Dilma aplicó en 2012 su paquete de felicidades y alegrías empresariales, dando materialidad al concepto de bismarckismo tropical, para hacer más contentos los re contentos empresarios brasileños.  - Foto:anarkismo.net
Dilma aplicó en 2012 su paquete de felicidades y alegrías empresariales, dando materialidad al concepto de bismarckismo tropical, para hacer más contentos los re contentos empresarios brasileños.
Foto:anarkismo.net

Bruno Lima Rocha – 21 de enero de 2013

Comienza el año 2013 y vivimos un verano en el que Brasil es el blanco de ataques mediáticos oriundos de la corporación mediática especializada que publica en lengua inglesa. Hacemos en este artículo de retrospectiva, una aproximación a los temas-llave donde la política monetaria brasileña estuvo en el foco de la atención de medios como The Economist y Financial Equipos, por según ellos lo poco de elogiable de la reducción de la tasa de intereses básicos en el país. Haremos la crítica desde el punto de vista de la izquierda, mostrando en este texto como el gobierno de Dilma hace una alianza con los conglomerados privados bajo control de capitales nacionales y, en la segunda parte (que publicaremos más adelante), evaluaremos inclusive la relación promiscua entre los negocios privados y loas asuntos de Estado, llegando a la criminalización de los agentes económicos. En las líneas que siguen abajo, hacemos así la primera mitad de esta retrospectiva de inicios de año

The Economist y la política monetaria del Brasil

La broma, hecha por el periódico inglés Financial Equipos (en su edición de 24 de diciembre de 2012) acerca de la gestión de Guido Mantega (ministro de Hacienda del Brasil), es una consecuencia de la primera crítica oriunda de otro medio económico de la Europa casi fallida. La edición impresa del 6 de diciembre del semanario inglés The Economist recomendaba el despido de este ministro y clasificaba a la economía brasileña cómo “moribunda criatura”. Más allá del contenido puntual de la materia y sus efectos en los círculos de opinión en el Brasil, el texto refleja una posición generalizada en los circuitos financieros. La “respetable” publicación inglesa afirma con todas las letras. “The Central Bank may be tempted to react to the latest figures with another interest-rate cut. That would be la mistake”. En castellano sería: “El Banco Central del Brasil puede ser llevado a tomar posición como en las últimas circunstancias donde hubo reducción de la tasa de intereses básicas (conocida en el Brasil por la sigla SELIC). Esto sería un error” No cuesta darse cuenta, están criticando a Dilma por sus pocos aciertos en política monetaria.

Tal análisis de la publicación inglesa va al encuentro de los intereses de su público-target, un grupo de peligrosos financistas y banqueros sin límite. Al disminuir el retorno en las aplicaciones de corto plazo, los especuladores critican la disminución progresiva de la tasa SELIC. Esto implica reducir sus propios márgenes de ganancia. Para interpretar las razones de este ataque, un poco de teoría ayuda.

El economista francés François Chesnais afirmó que la migración de masas de capital en búsqueda de valorización financiera, se debió las dificultades de los conglomerados empresariales en conseguir un “razonable” margen de logro en la esfera productiva a partir de la década de 1970. Por ejemplo, las tasas de logro que alcanzan más del 20% en el inicio de los años ’60, cayeron cerca de 12% en 1982 y 1983. Veamos además con este autor; la lógica rentista de esta forma de acumulación provoca sangrías en la esfera productiva, y en este mecanismo generado inclusive en la base de fraudes, consiste la madre de todas las “crisis”. Así la rentabilidad de los detentores de capital ficticio es proporcionalmente opuesta a los derechos sociales y el poder de compraventa de la masa salarial.

