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Una proyección de análisis acerca de la aproximación de Cuba con EEUU


El preocupante en esta reaproximación es la apertura económica cubana, como la posibilidad de desamparo de una masa de trabajadores, que aunque viva de forma modesta, tiene la seguridad de los beneficios sociales y un grado de certeza en cuanto al futuro inmediato.

03 de agosto 2015, Por Bruno Lima Rocha

La reaproximación entre Estados Unidos y Cuba, con la reanudación de las relaciones diplomáticas entre los dos países, está concluyendo una etapa de la geopolítica de América Latina,  que se  remonta a la Guerra Fría. La victoria de la Revolución Cubana abrió en nuestro continente una ventana de posibilidades de cambio, resultando en un vendaval revolucionario de tres décadas. Aún tenemos fuerzas insurgentes latinoamericanas, como el ELN y la FARC colombianas, y el EZLN y EPR de México, pero tal accionar está muy distante del que hubo hasta la rendición y armisticio de las guerrillas centro-americanas en la mitad de la década de 1990. Observar las relaciones cubano-estadunidenses hoy, implica también en hacer la proyección de los tiempos que se avecinan.

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Uno de los factores preponderantes del lado del gobierno cubano, para la reanudación fue percibir la situación de riesgo real, que vive el proyecto chavista en Venezuela. Desde la primera victoria electoral de Hugo Chávez, a finales de 1998, Cuba viene realizando un sistema de cambios donde la asistencia en recursos humanos, obtiene de Venezuela una buena contrapartida en petróleo y créditos a través de la Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela (BANDES, equivalente al BNDES brasileño).

Con la crisis política trabajada por la oposición venezolana y profundizada después del fallecimiento de Chávez, La Habana se vio enredada y, a la vez, analiza las condiciones de negociar su posición privilegiada, tanto con China, como con los EUA.

Ya la superpotencia durante el segundo gobierno Obama, apostó en inclinarse hacia América Latina,  como área privilegiada en las relaciones, en el marco  de lo que ha calificado, como la segunda guerra fría. China, derrotada ideológicamente después de la reaproximación promovida entre Mao Zedong y Richard Nixon aún en 1972, hoy se presenta como la desafiante con su presencia económica, generando en  los países de la región su enorme capacidad de inversión.

La apertura del Canal de Nicaragua, pasaje que viene la rivalizar con el Canal de Panamá, agrava con la posible presencia de la fuerza naval rusa, como escuadra protectora de la ruta interoceánica, anteriormente  alertado a los estrategas del Pentágono, de la importancia de la reanudación con La Habana. El futuro puerto de Mariel como parte fundamental de esta nueva ruta entre los dos océanos es un *agravante visible – para los Estados Unidos – de la participación china en el desarrollo y apertura *capitalista de Cuba, teniendo como socio más pequeño, pero de relieve, al propio Brasil.

Delante de la presencia china cada vez más evidente, el segundo gobierno Barack Obama, reforzó la marca de su administración después de la derrota en las elecciones de medio de mandato. Como este es su segundo y último periodo al frente de la superpotencia, el ex-senador demócrata por el estado de Illinois hube resuelto por confrontar sus enemigos internos, en especial los controladores políticos de la comunidad cubana-americana. De triste notoriedad, las agrupaciones políticas de la Florida proporcionan un voto cautivo para el Partido Republicano, inclinándose más a la derecha d media de este partido ya bastante conservador.

Luego, derrotar a los líderes gusanos (cómo son peyorativamente denominados) sería un punto importante para la próxima campaña Demócrata en el rumbo de Casa Branca. A la vez, sería un ante paro para la proyección china sobre a América Latina y lo Caribe, algo que es cada vez más evidente. Así, el gobierno Obama viene avanzando dentro del límite del que la ley permite en la reanudación de estas relaciones, sólo no pudiendo suspender el embargo económico, visto que esta ley depende del Congreso de los EUA, donde la derecha republicana ejerce poder de veto. 

A juzgar por la reapertura de las embajadas, marcada por la representación diplomática oficial de los EUA reabierta el día 20 de julio de 2015 en La Habana y viceversa y por el comportamiento bipartidismo favorable al movimiento de Barack Hussein Obama, es posible que el bloqueo económico pueda desaparecer. Un síntoma de estos,  es el fin de la prohibición de viajes para turismo de ciudadanos estadunidenses, sin exigencia de visado especial (dentro de una categoría especial con varias especificaciones), al menos en el Comité que observa el tema (y tiene mayoría republicana). Obama está  realmente convencido  de la necesidad de suspensión del bloqueo, para intentar atraer a los antiguos adversarios, para una relación  más profunda, abriendo también  una cuña con la hegemonía más a la derecha, de las comunidades cubano-estadunidenses. 

El preocupante en esta reaproximación es la apertura económica cubana, como la posibilidad de desamparo de una masa de trabajadores, que aunque viva de forma modesta, tiene la seguridad de los beneficios sociales y un grado de certeza en cuanto al futuro inmediato, a partir de la excelencia de algunos servicios públicos cubanos. Definitivamente, la ciudadanía cubana no quiere, el retorno a su condición anterior a 1959 y, puedo afirmar con elevado grado de certeza (a través de distinguidas fuentes, siendo tanto de naturales como de viajeros con varios matices políticos), podría optar por la democratización del socialismo, y no un avance de las formas de capitalismo en el país, siendo este de plantilla china o estadunidense.






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