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Irán y el ajedrez Kurdo


El suicidio Farinaz Xorowanî marcó el surgimiento del conflicto en el este de Kurdistán y expone la grave represión que los agentes de Teherán tienen en el kurdo izquierda

26 mayo, 2015

Por Bruno Lima Rocha

La ciudad de Mahabad es conocida como la capital del Kurdistán iraní, y hoy opera como el epicentro, de la rebelión popular de los kurdos contra la autoridad chiita de Teherán. Durante un corto tiempo de duración, de la república del Kurdistán, que  existió en 1946 bajo apoyo de la antigua Unión soviética, esta ciudad dio el nombre a un estado embrionario, cuyos líderes fueron fusilados por el régimen del Shah apoyado por los ingleses. Después de la Revolución Islámica de 1979, la situación de los kurdos del leíste no mejoró en la Región.

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El Kurdistán Leste (Rojhelat) vivió un momento de rebelión, después del día 7 de mayo, cuando una joven kurda se tiró del 4º piso de un hotel cinco estrellas. Donde trabajaba como camarera. El motivo del suicidio de Farinaz Xorowanî, fue un acto de rebeldía contra agentes de la inteligencia iraní (Itlaat), que, al alegar querer interrogarla, intentaron forzar una violación. El sacrificio de la trabajadora resultó una rebelión franca y abierta, las tropas antidisturbios de la provincia y fuerzas regulares de la Guardia Revolucionaria de Irán (Pasdaran), usaron balas letales en medio de la calle. Tal episodio, al contrario de ser una algo puntual, se volvió la norma de convivencia entre el régimen de los Ayatolás y la izquierda kurda.

Los días posteriores, la policía política de los ayatolás, detuvo a más de 800 militantes sociales kurdos, como la estadística regular de asesinatos, por parte del Estado; cerca de cien activistas por año, los cuales  son ahorcados por las leyes del fundamentalismo chiita. Podemos afirmar que hoy, la República Islámica de Irán (chiita), mata más prisioneros curdos – de un total de más de 11.000 presos políticos - que los demás países donde se desarrolla esta guerra revolucionaria. Las demás bajas se encuentran en los frentes de guerra, contra el integrismo islámico sunita, cuyas campañas son en los territorios de los Estados quebrados de la Siria y de Irak.

Es difícil para la izquierda occidental – o lo que de ella, confundir generalmente el socialismo con estatismo - hacer una crítica  contundente de Irán, a nivel público y en audiencias latino-americanos. El régimen fundado por Khomeini, operaba como un catalizador antiimperialista, siendo creado para desafiar la alineación del ex-gobernante (el tirano pro-Occidente, Shah Reza Pahlevi) derrumbado en 1979, a través de una rebelión popular comandada por los clérigos chiitas.

La izquierda que estaba en Irán pasó a ser perseguida en 1981, cuando fue expulsa del nuevo gobierno y después, equivocadamente, vio que algunos de sus líderes se volcaron al lado de Sadam Hussein en la guerra Irán-Irak. Como el Irán viene en amplio desafío tanto con  EUA, como  con Israel y sus acciones en la región, dejan una imagen bien recibida por el progresismo occidental, tal vez por un desconocimiento de su política en la represión  interna. Así, en el ambiente doméstico, el gobierno de Teherán, que es tan autoritario como los demás de la región, aunque el chiismo sea- de hecho – más institucionalista y previsible,  que el *integrismo *sunita y sus redes de terror indiscriminado.

Desde 1979, el gobierno integrista chiitas de Teherán, fue responsable por la victoria militar del Hezbollah sobre Israel y sus aliados de la derecha cristiana en el sur de Líbano, y a la vez opera como aliado estratégico del gobierno de Bashir Al-Assad y lo que resta de la Siria ya sin integridad territorial. Una línea de poder chiita puede ser construida, si la Siria como gobierno formal y no de hecho, sumado por otra, por el control de Bagdad por las fuerzas chiitas y todos apoyados por Irán.

Para evitar esta malla de influencia directa, el sunismo cuenta con las monarquías, con millones de petrodólares, y dando apoyo financiero y militar,  para las dos mayores redes integristas la Al-Qaeda y el Daesh (Estado Islámico). Ya las fuerzas a la izquierda en Oriente Medio, dependen totalmente de organizaciones políticas-sociales-feministas y militares del PKK. En Irán, la representación del Confederalismo Democrático, se da a través del PJAK (Partido de la Vida Libre en el Kurdistán), fundado en 2004, cuyo frente militar es operada por el HPG (Fuerzas de Defensa Popular). Los campamentos del HPG en las montañas del Kurdistán, con la soberanía del gobierno de la derecha curda (KRG), formando la reserva estratégica de la revolución social curda, a través de sus campamentos y academias de formación política, se convierten en un irradiador del pensamiento y acción revolucionarios en el Kurdistán.

Fue de este contingente que salieron las unidades de guerrilleros a combatir el Daesh (Estado Islámico) en Mosul, logrando con sus acciones,  salvar la vida de más de 100 mil yázidis. Si este santuario llegara a ser destruido, toda la estructura socio-política del *PKK por de venir abajo. En Irán, esto implicaría la subordinación definitiva de más de 14 millones de curdos, dentro de una población de 77 millones de habitantes, con un 50% de chiitas, a lo que se suma, también relevantes los contingentes étnicos de árabes, azerís y turcomenos. Para los ayatolás, derrotar la rebelión curda es vital.

La victoria de la izquierda curda en Kobanî (cantón central del Kurdistán sirio), genero la posible necesidad, de una alianza táctica, de un  plan militar entre Irán y Turquía. Si el HPG sea derrotado, Ankara y Teherán se librarían de su más poderoso adversario doméstico y con influencia directa en la demarcación de sus fronteras físicas.






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