Añado la premisa de la imposibilidad de que exista un equívoco cuando los agentes económicos estratégicos tienen la información perfecta. El llamado comportamiento de manada (insuflado por textos como los aquí citados) transcurre también con el tráfico de información. Estos rebaten dentro del aparato de Estado –y de los organismos multilaterales– en función del mimetismo entre los ocupantes de puestos-llave en los órganos de autoridad monetaria, bancos públicos y ministerios de Economía y Planificación. Cuando el tomador de decisiones no cumple a rajatabla con el libro de recetas publicado a favor de los banqueros y especuladores, se hace blanco de las baterías de la desinformación mediática globalizada.

Infelizmente, no son sólo los medios en lengua inglesa que operan sistemáticamente contra los intereses de la mayoría de los brasileños. Los “especialistas” del Brasil, comentaristas de formación o alineamiento neoclasico (lo que en política sería el equivalente a neoliberal), repiten los mismos puntos de vista como vemos abajo.

La reducción de la SELIC y los profetas del apocalipsis

La primera vez que la tasa SELIC fue reducida durante el gobierno de la economista Dilma Rousseff ocurrió una revulsión. Pasamos de la novena caída consecutiva y el país aún no quebró. En agosto de 2011, los profetas del apocalipsis, columnistas especializados y consultores, ocuparon los medios influyentes del Brasil emitiendo dos afirmaciones. La primera, de que los fundamentos de la economía estaban siendo sacudidos en función de un posible riesgo inflacionario. La segunda, decía que el Banco Central del Brasil (BC) estaba bajo mando político y no “técnico”. No se trata de apoyar el gobierno de coalición y cualquier lector sabe mi posición, Pero, esto no impide ver lo obvio.

Los “fundamentos” de la economía no existen como tales, hasta porque la economía no es una disciplina y sí varias escuelas de pensamiento. Somos llevados a creer en la escuela neoclásica, base del neoliberalismo, como “la economía”. Es decir, falso. Originalmente la economía política era la base, porque en los procesos reales, es imposible diferenciar la alocación de recursos de las definiciones del poder y los procesos decisorios. Separar la generación, distribución y circulación de valores de los modelos de Estado, es una gran burla. En el mundo concreto es algo peligroso, bien lo saben los chilenos que sufrieron bajo la batuta de los Chicago Boys en la dictadura de Pinochet.

Ya el argumento de que la autoridad monetaria sea gestada por criterios técnicos y no políticos es macabro. En este remedo de democracia, ya es poca o ninguna la soberanía popular a través del voto de representantes. Imaginemos lo absurdo de todavía convivir eternamente con lo propio, cuando en el primer gobierno Lula (2003-2006) en la era de Antônio Palocci (ex-ministro de la Hacienda) y Henrique Meirelles (ex-presidente del BC y antes, ex-presidente mundial del 1st Bank of Boston), denominé como gobierno del Comité de Política Monetaria (COPOM). Este reducido comité es la instancia de la autoridad monetaria que decide, entre otras materias, la tasa de intereses básica a ser pagada en el Brasil. Podemos discordar de las elecciones de inversión directa realizadas por el Palacio del Planalto (sede del gobierno brasileño), o del nefasto Plan Nacional de Logística (PNL, que veremos inmediatamente a continuación) que coloca más recursos públicos en las cajas privadas. Pero en contrapartida, disminuir progresivamente nuestro endeudamiento y apostar a otros modelos de financiación del Estado es lo mínimo que se espera de un gobierno. O sea, cuando el Ejecutivo hace casi nada, aunque eso lleve a un Kit de Felicidad para los conglomerados empresariales, quienes ya son muy felices con la caja del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES, mayor banco de fomento de mundo, perteneciente al gobierno federal) aún esta ínfima decisión es confrontada por los agentes del sistema financiero.

Para quien juzga que exagero, basta observar la predilección “técnica” de ex-miembros del Banco Central y de Hacienda y sus actividades contemporáneas. Casi todos están al servicio de la “técnica” por la cual gestionaban nuestros recursos, siempre destinando valores a los operadores del casino financiero. Para quién tenga interés, basta cruzar los nombres para comprobar la tesis. Esta gente materializa el concepto de mimetismo entre los tomadores de decisión a través del aparato de Estado y la atención de los intereses de los banqueros.

