En la víspera, la represión hizo de las suyas
Menos de 24 horas antes del partido la coordinación represiva de Brasil, con la punta de lanza de la Policía Civil de Río de Janeiro detuvo a más de veinte militantes con fines “preventivos”. No había acusación formal ni hechos contundentes. Vigilancia electrónica es reputación organizativa. Amnistía Internacional y la Comisión de Derechos humanos de la OAB se posicionaron contra las aprehensiones, manifestando su preocupación por el derecho de reunión y de manifestación. En la democracia representativa, un Juez Federal de Río relaja la prisión preventiva del malandro amigo del presidente de la FIFA, y al mismo tiempo detienen militantes sociales sin actos criminales. Terrible precedente que revela otra injusticia estructural.
Luego de una semifinal digna de serlo, nos tocó hacer fuerza por Argentina y el fútbol latinoamericano
Este miércoles 9 de julio la fecha nacional de Argentina (9 de julio de 1816) pasó a segundo plano en un partido frente a la casi eterna Holanda. Lionel Messi y Arjen Robben respectivamente protagonizaron junto a sus compañeros de equipo un juego a la altura de una semifinal de Copa del Mundo. Fue triste para nosotros los brasileros tener que reconocer esto, pero es la dura realidad.
Todavía aturdidos con el vejatorio resultado del juego entre Brasil y Alemania (7 a 1 para el equipo alemán) nos quedamos frente al televisor para asistir al gran partido que definiría el otro finalista. La grandiosidad del partido no significa que haya estado por encima de la media, muy por el contrario, fue un juego de estrategias. De un lado el entrenador argentino Alejandro Sabella, del otro el holandés Van Gal, que según el ex zaguero Márcio Santos es el Hitler del fútbol, pues no le gustan ni los brasileros ni los argentinos ni los italianos, apenas los holandeses y los alemanes. Luego de 120 minutos rodando la pelota, nada de goles, decisión por penales, victoria épica de los argentinos.
Unidad latinoamericana
La final pidió unidad latinoamericana, nuestra rivalidad se queda dentro del campo, cuando no competimos entre sudacas o latinoamericanos, debemos (deberíamos al menos) apoyar a uno de nosotros. Esta columna se desgañitó gritando por Forlán y la Celeste en la Copa del Mundo de 2010 y en esta final “hinchamos” (torcimos) por el valiente Alejandro Mascherano (las semillas son argentinas). Por tercera vez en la historia del fútbol mundial, Alemania y Argentina protagonizaron un duelo en el campo por la copa más codiciada del fútbol mundial. Perdimos, mordiendo hasta el último minuto de prórroga, pero perdimos.
Tenemos que reconocerlo, todo el país vecino se identifica con la camiseta celeste y blanca de su selección. Y la mayoría de las veces, al menos en las cuatro líneas, los jugadores argentinos retroalimentan tamaña pasión. Es cierto, no tienen la pelota santificada, aunque nosotros (los brasileros) exageremos la dosis de poca santidad. En los márgenes al Sur del Río de la Plata el equipo está formado por jugadores que en su mayoría juegan en Europa, así como todas las otras selecciones del fútbol sudamericano. Inclusive el heredero de la camiseta número 10 de Maradona, nunca jugó profesionalmente en su país de origen. Pero no por eso jugaron menos que el selecto equipo holandés. Ni por eso jugaron menos que el equipo alemán.
Quedarse buscando justificaciones es el deporte favorito de la prensa futbolística brasilera. Ante cada fracaso del fútbol pentacampeón se oyen los mismos discursos de quienes pasan la mano por encima de lo que la escoria de la CBF hace durante el año. Las empresas de comunicación brasileras son co-responsables por la “papagayada” y el “oba-oba”, haciendo animación colectiva e impulsando el esfuerzo publicitario en torno a la “ola verde-amarilla, patria de zapatos con tacos, que juega para mi” y otros slogans de los patrocinadores. La Comisión Técnica falló en la dimensión táctica, así como la pandilla de la CBF –aún escondiéndose y escapando del ojo público– perdió más de lo que ayudó. La cobertura “especializada” tiene también que reciclarse. De lo contrario serán portavoces oficiosos de chismes y no reporteros en busca de lo contradictorio, de los entre bastidores de la construcción de la noticia, y reveladores de las estructuras de poder del fútbol brasilero.
Brasil no jugó en Maracaná
Lo cierto es que Alemania y Argentina hicieron la final en el sagrado estadio Mario Filho. Esta columna “hinchó” sí por una victoria de los hermanos, porque no somos parte del periodismo gracioso estilo Tiago Laifert (presentador de la Red Globo que mantiene un programa de pésimo infoentretenimiento) que prefiere hacer fuerza contra el continente sudamericano a favor de los colonizadores europeos. Julio Grondona no merecía ganar una silla en el comando de la AFA, pero Ricardo Texeira, João Avelange, Roberto Maria Marin, Joseph Blatter, Michel Platini ¿Sí lo merecían?