrificios que est&aacute;n haciendo al combatir con sus opresores, y porque as&iacute;, en fin, se lograr&aacute; que en todas las naciones civilizadas del mundo se vea claramente cu&aacute;l es el verdadero objeto de esta lucha que tan hondamente conmueve a la Rep&uacute;blica. <\/p>\n<p>Al cumplir con este deber, nada tiene que decir el Gobierno respecto de sus pensamientos sobre la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica del pa&iacute;s, porque siendo &eacute;l mismo una emanaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n de 1857, y consider&aacute;ndose, adem&aacute;s, como el representante leg&iacute;timo de los principios liberales consignados en ella, debe comprenderse naturalmente que sus aspiraciones se dirigen a que los ciudadanos todos, sin distinci&oacute;n de clases y condiciones, disfruten de cuantos derechos y garant&iacute;as sean compatibles con el buen orden de la sociedad; a que hoy unos y otras se hagan siempre efectivas por la buena Administraci&oacute;n de justicia; a que las autoridades todas cumplan fielmente sus deberes y atribuciones, sin excederse nunca del c&iacute;rculo marcado por las ley es, y , finalmente, a que los Estados de la Federaci&oacute;n usen de las facultades que les corresponden, para administrar libremente sus intereses, as&iacute; como para promover todo lo conducente a su prosperidad, en cuanto no se oponga a los derechos &eacute; intereses generales de la Rep&uacute;blica. <\/p>\n<p>Mas como quiera que esos principios, a pesar de haber sido consignados y a, con m&aacute;s o menos extensi&oacute;n, en los diversos C&oacute;digos pol&iacute;ticos que ha tenido el pa&iacute;s desde su independencia, y &uacute;ltimamente en la Constituci&oacute;n de 1857, no han podido ni podr&aacute;n arraigarse en la Naci&oacute;n , mientras que en su modo de ser social administrativo se conserven los diversos elementos de despotismo, de hipocres&iacute;a, de inmoralidad y de desorden que los contrar&iacute;an, el Gobierno cree que sin apartarse esencialmente de los principios constitutivos, est&aacute; en el deber de ocuparse muy seriamente en hacer desaparecer esos elementos, bien convencido y a por la dilatada experiencia de todo lo ocurrido hasta aqu&iacute;, de que entretanto que ellos subsistan, no hay orden ni libertad posibles. <\/p>\n<p>Para hacer, pues, efectivos el uno y la otra, dando unidad al pensamiento de la reforma social, por medio de disposiciones que produzcan el triunfo s&oacute;lido y completo de los buenos principios, he aqu&iacute; las medidas que el Gobierno se propone realizar. <\/p>\n<p>En primer lugar, para poner t&eacute;rmino definitivo a esa guerra sangrienta y fratricida que de una parte del clero est&aacute; fomentando hace tanto tiempo, que la Naci&oacute;n por s&oacute;lo conservar los intereses y prerrogativas que hered&oacute; del sistema colonial, abusando escandalosamente de la influencia que le dan las riquezas que ha tenido en sus manos, y del ejercicio de su sagrado ministerio, desarmar de una vez a esta clase de los elementos que sirven de apoyo a su funesto dominio, cree indispensable: <\/p>\n<p>1. Adoptar, como regla general &eacute; invariable, la m&aacute;s perfecta independencia entre los negocios del Estado y los puramente eclesi&aacute;sticos. <\/p>\n<p>2. Suprimir todas las corporaciones de regulares del sexo masculino, sin excepci&oacute;n alguna, seculariz&aacute;ndose los sacerdotes que actualmente hay en ellas. <\/p>\n<p>3. Extinguir igualmente las cofrad&iacute;as, archicofrad&iacute;as, hermandades, y en general todas las corporaciones &oacute; congregaciones que existen de esta naturaleza. <\/p>\n<p>4. Cerrar los noviciados en los conventos de monjas, conserv&aacute;ndose las que actualmente existen en ellos, con los capitales &oacute; dotes que cada una hay a introducido, y con la asignaci&oacute;n de lo necesario para el servicio del culto en sus respectivos templos. <\/p>\n<p>5. Declarar que han sido y son propiedades de la Naci&oacute;n todos los bienes que hoy administra el clero secular y regular con diversos t&iacute;tulos, as&iacute; como el excedente que tengan los conventos de monjas, deduciendo el monto de sus dotes, y enajenar dichos bienes, admitiendo en pago de una parte de su valor t&iacute;tulos de la Deuda p&uacute;blica y de capitalizaci&oacute;n de empleos. <\/p>\n<p>6. Declarar, por &uacute;ltimo, que la remuneraci&oacute;n que dan los fieles a los sacerdotes, as&iacute; por la administraci&oacute;n de los sacramentos, como por todos los dem&aacute;s servicios eclesi&aacute;sticos, y cuy o producto anual, bien distribuido, basta para atender ampliamente el sostenimiento del culto y de sus ministros, es objeto de convenios libres entre unos y otros, sin que para nada intervenga en ellos la autoridad civil. <\/p>\n<p>Adem&aacute;s de estas medidas, que, en concepto del Gobierno, son las &uacute;nicas que pueden dar por resultado la sumisi&oacute;n del clero a la potestad civil, en sus negocios temporales, dej&aacute;ndolo, sin embargo, con todos los medios necesarios para que pueda consagrarse exclusivamente, como es debido, al ejercicio de su sagrado ministerio, cree tambi&eacute;n indispensable proteger en la Rep&uacute;blica con toda su autoridad, la libertad religiosa, por ser &eacute;sta necesaria para su prosperidad y engrandecimiento, a la vez que una exigencia de la civilizaci&oacute;n actual. <\/p>\n<p>En el ramo de Justicia, el Gobierno comprende que una de las m&aacute;s urgentes necesidades de la Rep&uacute;blica , es la formaci&oacute;n de C&oacute;digos claros y sencillos