Bruno Lima Rocha, 20 de enero 2014.
Como dije en un artículo anterior, el oficio de analista de relaciones internacionales escribiendo en una publicación de avanzada, es un acto didáctico. Para el ejercicio del análisis, la exigencia siempre será la separación de voces y posiciones. Muchas veces el análisis va al encuentro del presupuesto normativo. O sea, decimos aquello que se nos ha presentado como visible y no lo que deseamos. Es la eterna colisión entre el ser y el deber ser. Para la infelicidad teórica y la desgracia de los pueblos, las izquierdas se confunden todo el tiempo, yendo desde una filosofía política abstracta hasta un cinismo resultado de derrotas históricas y falta de posibilidades amplias. Esto ocurre, en forma rutinaria en dos áreas e interdisciplinas de las Relaciones Internacionales donde actúo: los estudios estratégicos (con énfasis en la Geoestrategia y la Geopolítica) y en la Economía Política Internacional (con énfasis en la crítica a la Globalización Financiera y en pro de la Economía del Desarrollo).
Así como es imposible no nutrir simpatías por los países otrora no alienados, tampoco es razonable adherirse a propuestas de sociedades basadas en el culto a la personalidad, a lideranzas carismáticas o autocráticas. Lo mismo se da en el campo de la producción, circulación, distribución, usufructo y descarte de bienes y recursos materiales, virtuales, físicos o simbólicos. Hacer la crítica de cómo este proceso se desenvuelve a escala global en el modo capitalista de producción, la crítica de la Economía Política original, no significa adherirse a tesis de Capitalismo de Estado (vulgarmente “Socialismo Real”) y ni de lejos considerar justos los sistemas de “mal menor” o de “pesos y contrapesos”.
La multilateralidad en el Sistema Internacional es una necesidad, por lo tanto la Organización Mundial de Comercio (OMC) es menos injusta que la triada que organiza la mundialización financiera. Afirmar esto es considerar que la presencia del diplomático brasilero Roberto Azevedo como director general de la OMC es un triunfo para Brasil y los países del G20, no significa que considere como aceptable el nivel de desarrollo propuesto por esta organización. Es válido como una alternativa dentro del capitalismo globalizado, pero eso no se asemeja ni de lejos a cualquier tipo de internacionalización de la producción en el rumbo del desarrollo sustentable, incluyendo pueblos y culturas ancestrales.
El problema es que a veces la crítica es más urgente que la proposición. Es preciso barrer la contraofensiva neoliberal, disecar la criminal burbuja inmobiliaria de 2008 y sus terribles consecuencias para el mundo, en especial para los derechos sociales duramente conquistados en Europa. Cualquier espacio tomado de los bancos, de las agencias de análisis de riesgo y sus parejas de información planetaria, de los grupos y fondos de inversión, así como de toda la malla especulativa, siempre será algo positivo para el planeta. Pero, insisto, esto no significa adherirse a las tesis keynesianas, artificialmente separando el capital productivo del ficticio. Criticar a la economía delincuente, no es lo mismo que adherirse a un “capitalismo más humano”, si eso es posible.
*Bruno Lima Rocha es politólogo (phd), profesor de Relaciones Internacionales y periodista profesional.