Para comprender los factores que son elogiados por economistas a favor del capital y por los medios correspondientes, es preciso seguir para la crítica de aquello que dejó a los empresarios muy felices.

Kit de felicidades empresariales y poder sindical

Pocas voces han hecho una relación lógica entre el Plan Nacional de Logística (PNL) y el real intento de un gobierno –cuyos cuadros son oriundos del movimiento sindical– en reducir el poder de los sindicatos y representaciones clasistas. Alegando buscar una mayor agilidad en la realización del aumento de la infraestructura, teniendo como motivación un bismarckismo brasileño, el gobierno de Dilma esconde a otra faz de la disminución del tamaño del Estado.

Abundan eufemismos e interpretaciones cruzadas. Concesión es privatización, así como “Parceria” Público Privada (PPP, observación: parcería es un término en Portugués que viene del inglés partner, lo que define una alianza de tipo comercial) también lo es. Una de las facetas menos desnudas del acto de privatizar el patrimonio es disminuir el potencial decisorio del voto y de la participación directa. Es decir, partiendo de una lógica gerencial, donde el Estado entra con los recursos colectivos y los capitales privados (nacionales o no) entran ejecutando aquello que le fue dado por el poder concedente, simplemente el ejercicio de democracia (por la vía de la presión social) pierde su poder de chantaje y negociación. El mismo que dice respetar la democracia en el local de trabajo. Esta es otra virtud del sindicalismo, aunque aún poco ejercida.

Es correcto que el movimiento sindical de los funcionarios cuando a veces recae en demandas corporativas y en función de la igualdad, confunde lucha de trabajadores con jueces. Pero, la solución opuesta, la privatización a la moda petista (término que designa los afiliados al Partido de los Trabajadores, PT, de Lula y Dilma), no es salida para oxigenar el aparato de Estado. Al contrario, cuánto mayor la participación de capitales privados, menos democrático será el mundo del trabajo y aún menos permeable a la demandas societarias.

Como en toda la América Latina, ¡se asocia de forma idiotizada la “ineficiencia” con la gestión pública de la cosa pública! El Costo Brasil no debería ser sólo asociado a los gravámenes y a los enervantes tiempos burocráticos para hacer andar procesos y tramitaciones. Los costos más elevados para la sociedad brasileña se localizan en el vergonzoso repase de recursos colectivos, cuyo grueso del total es fruto del aumento del endeudamiento público o de los impuestos sobre el consumo y el salario, destinando atribuciones de un Estado con raíces nacional-desarrollistas a los capitales privados de siempre. Se trata justamente de esta característica del Estado que promueve la industrialización reconvirtiendo importaciones en producción nacional, fomentada de forma autoritaria ya en el primer gobierno de Getúlio Vargas (1930-1937) y que el ex-presidente Fernando Henrique Cardoso (FHC, gobernó de 1995 a 2002) intentó revivir.

Si hubiera un poco más de osadía política, la huelga de los servidores federales podría comenzar una ancha campaña contra el PNL y el kit de felicidades empresariales. Bien posicionado, el movimiento sindical es una forma de contrabalance a los poderes de la clase dominante y las élites dirigentes transitorias.

Dilma y su kit de felicidades. O porque el empresariado brasileño anda tan feliz

Eike Batista (un brasileño clasificado entre los diez hombres más ricos del mundo según el índice de la Forbes) tuvo un gesto de sinceridad y declaró que el paquete de infraestructura y logística lanzada por Dilma Rousseff sería un “kit felicidad”. Este fue anunciado el día 15 de agosto de 2012, como siendo un estímulo a la construcción de carreteras y ferrocarriles, totalizando la concesión de 7,5 mil kilómetros de carreteras y 10 mil kilómetros de ferrocarriles en el Programa de Inversiones en Logística. El volumen de inversiones declaradas por el gobierno vendrá a sumar R$ 133 mil millones en los próximos 25 años, siendo que R$ 79,5 millardos se aplican en los primeros cinco años. Como se sabe, las carreteras recibirán R$ 42 millardos y, los ferrocarriles, R$ 91. Y sólo para variar, el costo de todo eso sale del BNDES.