sobre negocios civiles y criminales y sobre procedimientos, porque s&oacute;lo de esta manera se podr&aacute; sacar a nuestra Legislaci&oacute;n del embrollado laberinto en que actualmente se encuentra, uniform&aacute;ndola en toda la Naci&oacute;n , expeditando la acci&oacute;n de los criminales y poniendo el conocimiento de las ley es al alcance de todo el mundo; y como quiera que para la ejecuci&oacute;n de este importante trabajo, bastar&aacute; que se dediquen a &eacute;l con empe&ntilde;o los jurisconsultos a quienes se les encomienda el Gobierno se propone hacer un esfuerzo para que no quede aplazada por m&aacute;s tiempo esta mejora, a fin de que la sociedad comience a disfrutar de los numerosos beneficios que ella ha de producirle. <\/p>\n<p>El establecimiento de los jurados de hecho para todos los delitos comunes, es tambi&eacute;n, una de las exigencias de la Naci&oacute;n, y el Gobierno har&aacute; cuanto est&eacute; de su parte para plantear tan interesante reforma. <\/p>\n<p>Entretanto que se realiza esta innovaci&oacute;n y se promulgan los C&oacute;digos, el Gobierno se propone expedir sin demora aquellas medidas que juzgue urgentes, para hacer efectivas las primeras garant&iacute;as de los ciudadanos y destruir los errores &oacute; abusos que se oponen a la libre circulaci&oacute;n de la riqueza p&uacute;blica. <\/p>\n<p>Respecto de que la justicia sea administrada gratuitamente, la Constituci&oacute;n de 1857 ha establecido y a este principio como un precepto fundamental; mas como para que tal precepto produzca los buenos efectos que se propuso el legislador, es indispensable que se provea muy puntualmente al pago de los sueldos de los Magistrados, jueces y empleados del ramo judicial, el Gobierno se propone atenderlo con la preferencia que merece, porque est&aacute; convencido de que faltando esta circunstancia, aquel precepto, en vez de bienes, causar&iacute;a grandes males a la sociedad. Sobre este punto se propone tambi&eacute;n el Gobierno dictar la providencia que sea m&aacute;s conveniente, para impedir la multiplicaci&oacute;n de pleitos a que puede dar lugar esta importante reforma. <\/p>\n<p>Sobre abolici&oacute;n de fueros de clase en delitos comunes, nada tiene el Gobierno que decir, porque ella est&aacute; ya expresamente convenida en la Constituci&oacute;n , y no ser&aacute; por cierto la actual Administraci&oacute;n la que piense jam&aacute;s en restablecer tan injustas como odiosas distinciones. <\/p>\n<p>En materia de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica, el Gobierno procurar&aacute;, con el mayor empe&ntilde;o, que se aumenten los establecimientos de ense&ntilde;anza primaria gratuita, y que todos ellos sean dirigidos por personas que re&uacute;nan la instrucci&oacute;n y moralidad que se requieren, para desempe&ntilde;ar con acierto el cargo de preceptores de la juventud, porque tiene el convencimiento de que la instrucci&oacute;n es la primera base de la prosperidad de un pueblo, a la vez que el medio m&aacute;s seguro de hacer imposibles los abusos del Poder. Con ese mismo objeto, el Gobierno General, por s&iacute;, y excitando a los particulares de los Estados, promover&aacute; y fomentar&aacute; la publicaci&oacute;n y circulaci&oacute;n de manuales sencillos y claros, sobre los derechos y obligaciones del hombre en sociedad, as&iacute; como sobre aquellas ciencias que m&aacute;s directamente contribuyen a su bienestar y a ilustrar su entendimiento, haciendo que esos manuales se estudien, aun por los ni&ntilde;os que concurran a los establecimientos de educaci&oacute;n primaria, a fin de que, desde su m&aacute;s tierna edad, vayan adquiriendo nociones &uacute;tiles, y formando sus ideas en el sentido que es conveniente para bien general de la sociedad. R especto de la instrucci&oacute;n secundaria y superior, el Gobierno se propone formar un nuevo plan de estudios, mejorando la situaci&oacute;n de los preceptores que se emplean en esta parte de la ense&ntilde;anza p&uacute;blica, as&iacute; como el sistema que para ella se sigue actualmente en los colegios, y ajust&aacute;ndose al principio que sobre esto contiene la Constituci&oacute;n se adoptar&aacute; el sistema de la m&aacute;s amplia libertad respecto de toda clase de estudios, as&iacute; como del ejercicio de las carreras &oacute; profesiones que con ellos se forman, a fin de que todo individuo, nacional &oacute; extranjero, una vez que demuestre en el examen respectivo la aptitud y los conocimientos necesarios, sin indagar el tiempo y lugar en que los hay a adquirido, pueda dedicarse a la profesi&oacute;n cient&iacute;fica &oacute; literaria para que sea apto. <\/p>\n<p>En las relaciones del Gobierno General con los particulares de los Estados, la actual Administraci&oacute;n, lejos de contrariar los intereses y las justas exigencias de &eacute;stos, est&aacute;, por el contrario, resuelto a apoyarlos en cuanto est&eacute; en sus facultades, auxili&aacute;ndolos, adem&aacute;s, en todo aquello que de alguna manera conduzca a mejorar su situaci&oacute;n, a fin de estrechar as&iacute; los v&iacute;nculos de uni&oacute;n que deben existir entre las localidades y el centro de la Rep&uacute;blica. <\/p>\n<p>Una de las primeras necesidades de &eacute;sta, es hoy la de atender a la seguridad en los caminos y poblaciones, para extinguir los malhechores que se encuentran en unos y otras, no s&oacute;lo por los inmensos males que la subsistencia de esa plaga causa interiormente a la Naci&oacute;n , paralizando el movimiento de su poblaci&oacute;n y riqueza, y manteniendo en constante alarma y peligro la vida