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Soya, la reina del Sur (2)


El paro rural de Argentina representa el campo, por más loco que sea designar a los latifundistas asociados a las transnacionales del agro como representantes de un sector social. Es el fantasma del golpe del general Uriburu, hecho por La Rural, contra los obreros y el nacionalismo de Moscón. Todo vuelve otra vez más.

El debate de fondo respecto a la soya trata tanto de la soberanía de los países de América Latina (en especial los del Cono Sur) como de la función de los alimentos en el Siglo XXI. En el primer caso, tenemos la repetición de un problema ya conocido, cuando toda la economía de Brasil dependía de la cultura del café. El crack de la bolsa de Nueva Cork en 1929 fue el apogeo de una crisis ya anunciada. No fue por falta de avisos, pero sí con certeza por ausencia de planificación. El Brasil de 2008 es otro. Somos la 11ª economía del mundo, y tenemos experiencia en distintas áreas. Sólo seremos “sorprendidos” como pueblo o nación, si los gobernantes de este país así lo quieren. El asunto es delicado, porque estamos hablando de un sector gigantesco. Todo el agronegocio en Brasil tiene un superávit proyectado entre 55.000 y 60.000 millones de dólares.

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En el otro lado del mundo, el sitio de destino de la mayor parte de la soyicultura brasilera, fue hecho un importante anuncio en la última semana del año 2007. El ministro de finanzas de China, Xie Xuren afirmó que su gobierno mantendrá la tarifa de importación de soya en el simbólico porcentaje del 1%. Esta tarifa fue mantenida hasta el 1º de marzo, con la finalidad de asegurar un buen abastecimiento de aceite comestible al voraz mercado chino. En estos momentos no existe un límite para saciar ese apetito. En el mediano plazo quedaremos todos a merced de los “humores y señales” de China, en el caso que la próxima mayor potencia del mundo altere su política de importación.

Una alternativa para la disminución de exportación de soya y granos en general apunta a otra discusión. Porque otro debate es el destino de los alimentos y las materias primas.

El peligro es utilizar grandes áreas de monocultivo. Si los combustibles fósiles son contaminantes y no renovables, podemos afirmar lo mismo respecto de los recursos hídricos (para la irrigación en gran escala), el uso de pesticidas y el control de toda la cadena de insumos por unas pocas transnacionales también productoras de transgénicos.

La investigación agropecuaria brasilera es de punta y da buenos resultados. Esto no está en discusión, pero sí lo está el tipo de investigación aplicada y su destino. En el momento en que la balanza comercial permanece apoyada sobre la producción primaria en dimensiones absurdas, el país ya hizo una elección y va a pagar el precio de ella. No hay superávit que suplante el uso y el avance desregulado del plantío de soya en la Amazonia.

Con nuestros vecinos ocurre algo parecido. El gobierno del Frente Amplio en Uruguay no sólo mantuvo el modelo del agronegocio, sino que lo incentivó. En el Uruguay, un país de tierras fértiles y población envejecida, con una provincia despoblada, el área plantada de soya alcanzó 425 mil hectáreas. Esto equivale un aumento del 5000%, o más de cincuenta veces, del área cultivada con esta oleaginosa en la zafra de 1999/2000. Como siempre, el foco de exportación es China.

Este analista concuerda con la evaluación de la empresa consultora uruguaya, especializada en el agro como negocio, Blasona & Tardáguila. Afirman que el Cono Sur la soya va rediseñando tanto al sector primario como a la economía y la política regional. Es el tipo de información que debe ser tenida en cuenta. Esta empresa lidera el sector en la Banda Oriental y jamás haría alarmismo contra una cultura de cultivo que les rinde muchos dividendos.

Los costos sociales y los problemas a largo plazo ya se hacen notar. La soya lidera la balanza comercial de Brasil y Uruguay además de tapar el hueco del déficit público en la Argentina. Otros dos países sufren también directamente los efectos de la soyicultura, el Paraguay y Bolivia.

La leva de “brasilguayos” es ahora seguida por la de “uruparaguayos”. Con la valorización de las tierras de la campaña uruguaya, nuestros vecinos de más al sur siguen los pasos de los gaúchos brasileros que su mudaron para el Paraguay al final de la década de los 60. Nuevas áreas de selva y de chaco van siendo derrumbadas para el plantío de soya y el resultado social es un nuevo éxodo rural, esta vez con guaraníes expulsados de sus tierras ancestrales. Los nuevos colonizadores compran tierras todavía baratas y fumigan las áreas. El resultado tiene dos versiones: La de la victoria comercial, con el Paraguay en 2007 llegando por primera vez en la historia a la marca de 1.000 millones de dólares en exportación de soya. Y la de la derrota étnico-cultural. El pueblo originario, cuyo idioma es aprendido en las escuelas, ve sus descendientes, los guaraníes de hoy, acampados y vagando en Asunción. Es otra bomba de tiempo social funcionando en América Latina.

En Bolivia, cuya área agrocultivable también cuenta con la presencia de los productores brasileros, una de las plantaciones de mayor rendimiento en la provincia de Santa Cruz es precisamente la soya. Lo interesante del caso boliviano es que la mayoría de los que cultivan la soya en Santa Cruz son micro y pequeños productores. Aún así, la intermediación es hecha por la Cámara Agropecuaria de Oriente (CAO) y por la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (ANAPO). Una de las medidas del gobierno de Evo Morales es quebrar el monopolio de representación y conceder créditos agrícolas directamente a los pequeños productores cruceños.

Volviendo al caso brasilero, no quedan dudas que el agronegocio es la locomotora de la economía brasilera, empujando la balanza comercial y garantizando el superávit primario. La tasa bruta de exportaciones del sector primario aumentó 18,2% en 2007, con un superávit de 16,4% superior al de 2006. En valores absolutos el agro brasilero exportó U$ 58.410 millones, logrando un superávit en la balanza de U$ 49.7000 millones. Entre los veinte productos más rentables de la agricultura brasilera, la soya es el líder, con una renta proyectada para el 2008 de R$ 32.400 millones, siendo cultivada en Rio Grande y la Amazonia. No está en discusión la lucratividad de la soya y otros monocultivos. El debate en Brasil y en el continente es evaluar las consecuencias estratégicas de esto.

Este artículo fue traducido por Miguel Guaglianone, jefe de redacción, que junto con Diego Olivera, director, conducen al trabajo del equipo de Barómetro Internacional. Modestamente, este analista sí se orgullo de tomar parte y pertenecer a este campo.






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