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A Adaga, boletín quincenal de Estratégia & Análise – No. 10, 28 de febrero de 2008


Ganar la elección no es tomar el poder. Ganar a través de votos después de un fuerte movimiento de masas es distinto de salir victorioso porque una coalición de centro-izquierda lavó su discurso y se acercó aún más a la derecha.



Algunas cosas distintas entre poder y gobierno

Una reflexión por izquierda se la tenemos que hacer. Ganar la elección no es tomar el poder. Ganar a través de votos después de un fuerte movimiento de masas es distinto de salir victorioso porque una coalición de centro-izquierda lavó su discurso y se acercó aún más a la derecha.

Tampoco es lo mismo que tomar el gobierno derrocando a un régimen corrupto o vende patria (o los dos juntos). Llegar a esta acumulación de fuerzas uniendo una lucha por libertades y derechos democráticos es igualmente distinto de llegar a una acumulación a través del antagonismo de clase.

Proponer el antagonismo como clase y pueblo atribuyendo esta capacidad a un líder carismático tampoco es igual a establecer instituciones sociales gravitantes en la sociedad y capaces de reconstruir el entretejido social. Cumular fuerzas desde esta posición es una cosa, y sacar gente de ahí para ocupar rangos intermedios en la administración estatal es otra.

Si las preguntas no corresponden, las respuestas van ser aún más dudosas.

1987 Nunca vamos saber – Uruguay

1987 y el acuerdo que aprobó la Ley de Caducidad afirmó la democracia uruguaya. La jerarquía castrense amenazó con sangre según el teniente-general Hugo Medina. Entonces, Sanguinetti con el apoyo de Wilson y cia. – imitó a Brasil aprobando una amnistía general e irrestricta, amparando a militares y civiles responsables por crímenes contra la humanidad. Las patotas de los OCOAs, JUPs, SIDs, DNIIs y compañía tuvieron 20 años de relativa tranquilidad. La historia nunca sabrá que hubiera pasado si los milicos intentaran un putsch en 87. Capaz que perdían, y por mucho. ¿Pero, quién se la jugó?

Las vueltas del mundo petrolífero – Argentina

Las vueltas que el mundo da. En el año que YPF fue regalada, la pareja Kirchner aprobó la opereta de Carlos Saúl y Alzogaray, operando en conjunto con Repsol. El banquero Enrique Eskenazi, Grupo Eskenazi, ayudó a controlar fondos provinciales en manos de la patagónica Santa Cruz. Ahora, Repsol, Santander y un gran fondo va financiar la venta de lo que habría comprado con plata podrida. Así, el Estado argentino y un grupo empresarial austral van a sentarse en el consejo de administración de la empresa construida por toda la población. Enamorados de los abogados pingüinos niegan el acuerdo. No es Argentina que nacionaliza sino Repsol que quiere salir. Puro cuento de una petrolera.

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