y los intereses de sus habitantes, sino porque ella desconcept&uacute;a al pa&iacute;s cada d&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s en el exterior, &eacute; impide que vengan a radicarse en &eacute;l, multitud de capitales y de personas laboriosas que, por esa causa, van a establecerse en otros puntos. Por tales razones, el Gobierno est&aacute; firmemente resuelto a trabajar sin descanso en remediar este grave mal, por todos los medios que est&eacute;n a su alcance. <\/p>\n<p>En cuanto al odioso sistema de exigir pasaportes a los viajeros &oacute; caminantes, in&uacute;til es decir que quedar&aacute; abolido, cuando lo est&aacute; y a por la Constituci&oacute;n: y mal podr&iacute;a el gobierno actual pensar en restablecerlo, cuando sus ideas encaminan precisamente a destruir todos los obst&aacute;culos que se oponen al libre tr&aacute;nsito de las personas &eacute; intereses en el territorio nacional. <\/p>\n<p>La emisi&oacute;n de las ideas por la prensa debe ser libre, como es libre en el hombre la facultad de pensar, y el Gobierno no cree que deben impon&eacute;rsele otras trabas que aquellas que tiendan a impedir &uacute;nicamente la publicaci&oacute;n de escritos inmorales, sediciosos &oacute; subversivos, y de los que contengan calumnias &oacute; ataques a la v ida privada. <\/p>\n<p>El Registro Civil es, sin duda, una de las medidas que con urgencia reclama nuestra sociedad, para quitar al clero esa forzosa y exclusiva intervenci&oacute;n que hasta ahora ejerce en los principales actos de la v ida de los ciudadanos, y , por lo mismo, el Gobierno tiene la resoluci&oacute;n de que se adopte esa reforma, conquistando definitivamente el gran principio que tal medida debe llevar por objeto, esto es, estableciendo que una vez celebrados esos actos ante la autoridad civil, surtan y a todos sus efectos legales. <\/p>\n<p>Respecto de las relaciones de la Rep&uacute;blica con las naciones amigas, el Gobierno se propuso cultivarlas siempre con el mayor esmero, evitando, por su parte, todo motivo de desavenencia: para esto cree bastante observar fielmente los tratados celebrados con ellas y los principios generales del derecho de gentes &eacute; internacional, y abandonar, sobre todo, para siempre, como lo ha hecho hasta aqu&iacute;, ese sistema de evasivas y moratorias que, con grave da&ntilde;o de la Naci&oacute;n , se ha seguido frecuentemente en el despacho de los negocios de este ramo, atendiendo, por el contrario, con el mayor empe&ntilde;o, toda reclamaci&oacute;n en el acto que se presente, y resolvi&eacute;ndola sin demora, en vista de las circunstancias del caso, seg&uacute;n los principios de recta justicia y de mutua conveniencia, que forman la base s&oacute;lida de las relaciones de amistad entre los pueblos civilizados del mundo. <\/p>\n<p>Tambi&eacute;n cree el Gobierno que ser&aacute; muy conveniente fijar con claridad por una disposici&oacute;n general, y conforme con las reglas y pr&aacute;cticas establecidas en otros pa&iacute;ses, la intervenci&oacute;n que hayan de tener los c&oacute;nsules y vicec&oacute;nsules extranjeros en la Rep&uacute;blica, tanto en los negocios de sus respectivos nacionales, como en sus relaciones con las autoridades, a fin de evitar, as&iacute;, la repetici&oacute;n de las cuestiones que m&aacute;s de una vez se han suscitado y a sobre este punto. <\/p>\n<p>En cuanto al nombramiento de legaciones en los pa&iacute;ses extranjeros con quienes nos ligan relaciones de amistad, cree el Gobierno que el estado actual de &eacute;stas con dichos pa&iacute;ses, est&aacute; muy lejos de exigir un Ministro residente en cada uno de ellos, y su opini&oacute;n es que por ahora deben limitarse a dos: uno en los Estados Unidos de Am&eacute;rica, y otro en Europa, fijando &eacute;ste &uacute;ltimo su residencia en Par&iacute;s o en Londres, de donde podr&aacute; trasladarse, en caso necesario, al punto que se le designe. E n las dem&aacute;s capitales de Europa y Am&eacute;rica, mientras que no ocurra alg&uacute;n negocio que, por su misma gravedad, demande la presencia de un Ministro Plenipotenciario, bastar&aacute; que hay a C&oacute;nsules generales con el car&aacute;cter de encargados de negocios. Estos agentes, seg&uacute;n la nueva ley que al efecto debe expedirse, ser&aacute;n precisamente nacidos en la Rep&uacute;blica. <\/p>\n<p>Acerca de la Hacienda Nacional , la opini&oacute;n del Gobierno es que deben hacerse reformas muy radicales, no s&oacute;lo para establecer un sistema de impuestos que no contrar&iacute;e el desarrollo de la riqueza y que destruya los graves errores que nos dej&oacute; el r&eacute;gimen colonial, sino para poner un t&eacute;rmino definitivo a la bancarrota que en ella han introducido los desaciertos cometidos despu&eacute;s en todos los ramos de la Administraci&oacute;n P&uacute;blica , y sobre todo, para crear grandes intereses que se identifiquen con la reforma social, coadyuvando eficazmente a la marcha liberal y progresista de la Naci&oacute;n. <\/p>\n<p>En primer lugar deben abolirse para siempre las alcabalas, los contra registros, los peajes, y, en general, todos los impuestos que se recauden en el interior de la Rep&uacute;blica sobre el movimiento de la riqueza, de las personas y de los medios de transportes que conducen unas y otras, porque tales impuestos son, bajo todos aspectos, contrarios a la prosperidad de la Rep&uacute;blica. <\/p>\n<p>En igual caso, aunque sin todas sus funestas consecuencias, se encuentra el derecho sobre la translaci&oacute;n de dominio en fincas r&uacute;sticas y urbanas, y, por tal raz&oacute;n, debe