Estratégia & Análise
ISSN 0033-1983
Principal

Artigos

Clássicos da Política Latino-Americana

Coluna Além das Quatro Linhas

Coluna de Rádio

Contenido en Castellano

Contos de ringues e punhos

Democracy Now! em Português

Democratização da Comunicação

Fale Conosco

LARI de Análise de Conjuntura Internacional

NIEG

Original Content in English

Pensamento Libertário

Publicações

Publicações em outros idiomas

Quem Somos

Sobre História

Sugestão de Sites

Teoria



Apoiar este Portal

Apoyar este Portal

Support this Website



Site Anterior




Creative Commons License



Busca



RSS

RSS in English

RSS en Castellano

FeedBurner

Receber as atualizações do Estratégia & Análise na sua caixa de correio

Adicionar aos Favoritos

Página Inicial












































Contenido en Castellano •


En el Brasil de las elecciones presidenciales, la disputa del Estado pasa por el control de la política monetaria


El modelo implantado por la alianza de gobierno de Cardoso con el PSDB-PFL (hoy DEM) tuvo tres pilares: privatización de las empresas estatales, apertura de la economía al capital financiero y “flexibilización” de las leyes laborales.

Terminada la Copa del Mundo de Brasil, tenemos ahora el inicio de la contienda presidencial. Con el principio de la campaña electoral el análisis político vinculado a los intereses mayoritarios tiene que identificar el centro nervioso del manejo de los recursos colectivos. Es allí que incumbe a la base de la pirámide social brasilera. No se trata de maniqueísmo, porque sería frívolo igualar a los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) a los de Luis Inácio Lula da Silva (2003-2010) y Dilma Rousseff (cuyo primer mandato finaliza ahora en 2014). Y sería todavía más irresponsable posicionar en la izquierda la propuesta del lulismo. Veamos por qué.

enviar •
imprimir •

El modelo implantado por la alianza de gobierno de Cardoso con el PSDB-PFL (hoy DEM) tuvo tres pilares: privatización de las empresas estatales, apertura de la economía al capital financiero y “flexibilización” de las leyes laborales. Para su propuesta, el tucanato fue bien sucedido. Las directivas de Luis Inácio y de la sustituta del ex ministro Jefe de la Casa Civil y otrora poderoso “capo” José Dirceu no llegaron a revertir por completo ese modelo. Si lo hubiesen hecho, hubieran prohibido las tercerizaciones, haber abierto auditorías y revertir el proceso de venta de las empresas estatales (como en el caso de la Compañía Minera Vale do Rio Doce) y disminuir las maniobras del mercado de capitales. La opción fue de centro-derecha, a través del juego de “ganar-ganar”. En este, los de arriba facturan con la inversión en niveles razonables (media de 18% en comparación con el 25% de los mercados emergentes) y –como en todo país capitalista que se considere serio– siendo debidamente financiados por el banco de fomento (en este caso el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social, o BNDES). La masa factura por tabla rasa, con el empleo directo y el ingreso al mundo del consumo a través del crédito.

No es poco comparado con los terribles años de la década del 90. Pero todavía la distancia entre las mayorías y el locus decisorio es enorme. El Banco Central de Brasil (BC y el Consejo de Política Económica, COPOM) así como los sectores del área económica operan de forma insular. Siguen una lógica casi autónoma, subordinada directamente a los grandes operadores del mercado de capitales y a los banqueros. El combustible para la acumulación de renta está en la tasa SELIC (tasa básica de intereses, índice oficial determinado por el COPOM en reuniones agendadas –no televisadas y sin presencia de la prensa– que se realizan cada 45 días) En el momento que escribo, la tasa está en el 11%, cuando el índice necesario en el caso que fuera realmente para ecualizarse con la inflación, debería ser entre 5% y 6%.

El estímulo a la vorágine financiera hace de la renovación de la deuda el principal factor de acumulación para los grandes conglomerados económicos. Estos, por ser los detentores de saldos disponibles, actúan sobre los títulos públicos. Ya los bancos, además de obtener recursos casi sin costo, facturan el doble al lucrar con el rendimiento de los papeles y aprovechar las tasas de interés impuestas a las micro y pequeñas empresas. ¿Quién paga la cuenta? Toda la sociedad.

