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Marina Silva y el lulismo que solo pierde frente a sí mismo o a su disidencia


Marina Silva, era una mezcla de discreción con un poco de compromiso.

Bruno Lima Rocha*

La muerte del ex gobernador de Pernambuco y candidato a presidente por el PSB,  Eduardo Campos, ocurrida el 13 de agosto alteró el escenario electoral brasilero. Hasta su fallecimiento en un desastre aéreo en la ciudad de Santos, en el litoral del Estado de San Pablo, la presencia de su candidata a vicepresidenta, la ex ministra del Medio Ambiente de Lula, Marina Silva, era una mezcla de discreción con un poco de compromiso. Durante una semana circuló la especulación en torno a las opciones de la mesa Ejecutiva Nacional de los herederos políticos de Miguel Arraes, si los caciques del PSB arriesgarían una chance de victoria electoral que puede convertirse en una rotunda derrota política. Por lo visto las esperanzas de las urnas y el pacto de compromiso político ondearon “la mosca azul” para Roberto Amaral, Beto Albuquerque,  Luiza Erundina  y compañía.  Le va a tocar al diputado federal y ex secretario de Olivio Dutray y Tarso Genro (en los gobiernos estadales de Río Grande del Sur) Beto Albuquerque el papel de asegurar la alianza del compromiso político y además frenar la idiosincrasia de la “estrella” acreana (natural del estado de Acre, donde vivía Chico Mendes) disidente del PT.

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A pesar de los riesgos, el PSB se lanza en busca de la olla de oro, atraído por la mosca azul al final de octubre. Con Marina a la cabeza de la lista, todo cambia. La investigación de Datafolha (perteneciente al grupo Folha de San Pablo) el lunes 18 de agosto ya apuntaba a un empate técnico entre la ex seringuera (extractora del caucho en la selva amazónica) y correligionaria  de lucha de Chico Mendes en los enfrentamientos contra los madereros del estado de Acre, y del nieto del ex gobernador de Minas Gerais, el senador por el PSB-MG, Aécio Neves. Este analista se reserva el derecho de poner en duda las metodologías de las investigaciones de opinión y de esta manera resalto que hago este análisis sin entrar en el debate de las intenciones de voto y sus mediciones, pero sí  por los efectos que ellas causan en las direcciones partidarias y en los equipos de campaña. O sea, a pesar de no confiar en los instrumentos de investigación y ya haber escrito antes alguna vez, asumo como pertinentes los datos para el efecto de este análisis. A partir del anuncio público de estos indicadores, “Marina Silva a la presidencia” oprime el botón rojo en la campaña tucana (el tucán es un pájaro y también el apodo de los afiliados al PSDB) y da la alerta máxima al Palacio de Planalto (sede del poder central en Brasil).

El peligro de derrota del lulismo es real, porque penetra en medio de la base construida en diez años de gobierno de conciliación. Por primera vez el lulismo enfrentará a un personaje político que corta al medio a su amplia base electoral, además de una sofisticada apelación a las clases medias consolidadas (clase B según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística IBGE y no la ascendente clase C, bastión de los gobiernos petistas). La ex senadora petista entre también a la escisión de los votos neopentecostales, otro bastión del lulismo. Lula accionó su pragmatismo, se alejó de las bases militantes católicas y formó una alianza con la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD). Este pacto le cobró –así como a Dilma– un alto costo ideológico, a la vista de las peripecias de los pastores-diputados-empresarios como Marco Feliciano (PSC-SP) al frente de la Comisión de Derechos Humanos. Pero como ni el PT, ni menos todavía Lula y tampoco Marina o Dilma ni siquiera se reivindican como de izquierda, el costo ideológico no es un problema para el objetivo de dicho gobierno y menos todavía en campaña para presidente.

Para los cazadores de votos, cuando mayor el abanico de sectores electorales, menos rehén queda el candidato de los ataques y defecciones en sus reservas electorales. Para el PT, una Marina al frente de una estructura partidaria de cubertura nacional y con gran cohesión –la suficiente para “bancar una campaña llena de alianzas heterodoxas”–  es una amenaza real  al proyecto de reelección. Si la segunda vuelta pudiera tener alguna apertura en una eventual  “largada” contra Aecio, la carrera entre Dilma y Marina es “cabeza a cabeza” desde el principio de esa segunda vuelta.

Ahora, la nueva personificación del “sueño americano” es una mujer de origen negro e indígena, analfabeta hasta la adolescencia, de la provincia, venida de un ex territorio federal en la Región Norte,  que va a encarnar el patrón brasilero de renovación para la perpetuación parcial.  Siempre se dijo que el lulismo sólo podría perder frente a sí mismo. Es el caso de Marina Silva una disidencia marcada por el abandono del reformismo radical y la militancia social de los años 80 y parte de los 90 hacia una pragmática adhesión al “vale casi todo” para orientar el Poder Ejecutivo y hacer lo que dé. La carrera electoral recomenzó.