tambi&eacute;n ser extinguido del todo. <\/p>\n<p>El derecho de 3 por 100 sobre el oro y la plata que se extrae de las minas, y el de un real por marco llamado de miner&iacute;a, son unos impuestos verdaderamente injustos y odiosos en su base, porque no recaen sobre las utilidades del minero, sino sobre el producto bruto de las minas, que las m&aacute;s veces no representa sino una peque&ntilde;a parte de lo que se emplea en esas negociaciones antes de encontrar la codiciada riqueza. Por esta raz&oacute;n, y porque verdaderamente esos impuestos est&aacute;n en abierta contradicci&oacute;n con la protecci&oacute;n que en el estado actual de la Rep&uacute;blica debe dar el Gobierno a esa clase de industria, la presente Administraci&oacute;n cree que conviene reformarlos de manera que los especuladores en las aventuradas negociaciones de minas no sufran gravemente alguno, sino cuando comiencen a recibir utilidades de ellas, y con tal objeto puede adoptarse como base fija &eacute; invariable la de que en los dividendos &oacute; repartos de utilidades que se hagan en cada negociaci&oacute;n de minas tenga el Gobierno lo correspondiente a dos barras de las 24 en que se dividen conforme a ordenanza, aboli&eacute;ndose todos los dem&aacute;s grav&aacute;menes que hoy pesan sobre ellos. <\/p>\n<p>Respecto del comercio exterior, el Gobierno tiene la resoluci&oacute;n de hacer cuanto est&eacute; de su parte para facilitar el desarrollo de este elemento de riqueza y de civilizaci&oacute;n en la Rep&uacute;blica, y a simplificando los requisitos que para &eacute;l se exigen por las ley es vigentes, y a moderando sus actuales grav&aacute;menes. Una de las medidas que con el mismo objeto se propone dictar; es la de establecer en las costas del Golfo y del Pac&iacute;fico, algunos puertos de dep&oacute;sito, con la facultad de re-exportar las mercanc&iacute;as cuando as&iacute; convenga a los interesados, como se practica en todos los pa&iacute;ses donde hay puertos de esta clase. <\/p>\n<p>Las diferentes ley es que hasta ahora se han expedido sobre clasificaci&oacute;n de rentas para se&ntilde;alar las que pertenecen a los Estados y al Gobierno general, adolecen del defecto de no descansar en una base segura, que marque bien la separaci&oacute;n de unas y otras, porque m&aacute;s que a la naturaleza de los impuestos, se ha atendido a sus productos, lo cual ha dado lugar, por otra parte, a cuestiones y disgustos que deben evitarse entre las autoridades del centro y de los Estados; por estas razones, y para fijar sobre un principio de justicia y conveniencia notorias la perfecta separaci&oacute;n de las rentas de los Estados y del centro, el Gobierno cree que debe adoptarse, como base invariable, la de que todos los impuestos directos sobre las personas, las propiedades, los establecimientos de giro &eacute; industria, las profesiones y dem&aacute;s objetos imponibles, pertenecen a los primeros, y los indirectos al segundo. L a raz&oacute;n fundamental de esta separaci&oacute;n no puede ser m&aacute;s clara y perceptible, porque ella se apoya en el principio cierto de que s&oacute;lo el Gobierno Supremo, que es quien atiende a los gastos y obligaciones de la Naci&oacute;n, es tambi&eacute;n quien tiene el derecho de recaudar impuestos que graven en general a todos sus habitantes, mientras que los de los Estados no lo tienen sino para gravar a los de sus respectivos territorios, supuesto que solo atiende a los gastos de &eacute;stos. A dem&aacute;s de esa raz&oacute;n, hay otras muchas de conveniencia general que sin duda comprender&aacute; todo aquel que examine detenidamente la cuesti&oacute;n; y tambi&eacute;n es f&aacute;cil comprender que s&oacute;lo adoptando este pensamiento, es como los Estados se ver&aacute;n realmente libres del poder del centro en materia de recursos, que es la base de la libertad en todos los dem&aacute;s ramos de su administraci&oacute;n interior. Adoptando este sistema, no habr&aacute; y a tampoco la obligaci&oacute;n, por parte de los Estados, de contribuir con un contingente de sus rentas para los gastos de Gobierno general. <\/p>\n<p>Uno de los m&aacute;s graves males que hoy sufre el Tesoro de la Naci&oacute;n, a consecuencia de las disposiciones del gobierno espa&ntilde;ol, durante el r&eacute;gimen colonial, y del desorden con que posteriormente se ha abusado de ellas, es esa multitud de pensionistas de los ramos civil y militar, que pretenden vivir sobre el Erario, con los t&iacute;tulos de retirados, cesantes, jubilados, viudas y otras denominaciones. El tama&ntilde;o a que progresivamente ha llegado el mal y las perniciosas consecuencias que a cada paso est&aacute; produciendo, exigen un pronto remedio, y este no puede ser otro que el de capitalizar de una vez esos derechos que, bien &oacute; mal adquiridos, no pueden desconocerse, siempre que hayan sido otorgados conforme a las ley es y por autoridades competen. El Gobierno, pues, se propone proceder sin demora a la capitalizaci&oacute;n, no y a s&oacute;lo de los derechos de cuantas pensionistas existen en los ramos civil y militar, sino tambi&eacute;n de los empleados que resulten excedentes, en virtud del nuevo arreglo que se haga en las oficinas de uno y otro ramo, y aun de los de aquellos que, conforme a las ley es que reg&iacute;an antes de la de M ay o de 1852, tengan los individuos que quedan empleados en dichas oficinas, para cortar as&iacute; el mal, de modo que no pueda reaparecer jam&aacute;s. Esta capitalizaci&oacute;n ser&aacute; representada por t&iacute;tulos que llevar&aacute;n el nombre de t&iacute;tulos de capitalizaci&oacute;n, y