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El Califato Islámico y la disolución de Irak


A lo largo de más de tres años de guerra civil siria, un conflicto que organiza la oposición de mayoría sunita en dos grandes campos, el EIIL representa el dinero saudita y quatarí.

Bruno Lima Rocha

Este artículo fue iniciado en la primera quincena de junio, cuando el Estado Islámico todavía no había proclamado su Califato. Vale analizar la absurda alianza, tolerada por el Departamento de Estado y el Pentágono, donde el flujo de recursos llegados de la monarquía saudita se convierte en fondos de mantenimiento de la versión más conservadora y medieval de Al-Qaeda. El infierno continúa en el Mundo Árabe bajo la lógica de la geopolítica.

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ISIL, Wahabismo y petrodólares, la peor de las alianzas

El integrismo tiene nuevo protagonista con el avance en el frente iraquí del Estado Islámico de Irak y el Levante –EIIL– (ISIL la sigla en inglés). Fundado por un ex profesor universitario, Abu Bakr Al-Baghdadi, el ·EIIL opera en dos frentes, (Siria e Irak) y con la fusión junto al grupo Frente Nusra, en el frente de la guerra civil siria, tomó la delantera del Jihadismo en la región. Su liderazgo tiende a catalizar a los jihadistas suníes, pues no reconoce al heredero formal de Al-Qaeda, Al Zawhiri. El lema de esta organización es “El Sheik Baghdadi y el Sheik Osama Bin Laden son semejantes”. Aunque esta organización no sea novedad para los especialistas y sobrevivientes del Mundo Árabe, es importante para la opinión mundial saber que los grupos armados del wahabismo son los hijos bastardos de los petrodólares que fluyen a través de las redes de inteligencia coordenadas por las monarquías de Arabia Saudita y Qatar.

A lo largo de más de tres años de guerra civil siria, un conflicto que organiza la oposición de mayoría sunita en dos grandes campos, el EIIL representa el dinero saudita y quatarí. Del otro lado de la trinchera, el Ejército Libre de Siria, oriundo de los restos del ejército nacional otrora controlado por el clan Assad, opera con recursos de la República de Turquía y es visto con simpatía por la Casa Blanca. Los estrategas del Pentágono se inmiscuyen en la voluntad política autónoma y medio suicida de las elites árabes sunitas, billonarias y conservadoras. Adeptas de la transnacionalización de las guerras sirias e iraquíes, acabaron por transformar los campos de batalla en un conflicto civil y comunitarista (sectario) entre sunitas y chiitas. El desequilibrio se da en la autonomía operacional del EIIL y su motivación guerrera, con un pie en el salvajismo y otro en las relaciones públicas por Internet.

En la batalla por la importante ciudad de Mosul, 30.000 soldados “iraquíes” se desbandaron frente a 800 jihadistas, abandonando este punto estratétegico. El gobierno del primer ministro chiita Nouri Al-Maliki sbe que si el EIIL avanza más, lo que queda de su gobierno y Estado fantoche estará al borde de un colapso. El apoyo saudita y de las redes wahabitas llevó al Estado Islámico de Irak y el Levante  a ser hegemónico en un tercio del territorio original de Irak y a garantizar su autonomía operacional en un área equivalente en Siria. Aplausos para los estrategas del Pentágono y el lobby del petróleo que no rompen con las monarquías árabes y su doble juego junto a los fundamentalistas suníes.

¿Qué país es ese llamado Irak luego de la segunda invasión de los Bush? La obra nefasta de los socios de los Bush y Dick Cheney avanza a menos de 100 kilómetros de Bagdad. El sector –o la nueva generación de Al-Qaeda– el Ejército para el Estado Islámico de Irak y el Levante (Levante es la denominación histórica del Medio Oriente) ya controla más de un tercio del territorio iraquí y ya se robó más de 425 millones de dólares en su control de Mosul, la segunda mayor ciudad del “país”. Resultado: tal vez los jihadistas suníes no venzan, pero decretan el obituario de la ficción jurídica llamada Irak post Saddam Hussein.

 

El Califato que va de Alepo (Siria) a Diyala (Irak)

El avance permanente del Estado Islámico de Irak y el Levante está decretando una situación de reacomodo de las fronteras post coloniales del Mundo Árabe. Lo que un día fue el país llamado Irak, cuya dictadura baattista de Saddam Hussein fuera otrora apoyada por los Estados Unidos, tiene su estado de “casi” defunción firmado con el avance de los jihadistas suníes. Como la organización religiosa-militar-poítica comandada por el Sheik Abu Bakr Al-Baghadadi opera como un paraguas para la oposición de los árabes sunitas en la región fronteriza entre Jordania y Siria (también deshecha), el gobierno de mayoría chiita esta contra la pared.

Por más que el Secretario de Estado John Kerry fuerce al gobierno chiita del primer ministro Nouri Al-Maliki, y aunque Irán coincida en dar apoyo a un gobierno de coalición, el proto-estado kurdo no parece aceptar cualquier solución que no sea la definitiva independencia de la mayor comunidad nacional sin un Estado del planeta. El Departamento de Estado de los EUA está forzando una solución al estilo de Francia para el antiguo protectorado de Siria y el Líbano. Al asegurar la independencia libanesa el primero de enero de 1944, las fuerzas francesas libres garantizaron la permanencia del confesionalismo político. Se trata de esta misma propuesta, ahora para “salvar” lo que queda de Irak.

Convocar a una coalición nacional, en la práctica implica un pacto confesional, sin la posibilidad de un integrismo comandado por algún sector del Islam. Dividir la interpretación de una eventual legislación con base a la Sharía, sería incompatible con la coexistencia de fuerzas jihadistas sunitas y chiitas. Lo mismo sucede dentro del sunismo. Los más destacados analistas de Al-Jazeera apuntan que el EIIL puede ser un paraguas de los sunitas en una alianza que comienza en la resistencia contra la invasión de los EEUU en la Segunda Guerra del Golfo y termina por coordinar una fuerza de origan baathista con inspiración en el sufismo  –la Naqshbandi, muy bien preparada militarmente– con los seguidores directos de Al-Baghdadi. La lucha contra los chiitas y los “separatistas” o “autonomistas” kurdos, unió a dos fuerzas con inspiraciones antagónicas. Resta saber si puede haber una defección en la alianza suni-baathista-jihadista y surgir así una fracción “potable” para el acuerdo propuesto por Washington.

Estamos delante de otro impasse de la política externa basada en el uso de aliados por los indefendibles intereses de la geopolítica del petróleo. El Imperio hace y deshace con su ayuda militar y su promesa de supremacía aérea. En caso de que un “bombardeo humanitario” fuese ejecutado contra el gobierno de Assad y la alianza baathista-alauita-chiita con el apoyo de Irán, Rusia en Siria, el gobierno de Obama habría entregado más de un cuarto del territorio histórico del Levante a Al-Qaeda y el EIIL. Como no hubo ataque aéreo gracias a la acción del Kremlim, el avance de los jihadistas de al-Baghdadi demoró un año para realizarse.

Con la proclamación del Califato Islámico gobernado por el EIIL, definitivamente las fronteras del Oriente Medio ya no serán las mismas.

www.estrategiaeanalise.com.br

blimarocha@gmail.com

*Profesor de relaciones internacionales y ciencias políticas y periodista.






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