Estaban presentes en la ceremonia, de entre otros poderosos capitanes de industria, Eliezer Batista, Eike Batista (Grupo EBX), Jorge Gerdau (Grupo Gerdau) aparecen en la foto de la reunión en que dieron una rueda de prensa con el ministro Guido Mantega. También allá estaban Luiza Trajano (Magazine Luiza), Murilo Ferreira (Valle), Paulo Tigre (DHB), David Feffer (Suzano), João Castro Nieves (Ambev), Marcelo Odebrecht (Constructora Odebrecht), Robson Andrade (Confederação Nacional de la Industria), Sérgio Werlang (Banco Itaú) y Raphael Klein (Casas Bahia/Punto Frío). los peso pesados de lo que resta de la economía nacionalizada en escala industrial consiguen afirmar la receta de Bismarckismo tropical. He ahí el paquete de felicidades de Dilma y Mantega, el BNDES que sobrecargue al Tesoro y al final que el pueblo que pague la cuenta.

La verdad es que ningún analista o militante tiene más el derecho a decirse “espantado”. Progresivamente el partido que nació clasista (PT, de base reformita radical, después de socialdemócrata y en el momento, social-liberal) se hace conciliador, intercambiando el antagonismo de las mayorías para los quienes controla los medios de producción, por la opción productiva del capitalismo. En esta senda, primero abrieron la posibilidad discursiva en la Carta al Pueblo Brasileño (documento de campaña de Lula en 2002, cuando explicaban a la clase dominante que no irían a menear la estructura productiva y ni sobre tasar al tope de la pirámide social en el Brasil) y a través de la composición de fuerzas con el capital brasileño, representado por el ex-vice de Lula, el fallecido empresario minero y ex-senador José de Alencar. Los tiempos recientes apuntan a otra faceta. Ahora los elogios son para las transnacionales que “invierten” en la producción, no tomándose en cuenta que estas “inversiones” muchas veces resultan en más endeudamiento del Estado, comenzando en la Unión y “socializando” la deuda entre los tres niveles de gobierno y la ciudadanía. En paralelo con el elogio de las empresas de capital abierto y poco o ningún control local, Lula y después Dilma, vinieron eligiendo a sus “campeones nacionales”, promoviendo una política al estilo del primer ministro prusiano (y alemán) Otto von Bismarck. Ahora, las “bondades” recaen sobre estos pesos pesados de la industria y la construcción civil.

El problema de fondo es naturalizar el argumento falso. Así, el gobierno de la ex-presa política (Dilma fue guerrillera y presa política. En la mazmorra, se portó muy bien, siendo torturada y violada y no entregando a nadie) abre mano de la premisa keynesiana que el Estado es un buen interventor en la cadena productiva (por lo cual ella tanto me gustaba en el inicio de la democracia, en la década de 1980) y antes que nada, al menos en la infraestructura instalada del país. Ahora, la “felicidad” que fuera generada a través de la disminución de los gastos absurdos, con el alargue y re-endeudamiento va a aumentar el pase de recursos públicos a fines privados, aunque en el ejercicio de funciones de Estado. Al menos el empresariado es “sincero” y, más allá de las sonrisas, ya demandan más pase de presupuestos públicos a la caja de sus empresas, tal como el recorte de impuestos. Así, en el mediano plazo, una vez más la cuenta no cuadrará.

Artículo publicado originalmente y difundido por la agencia Barómetro Internacional, desde Caracas, Venezuela

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