se expedir&aacute;n seg&uacute;n las bases y con las circunstancias y requisitos que fijar&aacute; una ley. <\/p>\n<p>Extinguido por esta medida el sistema de los descuentos que sufr&iacute;an los empleados y militares en sus respectivos sueldos, con la mira de asegurar una pensi&oacute;n, casi siempre ilusoria, para su vejez, &oacute; un auxilio para su familia, en caso de muerte, podr&aacute;n en lo sucesivo unos y otros conseguir, con mayor seguridad, aquel resultado, depositando sus econom&iacute;as en las C ajas de A horros y de Socorros Mutuos, que sin duda se establecer&aacute;n en toda la Rep&uacute;blica , teniendo el Gobierno, como tiene en efecto, la resoluci&oacute;n de favorecer a estos establecimientos y a los fondos que en ella se re&uacute;nan, con todas las franquicias que est&aacute;n a su alcance. Estos establecimientos, adem&aacute;s de ser un medio muy eficaz para asegurar el patrimonio de las familias de los empleados, as&iacute; como el de todas las clases de escasos recursos, producir&aacute;n a la sociedad inmensas ventajas bajo otros aspectos, porque los capitales acumulados sucesivamente en ellos, servir&aacute;n para la ejecuci&oacute;n de multitud de empresas &uacute;tiles y provechosas para toda la Naci&oacute;n. <\/p>\n<p>La enajenaci&oacute;n de las fincas y capitales del clero que, seg&uacute;n lo y a dicho en otro lugar, deber&aacute;n ser declarados propiedad de la Naci&oacute;n, se har&aacute; admitiendo en pago tres quintas partes en t&iacute;tulos de capitalizaci&oacute;n, &oacute; de deuda p&uacute;blica interior &oacute; exterior, sin distinci&oacute;n alguna, y las dos quintas partes restantes en dinero efectivo, pagaderas en abonos mensuales, distribuidos en cuarenta meses, a fin de que la adquisici&oacute;n de esos bienes pueda hacerse aun por aquellas personas menos acomodadas, dando los compradores &oacute; redentores, por la parte de dinero efectivo, pagar&eacute;s a la orden del portador, con hipoteca de la finca vendida, &oacute; de aquella que reconoc&iacute;a el capital redimido, y entregando la parte de t&iacute;tulos &oacute; bonos, en el acto de formalizarse el contrato de venta &oacute; redenci&oacute;n. <\/p>\n<p>Tambi&eacute;n se aplicar&aacute;n a la amortizaci&oacute;n de la deuda interior y exterior, los terrenos bald&iacute;os &oacute; nacionales que existen actualmente en la Rep&uacute;blica, enlazando estas operaciones con proyectos de colonizaci&oacute;n. <\/p>\n<p>El Gobierno cree que, aplicados pr&aacute;cticamente estos dos grandes medios de amortizaci&oacute;n para todas las obligaciones pendientes del Erario, desaparecer&aacute; una gran parte de los t&iacute;tulos de capitalizaci&oacute;n, as&iacute; como de la deuda p&uacute;blica en general. R especto de la deuda exterior y de la que se halla reducida a convenciones diplom&aacute;ticas, el Gobierno procurar&aacute; con empe&ntilde;o su extinci&oacute;n, y a con la enajenaci&oacute;n de bienes nacionales, y a con la de terrenos bald&iacute;os; pero si esto no se lograse, seguir&aacute; respetando, como lo hace hoy , lo pactado con los acreedores, entreg&aacute;ndoles puntualmente la parte asignada al pago, de intereses y amortizaci&oacute;n de capitales, porque tiene la convicci&oacute;n de que s&oacute;lo de esta manera podr&aacute; la Naci&oacute;n ir recobrando el cr&eacute;dito y el buen nombre que ha perdido por no observar fielmente esa conducta. <\/p>\n<p>Para completar las reformas m&aacute;s urgentes respecto de la hacienda nacional, y como quiera que por la realizaci&oacute;n de los pensamientos y a indicados, llegar&aacute; a verificarse el deseado arreglo de este importante ramo de la Administraci&oacute;n p&uacute;blica, es indispensable que al mismo tiempo se proceda tambi&eacute;n al de sus oficinas y empleados; y esta operaci&oacute;n, tan llena de tropiezos en otras &eacute;pocas, se encontrar&aacute; ahora facilitada por la capitalizaci&oacute;n de todos los empleados excedentes, cuyos derechos y aspiraciones formaban aquellos tropiezos. S obre este punto, el Gobierno tiene la idea de disminuir el n&uacute;mero de oficinas y empleados a lo puramente necesario, ni m&aacute;s ni menos, simplificando cuanto sea posible el actual sistema de contabilidad. Respecto de donaciones, se propone adoptar el sistema del tanto por ciento en todas las oficinas recaudadoras; y en las de pura contabilidad, el de dotar los empleados con sueldos que est&eacute;n en relaci&oacute;n con las necesidades comunes de la v ida en nuestras poblaciones, porque s&oacute;lo as&iacute; se podr&aacute;n tener pocos y buenos empleados. Para la provisi&oacute;n de los empleos, el Gobierno atender&aacute;, sobre todo, a la aptitud y honradez, y no al favor &oacute; al ciego esp&iacute;ritu de partido que tan funestos han sido y ser&aacute;n siempre en la administraci&oacute;n de las rentas p&uacute;blicas. <\/p>\n<p>En el Ramo de Guerra, el Gobierno se propone arreglar el Ej&eacute;rcito, de manera que, mejorando en su personal, y destruidos los vicios que se notan en su actual organizaci&oacute;n, pueda llenar dignamente su misi&oacute;n. <\/p>\n<p>La Guardia Nacional es una de las instituciones de que el Gobierno cuidar&aacute;, porque comprende que ella es tambi&eacute;n el sost&eacute;n de las libertades p&uacute;blicas, y , por lo mismo, procurar&aacute; con empe&ntilde;o que se organice del modo m&aacute;s a prop&oacute;sito para corresponder cumplidamente a su objeto. <\/p>\n<p>En cuanto a la Marina, careciendo M&eacute;xico de todos los elementos que se necesitan para formarla, y estando y a