 

Marina es una incógnita

Marina Silva, ex senadora del PT de Acre, ex ministra del Medio Ambiente (MMA) durante el gobierno de Lula y ex candidata a presidente como una intrusa en el Partido Verde en el pleito de 2010, está arrancando en las investigaciones de intención de voto en la segunda mitad de agosto de 2014. Quedando menos de 45 días para la determinación de la primera vuelta, marina crece con la exposición permanente, sin críticas –en función de la muerte de Eduardo Campos y la consecuente conmoción del país– consiguiendo esconder casi totalmente las fragilidades de su programa de gobierno.

Vale una observación antes de seguir, este analista y la publicación Estratégia & Análise no necesitan hacer un juramento de convicción política por la democracia radical, sustantiva, directa y participativa. Por lo tanto es innecesario afirmar que en este momento de tensión política nacional, nos alineamos más a la izquierda, más allá del escenario electoral. Dicho esto, nos reservamos el derecho a la crítica sin que parezca que estamos en campaña y tampoco confundiendo el análisis con la propaganda de las ideas políticas de cambio. Todo este refuerzo de nuestra posición electoral  y de quien escribe resulta necesario para las líneas que vendrán.

Marina consiguió transparentar en la superficie algunas fragilidades que le pueden cobrar  caro al final de la primera vuelta, y en el arranque de la segunda. Para ayudar a este análisis, reconozco la sabiduría política de Gustavo Gindre –reconocido como el mejor bloguero de pensamiento crítico brasilero contemporáneo. Leyendo y releyendo sus posts y comentarios, observo el siguiente patrón de comportamiento político, a partir de un hecho singular.

Marina tiene como asesor de confianza al ex secretario ejecutivo del MMA en su gestión acreana, João Paulo Capobianco. Analizando la entrevista dada por este operador al periódico Valor Económico el 26/08/14 (un joint venture entre los grupos Folha y Globo) quedó nítida la elección de no confrontar en nada a los intereses constituidos, aún aquellos que serían programáticos. Si nada es programático, entonces todo es posible. No hay problemas en apoyar y dar sustentación a actividades económicas de agricultura de escala, aunque ellas sean devastadoras para los biomas del Centro-Oeste y de la Amazonia Legal. Si Marina y su grupo de asesores directos proclaman que no van a menear ni aquello que sería la columna vertebral del programa de gobierno, entonces no va a alterar nada que hiera a los intereses directos de los grandes agentes económicos.

El alejamiento –anunciado y ya reforzado– de la estructura partidaria y la personalización de auxiliares directos consiste en rodear a Marina Silva de un selecto grupo de confianza personal. Sin un programa de gobierno, la tendencia del Ejecutivo será equilibrarse, contemplando a los diversos intereses e intentando realizar una amplia coalición. Algo parecido al gobierno de Itamar Franco antes del Plan Real. En la práctica, gobernar sin programa es aplicar un programa de terceros, o aceptar la imposición de la pauta de quienes están arriba en la política y la economía brasileras.

Más preocupante es la relación simbiótica con Neca Setúbal, su estratega de campaña y heredera del Grupo Itaú(segundo mayor banco del país). Refuerza esta preocupación al imponer la fusión pendiente del banco controlado por la familia Moreira Salles (UNIBANCO) con la institución financiera de la familia Setúbal.  El IRS va a necesitar pelear –y mucho– para cobrar bajo este nuevo mandato presidencial. Mas si la presidenta fuera la “mejor amiga” de los deudores, esta sería una operación sería todavía más difícil. Tales síntomas que apuntamos indican que como operadora de la “nueva política” Marina Silva sigue los pasos de otros arrepentidos de los días en que militaban a la izquierda y a favor de las bases.

Su ejemplo vale como producto electoral, pero sólo como eso. Tiene utilidad para los excelentes publicistas en campaña, aquellos que responden al neologismo de “marketineros”, magos del  aislamiento del proceso electoral, alejándolo del proceso político. Infelizmente, podemos tener la primera mujer de origen humilde en la presidencia, siguiendo el patrón del fundador del lulismo. La ex senadora también opera para reducir las tensiones sociales, pero con menor ímpetu distributivo que Lula y con menos capacidad ejecutiva que Dilma.

La loca derecha brasilera tiene en Dilma su mejor opción, en Aecio su liquidación como clase dominante, y en Marina una incógnita.

 www.estrategiaeanalise.com.br / blimarocha@gmail.com






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