Las urnas reflejaron una inclinación a la izquierda de la ciudadanía griega, siendo estas un acumulado de la cultura política de contestación. Podemos observar una línea creciente desde la rebelión griega de diciembre de 2008, revuelta que hube durado más de cinco semanas, llegando a acabar con el stock de gas lacrimógeno en el país. En esa época, la cuenta política fue pagada por el gabinete montado por la Nueva Democracia (ND), la derecha política heredera de la dictadura de los coroneles (1967-1974).
En las elecciones siguientes, el partido socialdemócrata (PASOK), liderado por la siempre presente familia Papandreou (en el caso, por George Papandreou), consiguió catalizar la revuelta, que ya marcaba más del 40% de desempleo entre los jóvenes abajo de 30 años y ganó el cargo de primer Ministro. El PASOK no consiguió interrumpir la crisis en las finanzas públicas y se hubo rendido a una “ayuda” mediante la compraventa de papeles podridos y privatizaciones forzadas por la Troika. Fue el inicio de la nueva crisis política griega, con caída de gabinetes consecutivos y primeros ministros impuestos por Alemania a través del gobierno de la Eurozona en Bruselas.
La secuencia es conocida, el llamado “austericidio” de la economía griega encogía, los índices de pobreza subían y el electorado reflejaba la polarización de las calles. Una nueva izquierda electoral europea surge con aires de reformismo radical, y esta tiene como sus exponentes lo Podemos español y el Syriza griego. En las calles de Atenas, este sector representaría en torno a 200 mil militantes movilizados y con predisposición para el conflicto. Otros 200 mil son de base *libertaria, incluyendo la militancia anarquista más orgánica y están bajo la hegemonía del movimiento AKAP (Movimiento Antiautoritario).
La izquierda de origen estalinista aún se hace presente a través del Partido Comunista griego (KKE), que siempre consigue sillas en el parlamento, pero ahora está un tanto aislado de la otra izquierda electoral y de los libertarios, cuando la lucha directa y de los movimientos de base. El KKE, tal vez por no estar en el gobierno (prefirió alejarse de la composición con el Syriza, abriendo margen para los nacionalista de la ANILLO), hace la misma convocatoria de los libertarios, demandando el desligamiento inmediato de la Unión Europea y abolición de las leyes que regulan las medidas del “austericídio”.
Las urnas del referéndum apuntan hacia la valorización, de la soberanía popular, prevaleciendo entre la población griega. Hasta el presente momento, acatar las medidas de la Troika, implicaron en 25% de acortamiento del PIB; desempleo estructural de mitad de la juventud y 1/4 del sector económicamente activo; además de alcanzar medias de pobreza inimaginables para un país de la zona euro, estando 1 cada 3 griegos abajo de la línea de pobreza. Por increíble que parezca, hasta el FMI en informe afirmó que las medidas rechazadas son impagables, y que el país necesitaría de, como mínimo, 60 mil millones de euros para poderse recomponer.
Si los griegos hubieran aprobado el paquete, tendrían que batir metas de superávit del 1%, 2%, 3% y 3,5% del PIB para 2015, 2016, 2017 y 2018; el impuesto sobre valor acumulación tendría que subir progresivamente para alcanzar 1% del PIB griego, y el paquete también incluía ajuste de las jubilaciones para llegar a la meta de ahorro del 1,5% del PIB para 2016. El balance de la sociedad es terrible en la situación actual, cerca de 500 mil griegos viven en condiciones excelentes, algunos de forma holgada. La mayor parte de los demás nueve millones de ciudadanos está en condiciones críticas, cuando no de pobreza extrema.
La realidad griega representa los tiempos que vivimos. Entre distopías transnacionales corporativas e ilusiones virtuales, el estado nacional cede el lugar. El problema es que la ciudadanía, por peor que sea su condición de existencia, necesita decidir sobre el destino colectivo en una determinada soberanía jurídica. Luego, la consulta popular de forma directa – aunque sea el mecanismo más obvio y antiguo – asusta y genera “inseguridad jurídica” en los delincuentes financieros y su macro estructura de dominación.
En Grecia es interesante observar, que el tiempo de duración de la crisis prolongada, aún no alcanzó la base del tejido social. Aún con desempleo estructural y violencia política endémica - en el nivel masivo – las calles griegas aún son bastante seguras, con bajos índices de criminalidad. Allá, visiblemente la disposición de fuerzas policiales *ostensivas es para intimidar manifestantes o defender el patrimonio de tiendas, bancos y comercio callejero. Antes que el tejido social quedara en casi nada, al menos la autonomía decisoria se mantuvo.