bien demostrado por la experiencia que los gastos hechos en este ramo, constituyen un verdadero despilfarro, cree el Gobierno que de todas nuestras fuerzas navales en ambas costas deben reducirse, por ahora, a unos peque&ntilde;os buques armados, cuy o principal objeto sea el de servir de resguardos y correos mar&iacute;timos. <\/p>\n<p>A cerca de los diversos ramos de que est&aacute; encargado el Ministerio de F omento, como quiera que todos ellos tiendan al progreso material de la sociedad, el Gobierno actual se propone emplear todos los medios que est&eacute;n en su posibilidad para atender como merece esta parte de al Administraci&oacute;n P&uacute;blica. <\/p>\n<p>Los caminos generales que dependen directamente del Gobierno, exigen no solamente que se hagan desde luego algunas obras importantes para ponerlos en buen estado, sino un cuidado incesante para conservarlos bien en lo sucesivo. A fin de conseguir el primero de esos objetos, cree el Gobierno que debe abandonarse el sistema de ejecutar esos trabajos por los agentes del mismo Gobierno, y adoptarse el de contratas con empresas particulares, limit&aacute;ndose aqu&eacute;l a cuidar de su exacto cumplimiento, por los ingenieros que intervendr&aacute;n en las obras, y vigilar&aacute;n sobre su ejecuci&oacute;n. En cuanto a los caminos vecinales, aunque ellos est&aacute;n bajo la inmediata direcci&oacute;n de los gobiernos de los Estados, el Gobierno general tomar&aacute; empe&ntilde;o en que se mejoren los que actualmente existen, y en que se abren otros nuevos, auxili&aacute;ndolos por su parte en cuanto pueda, para facilitar as&iacute; el aumento de nuevas v&iacute;as de comunicaci&oacute;n que, como las arterias en el cuerpo humano, son las que han de dar v ida y movimiento a nuestro desierto pa&iacute;s. <\/p>\n<p>Respecto de ferrocarriles, debe procurarse a toda costa que con cuanta brevedad sea posible se construya el que est&aacute; y a proyectado desde Veracruz a uno de los puertos del Mar Pac&iacute;fico, pasando por M&eacute;xico, y como esta es una obra de incalculable importancia para el porvenir de la Rep&uacute;blica, no hay esfuerzo que el Gobierno no est&eacute; dispuesto a hacer para acelerar su ejecuci&oacute;n, y allanar las dificultades que a ella se oponen. A dem&aacute;s, para promover eficazmente que se hagan otros caminos de fiero en diversos puntos, y sacar estas empresas de manos de los arbitristas que han estado especulando con los t&iacute;tulos &oacute; concesiones parciales hechas por el Gobierno para determinadas l&iacute;neas, se abolir&aacute; ese sistema de decretos especiales sobre esta materia, y se expedir&aacute; una ley que sirva de regla general para todas las v&iacute;as de esta clase que puedan construirse en el pa&iacute;s, haci&eacute;ndose en ella las concesiones m&aacute;s amplias y generosas a fin de estimular as&iacute; a los capitalistas nacionales y extranjeros a entrar en esas &uacute;tiles especulaciones. <\/p>\n<p>Sobre obras p&uacute;blicas de utilidad y ornato, el Gobierno procurar&aacute; activar la conclusi&oacute;n de todas aquellas que se encuentren comenzadas, y la ejecuci&oacute;n de otras, porque est&aacute; convencido de que as&iacute; cumplir&aacute; uno de los deberes que hoy tiene todo Gobierno en un pueblo civilizado. Entre las obras que est&aacute;n por concluir, atendr&aacute; de preferencia a las Penitenciarias de Guadalajara, Puebla y Morelia, abandonadas mucho tiempo por los trastornos pol&iacute;ticos, y cuy a terminaci&oacute;n ha de influir tan eficazmente en la mejora de nuestro sistema penal y carcelario, que es una de las grandes necesidades de la Rep&uacute;blica. Para atender bien a los trabajos de los caminos y de la ejecuci&oacute;n de todas las dem&aacute;s obras p&uacute;blicas, se organizar&aacute; en el Ministerio de Fomento un cuerpo de ingenieros civiles, que servir&aacute; tambi&eacute;n para todas las comisiones que el Gobierno le encargue. <\/p>\n<p>La inmigraci&oacute;n de hombres activos &eacute; industriosos de otros pa&iacute;ses, es sin duda una de las primeras exigencias de la Rep&uacute;blica, porque del aumento de su poblaci&oacute;n depende, no y a &uacute;nicamente el progresivo desarrollo de su riqueza y el consiguiente bienestar interior, sino tambi&eacute;n la conservaci&oacute;n de su nacionalidad. Por estas razones, el Gobierno se propone trabajar muy empe&ntilde;osamente en hacerla efectiva; y para que ella se ejecute del modo que es conveniente, m&aacute;s que en formar &oacute; redactar ley es especiales de colonizaci&oacute;n, con est&eacute;riles ofrecimientos de terrenos y excepciones m&aacute;s &oacute; menos amplias a los colonos, cuidar&aacute; de allanar las dificultades pr&aacute;cticas que se oponen a su ingreso y a su permanencia en el pa&iacute;s. Estas dificultades consisten principalmente en la falta de ocupaci&oacute;n inmediata y lucrativa para los nuevos colonos, y en la poca seguridad que se encuentra en nuestros campos, en nuestros caminos, y aun en nuestras mismas poblaciones. <br \/>\nPara hacer desaparecer este &uacute;ltimo obst&aacute;culo, y a queda indicada en otro lugar la resoluci&oacute;n de organizar una buena polic&iacute;a preventiva y de seguridad; y para destruir el primero, el Gobierno, por s&iacute;, y estimulando a los hombres acaudalados y especuladores, har&aacute; que se emprendan trabajos p&uacute;blicos y privados de esos que, como los caminos, canales y otros de diversa naturaleza, demandan muchos brazos, para que vengar&aacute; emplearse en ellos multitud de emigrados, los cuales, una vez establecidos por