Si estos temas no entran en la campaña electoral, no se discute el poder más allá del cambio de gobierno de turno. Junto con el bloqueo al debate al respecto de las ganancias equivalentes a los Fondos Buitres en Brasil, siendo que estas ganancias son oficiales y con la firma del Ministerio de Hacienda, aparece otra falacia. Un dogma del pensamiento neoliberal es repetido como el hablar ensayado de los papagayos.

 

La falacia del Banco Central independiente

Uno de los temas prohibidos de hecho para los candidatos favoritos en la próxima elección presidencial es la subordinación del Banco Central a la voluntad política de los electores. La cartilla neoliberal defiende la “independencia” de la autoridad monetaria, para que ella no sea “politizada”. Este absurdo conceptual hasta podría ser considerado exótico si no fuera tan peligroso. Volver independiente de la voluntad soberana –aunque ella sea ejercida en forma indirecta– al centro nervioso de los recursos colectivos es como condicionar la capacidad de gobierno a un gesto de obediencia al sujeto oculto y omnipresente llamado “mercado”.

Tamaño absurdo no es un privilegio brasilero. En los Estados Unidos la transición de los gobiernos republicanos de Ronald Reagan a George Bush (padre) hacia los dos mandatos de Clinton, asistió a la continuidad de Alan Greenspan al frente de la Reserva Federal (FED) o Banco Central de la superpotencia. Después, en el pasaje de Bush Jr. hacia Obama, el sucesor de Greenspan, Ban Bernanke también fue mantenido en el cargo (todavía está en ejercicio). El resultado de esta continuidad neoliberal al frente de la FED fue un mínimo de tres crisis internacionales, siendo que la última –disparada en setiembre de 2008– representó la mayor transferencia de fondos colectivos a control privado en la historia de la humanidad. Los estadounidenses eligieron primero a su presidente afro-americano trayendo tímidos vientos keynesianos. Pero su equipo económico está lleno de hombres de confianza de Wall Street  y de los estafadores de la burbuja generado por la venta de hipotecas podridas.

En Brasil tenemos una cartilla semejante con algunas saludables variaciones. Las reglas son más rígidas para el capital financiero y no llegamos a los índices de apalancamiento de 1 a 33 (¿en el pico de la especulación, la fallida Lehman Brothers llegó a vender títulos podridos con un margen de 1 a 40!), como en los Estados Unidos de Bush Jr. La fiesta era tal que el Banco de Compensaciones de Basilea (BIS) recomienda como media un apalancamiento de 1 a 9, siendo el máximo “aceptable” de 1 a 11.

Aún reconociendo que en Brasil tenemos reglas más estrictas, estas son compensadas por las tasas reales de interés ¡más altas del mundo! Además de recompensar a los especuladores –ya que el gobierno de turno entra también en la fiesta a través del control del Poder Ejecutivo Federal sobre los mayores fondos de pensión de los funcionarios estatales, empresas públicas y autarquías (como el PREVI, fondo del Banco de Brasil, el FUNCEF de la Caja Económica Federal, el PETROS de la Petrobrás, entre otros) – el actual gobierno de centro-derecha y los concurrentes más adeptos al neoliberalismo (Aecio Neves, del PSDB y el disidente de la actual composición del gobierno, Eduardo Campos, del PSB) preservan la “mesa puesta” del post Consenso de Whashington.

Así, las normas sagradas del neoliberalismo se mantienen: BC independiente, cambio fluctuante y contención del gasto público. Esta última es otra falacia. El Estado puede gastar a voluntad, mientras sea para alimentar la ruleta financiera. Para eso la autoridad monetaria debe ser de la confianza del “mercado” (los especuladores) y no subordinada al interés público. Cuando la tasa SELIC comenzó a declinar progresivamente (en 2011 y mediados de 2012) disminuyendo el costo del dinero y acortando el tamaño del rombo de la renovación de la deuda, los “especialistas” acusaban al Banco Central de estar perdiendo “autonomía”.  Cuando la tasa SELIC sube, conmemoran el acierto “técnico”.

El Banco Central “despolitizado” y bajo gestión “técnica” es simplemente la subordinación de la autoridad monetaria a los intereses de los operadores financieros.






« voltar