cierto tiempo en la Rep&uacute;blica , se radicar&aacute;n en ella, para dedicarse a alg&uacute;n g&eacute;nero de ocupaci&oacute;n &oacute; industria, y atraer&aacute;n sucesivamente, con su ejemplo y con sus invitaciones, a otros muchos individuos y familias de sus respectivos pa&iacute;ses. A dem&aacute;s, se har&aacute;n desde luego arreglos con algunos propietarios de vastos terrenos en la parte central y m&aacute;s poblada de la Rep&uacute;blica, para que por su propio inter&eacute;s y por el bien general de la Naci&oacute;n, ceda algunos a los emigrados que vengan a establecerse en ellos, celebrando al efecto contratos de renta &oacute; arrendamiento mutuamente provechosos. S&oacute;lo con estas y otras medidas de igual naturaleza con la consolidaci&oacute;n de la paz p&uacute;blica, con el arreglo de la administraci&oacute;n de justicia, con la libertad de cultos, y con las facilidades que al mismo tiempo debe dar el Gobierno para la translaci&oacute;n de los emigrados a nuestros puertos, es como se conseguir&aacute; que vaya aument&aacute;ndose y mejor&aacute;ndose prontamente nuestra poblaci&oacute;n: porque mientras no se obre as&iacute;, el negocio de la colonizaci&oacute;n continuar&aacute; siendo como lo ha sido treinta y ocho a&ntilde;os ha, un motivo de v ana declamaci&oacute;n para todos los traficantes pol&iacute;ticos que brotan de nuestras revueltas, y que con el &uacute;nico objeto de embaucar a la Naci&oacute;n, le hablan siempre de sus graves males sin tener la inteligencia ni la voluntad que se requieren para remediarlos. <\/p>\n<p>Otra de las grandes necesidades de la Rep&uacute;blica es la subdivisi&oacute;n de la propiedad territorial; y aunque esta operaci&oacute;n no puede llegar a hacerse en la extensi&oacute;n que es de desear, sino por los est&iacute;mulos naturales que produzca la mejora progresiva que ir&aacute; experimentando nuestra sociedad, a consecuencia de las reformas que en ella tienen que ejecutarse as&iacute; como de las mejoras de sus actuales v&iacute;as de comunicaci&oacute;n, y del aumento de su poblaci&oacute;n y consumos, el Gobierno procurar&aacute; allanar desde luego el grande obst&aacute;culo que para tal subdivisi&oacute;n presentar&aacute;n las ley es que rigen sobre hipotecas de fincas r&uacute;sticas, expidiendo una nueva ley por la cual se faculte a los propietarios de &eacute;stas para subdividirlas en las fracciones que les convengan, a fin de facilitar su venta, distribuy&eacute;ndose proporcionalmente, en estos casos, el valor de la hipoteca que tenga cada finca entre las partes en que se subdivida. A dem&aacute;s de esta medida, que ha de contribuir eficazmente a fraccionar la propiedad territorial, con provecho de toda la Naci&oacute;n, el Gobierno promover&aacute; tambi&eacute;n con los actuales due&ntilde;os de grandes terrenos el que por medio de ventas &oacute; arrendamientos rec&iacute;procamente ventajosos, se mejore la situaci&oacute;n de los pueblos labradores. <\/p>\n<p>Respecto de los negocios en que el Gobierno General tiene que entender acerca de la agricultura, de la industria fabril, de las artes, del comercio, de medios de transporte, y , en general, de todo g&eacute;nero de trabajo &uacute; ocupaci&oacute;n &uacute;til a la sociedad, la actual Administraci&oacute;n dar&aacute; a esos objetos cuanta protecci&oacute;n est&eacute; a su alcance, obrando en ello siempre con la mira de favorecer su incremento y progresivo desarrollo, bien convencido, como lo est&aacute;, de que proteger a esos ramos, es trabajar por la prosperidad de la Naci&oacute;n , favoreciendo y aumentado, por este medio, el n&uacute;mero de intereses leg&iacute;timos que se identifiquen con la conservaci&oacute;n del orden p&uacute;blico. <\/p>\n<p>En la formaci&oacute;n de la Estad&iacute;stica , el Gobierno General, obrando de acuerdo con los de los Estados, reunir&aacute; constantemente cuantos informes le sean posibles, para conocer bien el verdadero estado que guarda la Naci&oacute;n en todos sus ramos; y no parece necesario recomendar la importancia de este trabajo, porque nadie ignora que sin esos conocimientos, es imposible que un gobierno proceda con acierto en sus determinaciones. Estos datos se publicar&aacute;n peri&oacute;dicamente, por medio de la prensa, porque su conocimiento no importa &uacute;nicamente al Gobierno, sino a todos y a cada uno de los individuos de la sociedad. <\/p>\n<p>Tales son, en resumen, las ideas de la actual Administraci&oacute;n, sobre la marcha que conviene seguir, para firmar el orden y la paz en la Rep&uacute;blica , encamin&aacute;ndola por la senda segura de la libertad y del progreso, a su engrandecimiento y prosperidad; y al formular todos sus pensamientos, del modo que aqu&iacute; los presenta, no cree hacer m&aacute;s que interpretar fielmente los sentimientos, los deseos y las necesidades de la Naci&oacute;n. <\/p>\n<p>En otro tiempo podr&iacute;a acaso haberse estimado imprudente la franqueza con que el Gobierno actual manifiesta sus ideas, para resolver algunas de las graves cuestiones, que ha tanto tiempo agitan a nuestra desgraciada sociedad; pero hoy que el bando rebelde ha desafiado descaradamente a la Naci&oacute;n , neg&aacute;ndole hasta el derecho de mejorar su situaci&oacute;n; hoy que ese mismo bando, dej&aacute;ndose guiar &uacute;nicamente por sus instintos salvajes, para conservar los abusos y errores en que tiene fincado su patrimonio, ha atropellado los m&aacute;s sagrados derechos de los ciudadanos, sofocando toda discusi&oacute;n sobre los intereses p&uacute;blicos, y calumniando vilmente las intenciones de todos los hombres que no se prestan a acatar su brutal dominaci&oacute;n; hoy que ese funesto bando ha llevado y a sus excesos a un extremo de que no se encuentra ejemplo en los anales del m&aacute;s desenfrenado despotismo, y que con un insolente menosprecio de los graves males que su obstinaci&oacute;n est&aacute; causando a la sociedad, parece resuelto a continuar su carrera de cr&iacute;tico. <\/p>\n<p>Benito Ju&aacute;rez <\/p>\n<p>Guanajuato, Gto. <\/p>\n<p>MANIFIESTO A LA NACI&Oacute;N <\/p>\n<p>Expedido en la ciudad de M&eacute;xico con motivo del Triunfo de la Rep&uacute;blica sobre la intervenci&oacute;n francesa. <\/p>\n<p>15 de julio de 1867 <\/p>\n<p>Mexicanos: <\/p>\n<p>El Gobierno nacional vuelve hoy a establecer su residencia en la ciudad de M&eacute;xico, de la que sali&oacute; hace cuatro a&ntilde;os. Llev&oacute; entonces la resoluci&oacute;n de no abandonar jam&aacute;s el cumplimiento de sus deberes, tanto m&aacute;s sagrados, cuanto mayor era el conflicto de la naci&oacute;n. Fue con la segura confianza de que el pueblo mexicano luchar&iacute;a sin cesar contra la inicua invasi&oacute;n extranjera, en defensa de sus derechos y de su libertad. Sali&oacute; el Gobierno para seguir sosteniendo la bandera de la patria por todo el tiempo que fuera necesario, hasta obtener el triunfo de la causa santa de la independencia y de las instituciones de la Rep&uacute;blica. <\/p>\n<p>Lo han alcanzado los buenos hijos de M&eacute;xico, combatiendo solos, sin auxilio de nadie, sin recursos, sin los elementos necesarios para la guerra. Han derramado su sangre con sublime patriotismo, arrastrando todos los sacrificios, antes de consentir la p&eacute;rdida de la Rep&uacute;blica y de la libertad. <\/p>\n<p>En nombre de la patria agradecida, tributo el mas alto reconocimiento a los buenos mexicanos que la han defendido, y a sus dignos caudillos. El triunfo de la patria, que ha sido el objeto de sus nobles aspiraciones, ser&aacute; siempre su mayor t&iacute;tulo de gloria y el mejor premio de sus heroicos esfuerzos. <\/p>\n<p>Lleno de confianza en ellos, procur&oacute; el gobierno cumplir sus deberes, sin concebir jam&aacute;s un solo pensamiento de que le fuera l&iacute;cito menoscabar ninguno de los derechos de la naci&oacute;n. Ha cumplido el Gobierno el primero de sus deberes, no contrayendo ning&uacute;n compromiso en el exterior ni en el interior, que pudiera perjudicar en nada la independencia y soberan&iacute;a de la Rep&uacute;blica, la integridad de su territorio o el respeto debido a la Constituci&oacute;n y a las leyes. Sus enemigos pretendieron establecer otro gobierno y otras leyes, sin haber podido consumar su intento criminal. Despu&eacute;s de cuatro a&ntilde;os, vuelve el Gobierno a la ciudad de M&eacute;xico, con la bandera de la Constituci&oacute;n y con las mismas leyes, sin haber dejado de existir un solo instante dentro del territorio nacional. <\/p>\n<p>No ha querido, ni ha debido antes el gobierno, y menos debiera en la hora del triunfo completo de la Rep&uacute;blica, dejarse inspirar pon ning&uacute;n sentimiento de pasi&oacute;n contra los que han combatido. Su deber ha sido, y es, pesar las exigencias de la justicia con todas las consideraciones de la benignidad. La templanza de su conducta en todos los lugares donde ha residido, ha demostrado su deseo de moderar en lo posible el rigor de la justicia, conciliando la indulgencia con el estrecho deber de que se apliquen las leyes, en lo que sea indispensable para afianzar la paz y el porvenir de la naci&oacute;n. <\/p>\n<p>Mexicanos: encaminemos ahora todos nuestros esfuerzos a obtener y a consolidar los beneficios de la paz. Bajo sus auspicios, ser&aacute; eficaz la protecci&oacute;n de las leyes y de las autoridades para los derechos de todos los habitantes de la Rep&uacute;blica. <\/p>\n<p>Que el pueblo y el Gobierno respeten los derechos de todos. Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz. <\/p>\n<p>Confiemos en que todos los mexicanos, aleccionados por la prolongada y dolorosa experiencia de las calamidades de la guerra, cooperaremos en lo de adelante al bienestar y a la prosperidad de la naci&oacute;n, que s&oacute;lo pueden conseguirse con un inviolable respeto a las leyes, y con la obediencia a las autoridades elegidas por el pueblo. <\/p>\n<p>En nuestras libres instituciones, el pueblo mexicano es &aacute;rbitro de su suerte. Con el &uacute;nico fin de sostener la causa del pueblo durante la guerra, mientras no pod&iacute;a elegir a sus mandatarios, he debido, conforme al esp&iacute;ritu de la Constituci&oacute;n, conservar el poder que me hab&iacute;a conferido. Terminada ya la lucha, mi deber es convocar desde luego al pueblo, para que sin ninguna presi&oacute;n de la fuerza y sin ninguna influencia ileg&iacute;tima, elija con absoluta libertad a quien quiera confiar sus destinos. <\/p>\n<p>Mexicanos: hemos alcanzado el mayor bien que pod&iacute;amos desear, viendo consumada por segunda vez la independencia de nuestra patria. Cooperemos todos para poder legarla a nuestros hijos en camino de prosperidad, amando y sosteniendo siempre nuestra independencia y nuestra libertad. <\/p>\n<p>M&eacute;xico, julio 15 de 1867 <\/p>\n<p>Benito Ju&aacute;rez <\/p>\n<p>Pesquisa realizada por Jo&atilde;o Vitor Cassela Novoa <\/p>\n<p>Revis&atilde;o e introdu&ccedil;&atilde;o de Bruno Lima Rocha<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fossem os pol\u00edticos mexicanos t\u00e3o limpos e leais quanto Ju\u00e1rez e o sistema Priista jamais teria se instalado. 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